LA ORACIÓN DEL TABACO

Conjuro del tabaco oracion

 

Los charlatanes suelen ser inofensivos cuando se limitan a predecir vaguedades como que “en 2015 fallecerá un político de avanzada edad” como si éstos fueran escasos y los sistemas de salud en todo el mundo como los de los países nórdicos.

 

Hay quien paga para que le pergeñen un horóscopo según el cual a todos los que nacieron en octubre los despaturrará una aplanadora mañana; y si ese aplanamiento masivo no ocurre, será porque, a diferencia de los políticos de avanzada edad, las aplanadoras no abundan circulando por ahí, y mucho menos en este país donde no se construyen carreteras ni se mantienen las existentes. Y hay quien cree ciegamente en lo que estos señores escriben y dicen. Ingenuamente dejan de iniciar alguna actividad si el horóscopo no les es propicio, y lo primero que le preguntan a uno cuando lo conocen, es de qué signo es; una vez me preguntó alguien de qué signo era. De signo positivo, le respondí. Y no entendió nada.

 

A veces no son tan inofensivos. Pueden causar mucho daño, como sucedió con uno de esos timadores, quien afirmó que un vuelo de TAM, que despegaría del aeropuerto de Sao Paulo con destino a Brasilia, se estrellaría contra un edificio apenas iniciada la ruta. La consecuencia fue que el aparato despegó casi vacío, aunque la línea, en un intento de contrarrestar la superstición, cambió el número del vuelo. El avión llegó a destino sin contratiempo, pero la superchería causó pérdidas a la aerolínea, y motivó a muchos pasajeros supersticiosos a no abordar, trastornando sus planes. Todo debido al irresponsable charlatán.

 

Muchos políticos, supuestamente serios, creen fervientemente en las tales profecías. Se habla de alguno, ya fallecido, que creía ciegamente en tales supercherías, y hasta se dijo que una vez, en la intimidad de palacio, se bañó con sangre de un animal para aumentar sus poderes sobre los venezolanos. Mala cosa es cuando el destino de un país depende de un chorro de sangre de tigre bañando la espalda de un supersticioso presidente.

 

No seríamos capaces de calcular cuánto, de lo mucho que hemos perdido en nuestro país, se ha debido a la creencia de nuestros dirigentes de mentalidad primitiva en supercherías de brujos, gurús, “babalawos” y “paleros”.

 

Jamás sabremos qué hubiera sido de nosotros de no haber caído bajo el dominio de un hombre que profanó los restos de El Libertador, pensando tal vez que tocar sus huesos le podría transmitir algo de su genio.

 

El país no puede seguir en manos de gente que cree en tales supercherías, y que toma decisiones, importantes para la nación, consultando pitonisas, brujos y chamanes. El país no puede seguir a la deriva, pendiendo su destino del capricho de un charlatán que aconseja a un dirigente supersticioso y crédulo en pajaritos preñados. Quien, a su vez, convierte nuestro máximo instituto científico en un infame laboratorio de lavado cerebral.

 

Pero saldremos de tales gobernantes cuando en masa votemos, todos unidos, por diputados democráticos que no crean en supercherías ni en pajaritos que hablan. Será el comienzo de un viaje hacia la libertad y la sensatez, con políticas basadas en razones técnicas y no en oraciones del tabaco.

 

 

 
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