¿La transición es la salida?

El 8 de diciembre se cumplieron dos años de la última cadena de Chávez en la que pidió a sus seguidores que apoyaran a Nicolás Maduro en caso, de cómo en efecto ocurrió, no pudiera continuar al frente de la presidencia. Son dos años de complicaciones, tensiones y vacilaciones que tienen al país al borde del abismo, del desastre. Nicolás Maduro más que hijo de Chávez es prisionero del utópico proyecto de transición del capitalismo al socialismo que dejó Chávez. El socialismo estatista del siglo XXI apoyado en la implementación del capitalismo de estado contemplado en el “Plan de la Patria” ha arruinado la capacidad productiva, la política de controles y las leyes inconsultas aprobadas por vía de la habilitante han dejado como saldo una sociedad empobrecida, desesperada y lo que es más grave desesperanzada, son miles los jóvenes profesionales que emigran en busca de un mejor futuro, la gran mayoría toca el tema de la inseguridad como motivo principal para dejar sus hogares y a sus familias, pero el problema es más complejo.

Los partidos y organizaciones opositoras que hacen vida en el parlamento, gobernaciones y alcaldías parecen no entender la gravedad de la situación y actúan como si nada estuviese ocurriendo, más por bellaquería que por ignorancia. Las negociaciones que se están dando para la sustitución de algunos integrantes de los poderes públicos que tienen sus lapsos vencidos, que en cualquier democracia en donde exista una real separación de poderes es una discusión normal y plural, en la Venezuela de hoy es un trámite de cúpulas que agudiza más la falta de confianza en el gobierno y también en la oposición, que si bien está en la obligación de participar en la selección y escogencia de los candidatos postulados, pierde la oportunidad de abrir y profundizar el dialogo con el país que está esperando un proyecto diferente, alternativo, incluyente al del fracasado socialismo bolivariano.

Es en este contexto que toman sentido las declaraciones de José Vicente Rangel, afirmando que aquí nadie tiene la fuerza necesaria para forzar a un gobierno de transición. El olfato de José Vicente, viejo zorro de la política, le dice que en el 2015 se producirá la tormenta perfecta que llevará a este gobierno y a buena parte de la oposición al despeñadero de la historia. Tiene razón Rangel, en este momento no hay fuerza política que constitucionalmente pueda abrir las compuertas de la transición para reconciliar al país, pero la agudización de la crisis puede producir lo impensable para el chavismo radical y la derecha recalcitrante, que en vez de la transición hacia el socialismo o a un gobierno abiertamente militar, pasemos a la transición de unidad nacional sin salirnos ni un milímetro de los parámetros que marca la constitución del 99.

Para esto se requiere madurez y paciencia como la que tuvo Adolfo Suárez en la España posfranquista, y lo que es más importante desprendimiento en favor de los altos intereses de la república.

La pregunta obligada apreciado lector es: ¿la transición es la única salida democrática a la crisis?

 

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa

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