El ABC de Monseñor Roberto Lückert / Arzobispo de Coro
“Alguien tiene que hablar en nombre de este pueblo que sufre callado”

“Cuando uno oye hablar a Cabello y a su entorno, pareciera que no viven en el país”.

“Cuando uno oye hablar a Cabello y a su entorno, pareciera que no viven en el país”.

Se percibe ausencia de una vocería por parte de la oposición ante este grave momento. Este gobierno quiere que los obispos de Venezuela seamos perros mudos y no podemos, de ninguna manera. No estamos para violentar al país, sino para buscar caminos de unidad y vivir la esperanza, opina el sacerdote.

  

No le apaga jamás el celular a los medios, no le importa plantarse horas hasta que lo dejan entrar a visitar a los presos políticos, no tiene inconveniente en contestar ninguna pregunta. Conforme uno picha, él batea. Es vehemente y directo. Se las ve con el más “pintao” y todo el mundo sabe que este obispo no tiene “pepitas en la lengua”, una criollísima expresión para retratar al que no teme expresar exactamente lo que piensa y siente. Y lo hace en el inconfundible acento de las más soleadas tierras del occidente venezolano. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

─ Monseñor, un comentario sobre la Exhortación Pastoral de los obispos al final de la Asamblea de la Conferencia Episcopal que terminó el 12 de enero.

─ El documento que la CEV elaboró en esta oportunidad es una radiografía del país, la situación tan terrible que vivimos, el deterioro, y ante ello, la falta de diálogo, tanto por parte del gobierno como de la oposición. Se percibe ausencia de una vocería por parte de la oposición ante este grave momento, no me refiero a un enfrentamiento con el gobierno sino a planteamientos que aporten soluciones a los gravísimos problemas que tiene Venezuela. Nosotros, además de ser pastores tenemos que ser profetas, lo que implica denunciar lo que está pasando. Nadie, ni en el gobierno ni en la oposición nos van a decir lo que tenemos que hacer para cumplir con nuestro deber puesto, el primero que tiene que estar al tanto de lo que afecta a la gente, somos nosotros, los obispos. Para eso son las visitas pastorales.

 

─ Hay quienes los prefieren como el dicho: “calladitos se ven más bonitos”.

─ Siempre ha sido una tentación, tanto de la oposición como del gobierno, hacer que los obispos y sacerdotes tengamos olor a sacristía, a incienso, a cera, que no digamos nada y nos quedemos tranquilos. Pero también somos parte de esta comunidad y sentimos lo que pasa. Alguien tiene que hablar en nombre de este pueblo que sufre callado. Quienes deben dar la cara por las regiones, los diputados, no lo hacen. Están elegidos por el voto popular y ni se ocupan, no visitan las regiones, no se percatan de que a veces los alcaldes no tienen ni para pagar la gasolina para transportarse. Te pongo el caso de Coro, un lugar semidesértico, allí hay comunidades que pasan 15 días sin que les llegue una gota de agua, sin luz. Entonces trancan las vías, se forman grandes colas y mucha gente no sabe la razón. La razón es esa: día y días sin luz ni agua.

 ─ La otra cara de la moneda son aquellos que se preguntan por qué la Iglesia llama al diálogo y no a la confrontación.

─ Eso no podemos ni debemos hacerlo. Uno sabe cuándo comienza la violencia, un golpe, pero no cuándo ni cómo termina. La historia nos ofrece ejemplos, Chile, un país institucional, con 50 años de gobierno democráticos, serios, pero el gobierno de Allende fue tan desastroso que los chilenos apoyaron el golpe de Pinochet y se embarcaron en una dictadura que duró 18 años. ¿Que fue necesario, que tuvo cosas positivas, que mejoró económicamente al país? Todo eso puede ser, pero nadie se esperaba una tragedia como la que desencadenó el experimento socialista y luego un gobierno dictatorial tan prolongado. La Iglesia no puede propiciar golpes, andar predicando enfrentamiento. Eso no está en nuestra herencia, ni puede ser nuestra actitud pastoral. Nosotros no estamos para violentar al país sino para buscar caminos de unidad y vivir la esperanza, infundirla en nuestro pueblo, de que las cosas pueden cambiar.

