OIL REPUBLIC

10 Dib Venezuela Petroleo Pobreza

 

El balance de fin de año muestra que lo más importante para Venezuela ocurrió en diciembre: el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y lo que no es sino su consecuencia, las sanciones norteamericanas a algunos funcionarios venezolanos. Porque las sanciones no son más que un caramelo de Obama para la derecha republicana, para endulzar anticipadamente el golpe de una embajada en La Habana. En ambas cosas, lo más importante que nos ocurrió en 2014, los venezolanos no tuvimos nada, o casi nada, que ver.

 

Ya no le importamos ni a Cuba. No somos ni siquiera merecedores de la ira del imperio a no ser que sirva para un fin superior, en este caso las relaciones con la isla. Nunca habíamos sido tan prescindibles, tan poca cosa, tan poco influyentes. Luego de tanta diplomacia del espectáculo, del neocolonialismo chavista del que quedaron unas excolonias, mucho mejor gobernadas que nosotros por cierto, bastó que ocurriera la hecatombe económica responsabilidad del Gigante Eterno y exacerbada por sus sucesores, para que no le importáramos a nadie. Total, ya no tenemos dinero para financiar a nadie.

 

Hay que notar y anotar para siempre el comportamiento verdaderamente maquiavélico de la Cuba de Raúl Castro. El gobierno quedó en el ridículo más espantoso, parece que ni sabía de las negociaciones secretas con Estados Unidos. Raúl lo dejó denostar a los gringos por las sanciones contra funcionarios venezolanos, para tener que tragarse sus palabras literalmente al día siguiente para alabar a Obama. No fueron suficientes tres lustros de darles de comer para que los cubanos tuvieran con Venezuela una mínima cortesía. Ni el Foreign Office de su Majestad Británica ha llegado a esos extremos.

 

Estamos solos, absolutamente solos. Es verdad que es mejor estarlo que tan mal acompañados. Pero lo que se veía venir internacionalmente, ocurrió: somos desechables, éramos un barril de petróleo y, por lo tanto, ya no valemos nada. Venezuela se ha visto reducida desde todo punto de vista a su nadir histórico: en lo interno, destruida toda producción de valor económico y casi también de todo valor moral. Chávez logró dejar al país exclusivamente como exportador de petróleo. Oil Republic, ni siquiera Banana, porque el Sur del Lago ya no produce plátanos, se lo cogió la oligarquía del INTI. En lo internacional, excluidos de toda solidaridad que valga la pena. (Si la votación hubiera sido un mes después ni siquiera llegamos al Consejo de Seguridad).

La pregunta esencial es entonces: ¿qué pasará con la presencia cubana en Venezuela? No cabe duda que un sector muy importante del gobierno, precisamente el que encabeza Maduro, depende ideológica y no se sabe cómo más de La Habana. Y otro, el de Diosdado, hace gala de su nacionalismo (de hecho, Cabello nunca había visitado a la isla hasta que fue a ver a Chávez enfermo en el 2012). En realidad, la verdadera pregunta es sobre lo que harán los norteamericanos, que vuelven a tomar la iniciativa en América Latina y ante los cuales estamos más vulnerables que nunca.

 

Sí, irónico. Luego de tanto discurso antiimperialista, el chavismo nos ha dejado a merced de la hegemonía de Estados Unidos. No nos queda nada salvo el petróleo y éste en caída libre. Toda política racional frente a Estados Unidos, algo semejante a lo que ha venido hilvanando Brasil desde hace una década y hasta Colombia con Santos, nos es completamente inaccesible porque nos hemos aislado de éstos y de nuestros demás pares latinoamericanos. Como nuestra política internacional se basaba en la dádiva, acabada ésta, acabada la política.

 

Como ya se ha dicho en este lugar, la crisis nos agarra a la intemperie. Por ejemplo, veremos pronto, o lo que es peor, nos enteraremos tarde y mal, de las privatizaciones más entreguistas (¿ya estará vendida Citgo?). China o EEUU, o ambos, nos exigirán abrir aún más las fronteras a sus inversiones y en este yermo hasta el más débil es conquistador. Los venezolanos, mientras tanto, no pueden estar peor educados. El petróleo permitió el jueguito de los médicos que no curan a nadie o de los profesionales en marchas, mientras se asfixiaba a las universidades tradicionales: ni lavar ni prestar la batea. Total, que para rehacer al país vendrá la inmigración ecuatoriana, colombiana y peruana. ¿Volverán los venezolanos?

 

 

 

 

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