ROJO Y NEGRO

cabello Maduro
“Stendhal” es el seudónimo afortunado de uno de los creadores de la novela moderna. Bien sé que el título que le he colgado a esta columna de hoy evoca la principal de sus obras maestras. Y bien lo sé porque entre los lectores asiduos pocos habrá que no la hayan leído, o contemplado en el estupendo film protagonizado por Gerard Phillip, aquel tremendo actor francés finales de los años 50. Lo conocí (¡qué digo “conocí”, lo vi!) en la casa de Inocente Palacios y Josefina Juliac quienes, amantes que eran de la cultura y el arte, lo habían invitado a Venezuela. Phillip parecía circundado por una luminosa aureola. Sobre el país pesaba el recuerdo de la última de las habituales botas militares.

El “rojo y negro” que me ocupa ahora tiene un origen menos ilustre, más pedestre, pero en compensación mucho más trágico que la historia de pasiones, envidias, traiciones y amores desgraciados relatada por Stendhal. Trágica, nuestra vida cotidiana porque no solo afecta destinos individuales sino a todo un maltratado país, el nuestro, el sometido a la continua farsa de una revolución fantoche.

Las noticias se acumulan con sus inquietantes anuncios en este 2015 que mana sangre y sudores por todo el cuerpo. La última de ellas retrata el drama de Venezuela. El señor Salazar, jefe de seguridad del presidente de la casa de las leyes diputado Cabello, ha huido entre gallos y medianoche a EEUU para ponerse a la orden de la Fiscalía norteamericana. Anuncian que se propone destapar una muy fétida olla de corrupción; y aunque ese tipo de noticia no debería sorprendernos ya, sin embargo lo hace: el prófugo es o era uno de los servidores más íntimos de Chávez y Diosdado y el asunto tiene que ver con narcotráfico de alto nivel. La investigación, por lo visto, ha comenzado e inmediatamente se advierte que se trata de uno de esos hilos torcidos capaces de destruir madejas.

Libro rojo y negro 2dQue esa noticia coincida con la infeliz acusación irrogada por el presidente Maduro a tres expresidentes latinoamericanos que nos honran con su solidaria visita, evidencia de nuevo la estatura del gobierno. Afirma rotundamente Maduro que vinieron “pagados” por los carteles de la droga. ¿Será que no tienen con qué costearse el pasaje? ¿Será que el PSUV y sus aliados seguirán aceptando sin más que se divulgue una torpe calumnia y en cambio se oculten las denuncias de gente tan cercana a la cumbre del poder como el señor Salazar?

Venezuela está destinada a desaparecer como gran exportador de hidrocarburos. Los precios podrán recuperarse, como no, pero nunca volverán a los niveles de antes. Cayeron por debajo del límite de USD 40 por barril y podrían elevarse a unos 50 tal vez. Pero ¡olvídense de $100 ni nada que se le acerque! ¡Olvídense de los seis millones prometidos en el plan de negocios de PDVSA! El mercado cambió estructuralmente. El gran consumidor, EEUU, marcha hacia el autoabastecimiento, aunque todavía no exporte un solo barril. El auge de las energías alternas, como cualquier hallazgo de la ciencia, podría quizá ralentizarse pero no dejará de avanzar. El futuro no es petrolero para Venezuela y la ceguera del gobierno nos condena: este socialismo de pacotilla hizo como nunca de nosotros una economía de puertos, dependiente de los ingresos fiscales y de divisas que proporciona un solo producto, uno solo, probablemente aproximándose a su último destino. ¡Hasta el astuto Evo se dispone a desarrollar petróleo y gas de esquisto, mientras sus lerdos aliados de aquí lanzan apocalípticos insultos contra las lutitas

El acercamiento de Raúl a EEUU aísla más al sedicente gobierno revolucionario e incide profundamente en el sistema de lealtades financiado por el chavo-madurismo, con fuerza suficiente para deshilvanar la madeja del estólido socialismo. Supongo que el poder venezolano observará los avances gringos en las islas del Caribe, que aquel creyó haber atraído con el anzuelo de petróleo barato. La fantasía, el alarde, la jactancia de estos incautos reventó tímpanos pregonando la victoria socialista en Latinoamérica y el Caribe. ¡Qué socialismo ni qué ocho cuartos! Soborno social en el mejor de los casos, apuntalado por la plétora fiscal que pronto se evaporaría, como tanto lo advirtieron especialistas de la disidencia democrática.

No habiendo manera de mantener la adicción al menguante dólar petrolero de Venezuela, los países caribeños en nombre de sus pueblos -cosa perfectamente comprensible y humana- han aceptado reunirse en Washington para conversar con los gringos acerca de su destino energético. ¡El mapa geopolítico dando un nuevo viraje pendular hacia la seguridad energética sin gargarismos ideológicos!

Maduro ha llevado a la ruina la ilusoria gran alianza forjada por Chávez a punta de oro negro, ahora que se descubrió la endeblez de los planes organizados sobre un producto de cotización fluctuante y por lo tanto insegura. El monstruoso diseño terminó en lo que ahora presenciamos con angustia y desprecio.

¿Adónde va este barco? A un cambio democrático porque de ningún otro linaje podría sostenerse. Pero habría que someterse a ciertas condiciones. Primera, la vía y los métodos han de ser democráticos y pacíficos. Segunda, eso serla factible con la unidad más amplia y sincera de la disidencia. Tercera, “tocar el piano con los diez dedos” No atarse a posibilidades únicas porque las buenas políticas son versátiles. Manifestar y votar, ha dicho Chuo Torrealba.

¿Y si el hombre renuncia? Facilitará el cambio pacífico. ¿Y si no?, seguirá avanzando la victoria electoral democrática, sin perjuicio de la diaria defensa de los DDHH.

¡Negro horizonte el de la minoría fanática del Rojo!

 

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