 

─ A pesar de que ustedes hablan en estos términos, desde el gobierno lo que disparan es plomo parejo…

─ Lamentablemente, particularmente este gobierno quiere que los obispos de Venezuela seamos perros mudos. Y no podemos, de ninguna manera. La historia nos reclamaría lo que hoy es nuestro deber. Este gobierno hipersensible a la crítica, no responde  como debe responder ante el juicio de los obispos. Debe hacerlo de una manera positiva, asimilando lo que se le cuestiona; en lugar de eso excluyen e insultan. Ese no puede ser el papel de un dirigente nacional. No puede tirar al vilipendio y a la exclusión a un venezolano porque opine distinto. Monseñor Roa decía que a los gobernantes de este país, al elegirlos, los meten en una campana de cristal y les echan humo para que no vean lo que pasa afuera. Cuando uno oye hablar a Cabello y a su entorno, pareciera que no viven en el país, que no saben de nada, que no tienen idea de las colas kilométricas que debe hacer la gente, humillada después de 48 horas parados esperando por un pote de leche o un paquete de pañales. Claro, las mujeres de ellos no hacen colas, pero el pueblo sí y sufre mucha humillación y malos tratos.

 

─  El tema de la salud es patético…

─ Te cuento que en Coro, el único hospital de referencia que es el Van Griecken, tiene cinco quirófanos y sólo funciona uno, las operaciones selectivas no se realizan, solo las de emergencia porque no hay insumos, no hay ni Merthiolate, no hay con qué trabajar. Y obligan a los médicos a quedarse callados, que no digan nada. Baste citar el caso del presidente del Colegio de Médicos de Aragua que anunció que venía una epidemia de chikugunya, o de lo que fuera, lo mandaron a poner preso. ¡Eso no puede ser! No se trata de que estén en contra del gobierno, sino que son profesionales a favor de un pueblo que está sufriendo las calamidades. En Europa no se explican, por imposible, por inaudito, que un país inmensamente rico como Venezuela sea hoy inmensamente pobre. ¡Con el chorro de plata que corre y el pueblo está peor que nunca! Estamos en economía de guerra, por eso la gente compra, porque sabe que mañana tal vez no pueda comprar jabón en polvo, papel toilette, medicamentos. ¡Insólito!

 

“Aquí puede pasar cualquier cosa, es lo que sugiere la desesperación del pueblo”.

“Aquí puede pasar cualquier cosa, es lo que sugiere la desesperación del pueblo”.

 

Contra la Iglesia

 

─ El Cardenal Urosa ha hecho un llamado a la gente a la calma y al gobierno para que responda y genere soluciones al desabastecimiento ¿Eso es “arrogante”?

─ No lo creo. Es una necesidad vivida y sentida por nuestro pueblo de la cual se hace eco la Iglesia reclamando a quien tiene que reclamarle. Nosotros los pastores hacemos lo nuestro. Lamentablemente el gobierno no cumple su parte.

 

─ ¿Desde las alturas de un poder omnímodo, arremeter contra los pastores no es una manera de violentar la libertad religiosa?

─ No sólo la libertad religiosa, sino la libertad de expresión, de poder hablar como debe ser en un país democrático. Los voceros oficialistas dicen que Venezuela vive en democracia, pero esto es una muestra en contrario. La cartilla que nos están imponiendo es la cartilla cubana. En Cuba no hay libertad de expresión. Fidel, apenas llegó, no pasaron 48 horas y había reducido al silencio a la Iglesia cubana. Tenía un barco en el puerto en el cual subió a 800 sacerdotes y los envió al exilio. Aquí pretenden reducirnos pero se equivocaron de sitio. Venezuela no es una isla, es un país con muchas comunicaciones y no nos van a imponer lo que ellos quieren. Nosotros venimos de 40 años viviendo en democracia, con errores, fortalezas, debilidades, pero en democracia; en Cuba no la conocían porque, por generaciones, sólo habían conocido gobiernos arbitrarios y la dictadura de Batista cuando llegó Fidel a someterlos. Salieron de una dictadura para entrar en otra. En el documento lo decimos: nos quieren imponer un régimen socialista-comunista que ha fracasado en todas partes. El pobre pueblo cubano está domesticado por 50 años bajo ese yugo, adaptado a vivir penurias. No les dio chance de conocer la plena democracia.

 

─ ¿Cómo se calla un obispo ante  el avance de una cultura de la muerte que se ha llevado la vida de 5 policías en 48 horas, sólo en Caracas? ¿Cómo queda el ciudadano común?

─ Vive muy asustado. Ante ello, el gobierno no soluciona sino que se limita a agredir aún más, a meter miedo. El sistema de este gobierno es acorralar a la gente, atemorizarla, amedrentarla al estilo cubano.

 

─ Hay sectores que critican al Papa porque habla de los pobres. Él les ha dicho: “Hablar de los pobres  no es comunismo, es Evangelio”. ¿Hablar en nombre del pueblo que sufre, no es también Evangelio?

─ ¡También! Es nuestra responsabilidad. Te repito, perros mudos no podemos ni vamos a ser.

