La arepa de petróleo

ArepaDesde que descubrimos que bajo nuestros pies había petróleo, decidimos que no había que hacer otra cosa que dejar que unos extranjeros lo sacaran y se lo llevaran para otra parte, a cambio de más o menos dólares. Solo unos cuantos obstinados siguieron con la manía de sembrar, cultivar y cosechar para que todos tuviéramos qué comer, convencidos ellos de que la ingesta de petróleo, lejos de beneficiosa, era perjudicial. Lo mismo ocurrió con los ganaderos: se empeñaron en seguir criando animales para alimentarnos con su carne “y sus derivados”. Necios. Era más fácil, con los dólares que nos daban por el petróleo, comprar comida, bebida, ropas, y todo cuanto nos hiciera falta. Hasta los más inauditos lujos, como importar agua de Escocia para diluir el cotidiano whisky.

Se dice que fue necesario que en la noche de un 22 de enero le dijera el general Llovera Páez al presidente Pérez Jiménez “vámonos, Marco, que los pescuezos no retoñan” para que antes del amanecer del día siguiente partiera el avión presidencial con el dictador y su familia rumbo al exilio. Llegaría un nuevo período de 40 años de democracia que, si bien agitada por la lucha guerrillera y terrorista incitada por el castrismo, traería al gobierno del país la nueva visión de unos gobernantes con talante democrático que, bien rodeados de gente capacitada, construyeron una Venezuela pujante e industriosa, que incrementó su agricultura y su ganadería, sustituyó las importaciones por empresas manufactureras y ensambladoras, impulsó la industria de los alimentos, de los textiles y del calzado y de muchos otros rubros, que aumentaron hasta niveles nunca antes vistos el número de puestos de trabajo en esas industrias y en la construcción de viviendas, edificaciones educacionales, hospitalarias y hasta turísticas. Como ejemplo, recordemos que, cuando la caída de Pérez Jiménez, hacen hoy 57 años, había en Venezuela 7 instituciones universitarias, mientras que cuando la llegada del siguiente dictador hacen 15 años, había más de 100. ¿Cuántas más existen hoy?

Porque luego de 40 años de fructífera democracia llegó al poder quien diría que “robar no es malo” y comenzaría un festín de expropiaciones y “nacionalizaciones” de empresas productivas, revirtiendo la política de sustitución de importaciones por la de “economía de puertos”, priorizando la importación de alimentos y demás bienes, vista la necesidad de ello por la destrucción fría y calculada del aparato productor del país. Nos volvimos un país “óleo dependiente” hasta que los precios de la negra y viscosa materia bajaron tanto que ya ni pagar las deudas podemos.

Ahora será Dios quien proveerá, haciendo que, como el maná, el petróleo se convierta, por obra y gracia Suya, en alimento polivalente que nos nutra balanceada y adecuadamente.

Luego de la “reina pepiada” hace ya 60 años, se pondrá de moda la arepa de petróleo. Con queso rallado (si se consigue) para hacerla más tragable.

Será nuestro único alimento, por provisión divina. Aunque no sabemos de dónde sacará Dios la harina de maíz con que hacer las arepas para ponerle el petróleo y el queso rallado.

 

 

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