El jonrón, arma letal de los Caribes

Caribes

 

RAFAEL ROJAS CREMONESI

El “paraíso del beisbol” es un paraíso de bateadores. Esa es la tradicional concepción que se tiene sobre el Estadio Alfonso Chico Carrasquel, el hogar desde hace más de dos décadas de Caribes de Anzoátegui.

Una premisa que es difícil de refutar. La tribu suma 52 cuadrangulares entre octubre y enero, 41 de ellos en la ronda eliminatoria y 11 en la semifinal en sus partidos como local.

El reducto de Puerto La Cruz es, de lejos, el equivalente a Cabo Cañaveral en la LVBP: 101 cohetes han salido del parque, 75 en el calendario regular y 16 en el Round Robin, la mayor cantidad en todo el circuito. En la 2013-2014 los ahora dirigidos por Omar López conectaron 49 vuelacercas, 31 en casa (63,3%) para avanzar cómodos a la postemporada.

En el último lustro, solo en la ronda eliminatoria la tribu ha despachado 274 vuelacercas y el 68,61% de esas conexiones (188) volaron las bardas de su parque. Durante ese lapso, ningún otro club se acerca a ese porcentaje en su parque.

Los Caribes cuentan con la reputación, merecida, de tener una artillería letal. Oswaldo Arcia, José Castillo, Oscar Salazar son nombres que inspiran respeto y pueden voltear cualquier resultado.

Sin embargo, no solamente ellos han mostrado capacidad para despachar sus batazos más allá de Chuparín, la populosa barriada vecina al “Chico”.

Orlando Arcia, que llegó a Puerto La Cruz junto con su hermano Oswaldo, proveniente de un cambio con los Tigres de Aragua, se convirtió en toda una revelación, con siete bambinazos en la ronda regular. Ehire Adrianza dio tres jonrones en 27 juegos y ya despachó su primero de por vida en semifinales. Balbino Fuenmayor es líder del Round Robin con cinco y empieza a cimentar condición de estrella.

Sin embargo, el equipo no fue ensamblado para tener una alineación de sluggers. Cuando el manager Omar López y el gerente eportivo Pedro Mena empezaron a concebir la filosofía del club, esa no era la idea, por más asombroso que parezca.

“El manager quería más pitcheo y defensa”, recordó Mena. “La ofensiva era la tercera prioridad equipo. Pitcheo, defensa y bateo, en ese orden. Por eso trajimos a solo dos bateadores importados para iniciar la campaña: Cory Aldridge y Brandon Allen.

Al final, la oficina anzoatiguense decidió apostar por sus jugadores nativos, esperando poner la bola en juego y conseguir carreras. Pero la explosión no tardó en llegar.

“Tenemos un right field grandeliga como Oswaldo, un center field grandeliga en Gorkys Hernández y hombres de experiencia como el Cachi y Castillo. Contamos con infielders netamente defensivos, porque si te pones a ver, no son grandes bateadores; pero salió Orlando Arcia con jonrones, se destapó Balbino, Niuman Romero ha dado dos jonrones. Incorporamos a Adrianza y da cuadrangulares”, prosiguió el ejecutivo.

Los indígenas juegan mejor en casa, como la mayoría de los equipos. Pero el Chico Carrasquel les ofrece bondades que no encuentran en otro lugares. El parque está a nivel del mar y el jardín izquierdo apenas mide 325 pies (algunos registros aseguran que son 330 pies), el más corto entre los siete parques de la LVBP.

“La principal causa sin duda son las dimensiones del estadio y los bateadores recios le sacan provecho a la situación, no hay que ser un jonronero natural para sacar la pelota en Puerto La Cruz, si le das bien hay posibilidades que salga”, le dijo Freddy González, que trabaja como scout de avanzada y miembro del cuerpo técnico de los orientales, al diario el Tiempo.    

Fuenmayor fue reconocido por Baseball America como el mejor jugador de ligas independientes de Estados Unidos, pero su producción hasta ahora supera todos los cálculos de la oficina.

“Yo no puedo decir que esperábamos que Balbino conectara 10 jonrones, Orlando siete. Pero salieron las cosas mucho mejor de lo que esperábamos. Aunque también nos preparamos muy bien en el pitcheo y tuvimos muy buenos resultados. Hicimos un buen esquema. Estoy agradecido de la organización y el trabajo de los peloteros, tanto criollos como importados”, puntualizó Mena.

José Álvarez, flamante Pitcher del Año, ha encontrado la fórmula para tener éxito en el parque donde Caribes juega la mitad de sus encuentros, pese a que no encuentra un argumento sólido para su efectividad en ese reducto.

En nueve desafíos, dos como abridor, Álvarez dejó marca de 2-0 y 1.44 de efectividad, mientras que no permitió cuadrangulares en 25 capítulos en la ronda regular.

“Bueno es mi casa. Allí es donde más me gusta lanzar, a pesar de ser un parque pequeño, en el que cualquier elevado se puede ir de jonrón. Me siento mil veces más cómodo allí que en el resto de los estadios”, enfatizó el lanzador, que en el último lustro apenas ha encajado dos vuelacercas en 74.2 innings, con un promedio de 2.65 carreras limpias en Puerto La Cruz. “Mi familia puede ir a verme y se gozan el juego. Eso me da mucha más adrenalina para hacerlo mejor”.

Mena explica que el talento de sus peloteros resalta, independientemente de las cortas dimensiones y la cercanía del mar.

A pesar de esa percepción. Este año, la efectividad de Anzoátegui en casa fue de 4.18 y en la carretera bajó 3.35, casi una carrera menos (0.83). En tanto que los rivales le conectaron 34 bambinazos en su feudo y 16 en otros parques. Una diferencia notable.

Los portocruzanos hasta ahora suman 16 cuadrangulares en la semifinal y proyectan terminar con 21, a cinco de la marca del equipo (26), establecida en la campaña 2003-2004, cuando la franquicia disputó la primera serie final en su historia. Ahora están cerca de acceder a su segunda final seguida y a la tercera en los últimos cinco años.

“Lo primero que influye en la cantidad de jonrones es el tamaño del estadio porque este es de los más pequeños del país, luego está la falta de viento en contra. Aquí (Puerto La Cruz) nunca hay viento a favor del lanzador y eso sin duda ayuda”, opinó Lino Connell, coach de bateo de Tiburones de La Guaira y ex jugador de Caribes, al Tiempo.

“Mucha gente dirá que este estadio es corto. Pero, fíjate, aquí vienen sluggers a intentar sacar la pelota fuera del parque y no ocurre. Alex Cabrera duró tres días la campaña pasada y no pudo romper el récord de Baudilio Díaz aquí”, insistió Mena. “Nosotros jugamos donde tenemos que jugar. Si nuestros lanzadores tuvieran como casa el estadio de las Águilas del Zulia, serían los mejores del campeonato, por mucho. Los mejores relevistas de la LVBP forman parte de las filas de Caribes. No hay duda que este es un equipo bien confeccionado. Si del cielo te caen limones, hay que aprender a hacer limonada. Este es nuestro estadio y tenemos que aprender a batear y, especialmente, a pitchear en él”.

Los jugadores de Anzoátegui se han adaptado y han sabido sacarle provecho a su parque. Y quieren otro gallardete.

 

 
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