 

Crisis nacional

 

─  Usted conduce una diócesis del interior del país. Hay gente que asegura que fuera de Caracas la realidad es diferente. ¿Se vive mejor o el padecimiento es el mismo?

─  El mismo. Ustedes tienen facilidades, medios de comunicación que a nosotros nos faltan. En Coro la situación es grave de toda gravedad. ¡Con decirte que para registrar un documento tienes que hacer cola desde las 3 de la mañana pues solo hay una notaría para todo el Estado! Yo te diría que la crisis en el interior es peor que en Caracas, lo que pasa es que la de Caracas se nota más porque ustedes tienen medios que le dan visibilidad. El gobierno, además, se cuida de que Caracas tenga más recursos para proveer al pueblo que el interior. El Mercal en Coro funciona una vez al mes, acá creo que es una vez por semana. En un pueblo como Pedregal, por ejemplo, no hay Atamel que es muy demandado porque es el analgésico más elemental. No llega. A veces hay ambulancias que están en perfecto estado pero le faltan los cuatro cauchos. Nadie tiene como reponerlos, ni siquiera la gobernadora. ¿Cómo sacas a una mujer que esté de parto? ¿Cómo auxilias a una persona que la pique una culebra? ¿Si hay invierno como pasas, en una hamaca, como antiguamente se hacía? Hay que pensar en todo eso. Son situaciones que en el interior son muy comunes.

 

Se ha hablado hasta de “bancarrota espiritual”, ¿cuáles son los riesgos en momentos en que la indignación parece estar incubando mucho riesgo?

─ Creo que aquí puede pasar cualquier cosa, es lo que sugiere la desesperación en que vemos al pueblo, a la gente. Una madre de familia con tres hijos y no consigue leche es una bomba de tiempo. Aquí el robo se ha hecho parte del “resuelve” de los cubanos. Un país como Venezuela, en el cual convivimos en el pasado de una manera tan pacífica que un crimen era una noticia nacional y ahora te matan, te descuartizan por un par de zapatos, por un celular, ¡no puede ser! Hemos perdido el más elemental respeto por los derechos ciudadanos, por la dignidad de la vida humana.

 

─ ¿Qué suerte se imagina usted que correría si se dirigiera a los gobernantes de este país de la misma manera en que sus voceros  lo han hecho con usted?

─ ¡Preso! Si lo que Diosdado ha dicho de mi lo digo yo de él, ya estaría la fiscal buscándome para ponerme preso. Me acusarían de vilipendio, de incitación al odio, te buscan cualquier cosa para descalificarte. Ellos no, ellos están instalados en el poder y pueden hacer lo que les da la gana con ese micrófono,  decir las cosas más horribles como las que dijeron de Monseñor Padrón, sin pruebas, sin base ninguna. Hay que ver la caradura de Cabello, afirmar que yo estaba en Roma y que luego llegué a Isnotú a dar un discurso de orden. Nada de eso, yo estaba en Cabure, ¡donde ni señales de humo hay! O sea, que se pueden decir las barbaridades más grandes, mentiras, descalificarlo a uno sin consecuencias. Si eso que él dijo de mí lo digo yo de él, ya estuviera preso.

 

¿Esas agresiones, qué efecto producen en ustedes, escuchar que se veje al Presidente de la Conferencia Episcopal, por ejemplo?

─ Uno se siente muy mal, obviamente. Por mi parte, estaría dispuesto a responder en el mismo estilo, claro, con cierta elegancia porque no voy a descender a la chabacanería de esos señores. Pero hay que responder. Nosotros no somos ningunos zoquetes para que ellos nos estén excluyendo. Pero sobre todo yo no temo que el gobierno me persiga como lo hace. Sé que mis teléfonos están “puyaos” y que inventan no sé cuántas cosas más. El otro día pusieron a uno a seguirme  en un carro y fracasaron porque yo no me escondo, ando de cara a la gente, haciendo mi trabajo diario que todo el mundo conoce. Sé muy bien que alguien podría atacarme en la calle porque se da el caso de que un dirigente connotado como es el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello,  agrede y descalifica a un ciudadano común, arzobispo u obispo de Venezuela, convirtiéndolo en objetivo de la violencia.

 

─ ¿Cuál ha sido el espíritu que ha gravitado sobre esta reunión de obispos?

─ Desde que comenzó ─este documento lo elaboramos todos los obispos en conjunto─ nuestra gran preocupación ha sido la certeza de que estamos ante las puertas de una gravísima crisis institucional en el país y que tenemos que dar la cara y ofrecer orientaciones. Es lo que estamos haciendo.

 

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