LA MUJER DEL CÉSAR

Foto Primera

 

La pregunta de las cien mil lochas no puede ser otra que ésta: ¿cómo es posible que quienes manejaron a su aire y sin control alguno los ingresos fiscales y de divisas más altos de nuestra agridulce historia, hayan hundido al país en el degredo? ¿Díganme ustedes, queridos y ociosos lectores, cómo imaginar que la aburrida parla ideológica pueda convencer de nada a un pueblo cuya gobierno toca el infierno del fracaso?

La dialéctica de Maduro y Diosdado no entusiasma ni al más inocente. Su credibilidad está en cero incluso y quizá sobre todo en su propia familia partidista. La tonta lata de la guerra económica, magnicidios y desembarcos yanquis de a tres por centavo, acentúan las grietas del Poder. Concierto de voces críticas, colapso económico, seguridad, salud, educación, comunicaciones nacionales e internacionales e infartada industria petrolera hablan, delatan, claman a la urgencia del cambio en el marco y por el cauce de la democracia.

Las encuestas lo dicen, las protestas lo subrayan, el deterioro oficialista lo jura. Nada de lo que se ufanaron se sostiene. El ingreso per cápita más alto de Latinoamérica durante 70 años hoy se reduce a ¡un dólar diario! Las sociedades más empobrecidas se reconocen por la medida de un dólar. Las que no superan tal límite ocupan los niveles más bajos en el ranking planetario del crecimiento sano. Por supuesto, se trata de un promedio, porque la élite de poder, la flamante plutocracia socialista flota en dinero cuyo origen no puede explicar, pero nosotros sí.

Diríase que nadie quiere a esta gente y que en el gobierno corre como azogue encendido la convicción de la fatal ineptitud del mando. Maduro no puede hacer nada, carece de clientela para los alardes, pero no lo remueven por miedo a deslegitimar la revolución más de lo que ya está con resultados desastrosos para los lactantes de la ubre del Estado. ¿Qué hacer entonces, a quién recurrir para que este vacío de vértigo sea cubierto pacífica y constitucionalmente, sin sangre vertida, vengadores enardecidos, o ley del Talión?

Si algún árbol resistiera enhiesto este implacable chaparrón, se convertiría en la palanca capaz de levantar el ánimo y reconciliar a Venezuela con el crecimiento sin inflación, la esperanza de prosperidad y los abrazos que sustituyen los insultos. La disidencia podría ser ese árbol erguido en la tormenta, porque según sondeos y realidades tangibles es la única en capacidad de asumir el timón del gobierno, siempre que sepa unirse sin cartas escondidas.

Se han dado importantes pasos unitarios como se vio el lunes en el Congreso Ciudadano. Estuvieron congregados allí, todos, absolutamente todos los partidos y buena parte de la sociedad civil de cara a tres expresidentes latinoamericanos, Andrés Pastrana de Colombia, Sebastián Piñera de Chile (a quienes se impidió acceso a Ramo Verde) y el exmandatario mejicano, Felipe Calderón.

Habrá unidad, pero si quieren ser refugio de la nación, punto de salvación y reencuentro, deben convencer a los incrédulos que de eso se trata, no de retórica ilusa, ni arte de birlibirloque.

Como la mujer del César, deben ser honrados y parecerlo también.

 

 

 

 
Jorge SemprúnNo photo

Artículos relacionados

Top