LA PIEDRA DE SÍSIFO

Maduro diosdado 2

 

Diosdado no se cansa de agredir a la disidencia democrática endilgándole la totalidad de las calumnias e injurias que caben en el idioma. Lo sorprendente es que la infamada oposición no hace sino cumplir con sus obligaciones, apoyándose en hechos y cifras muy severas. Está perfectamente claro que la dirigencia disidente no insulta ni se aparta del cauce constitucional. Un gobierno tan apaleado como el de Maduro debería aprovechar para promover el diálogo de veras y para cambiar radicalmente el infecto lenguaje que mancha los labios de los y las). Pero no lo hace, más abajo explicaré por qué.

La escogencia de la dirección del PSUV sorprendió y no sorprendió a todos. El gobierno había prometido apelar a la base en una sana consulta que habría renovado el anquilosado liderazgo del oficialismo. Pero la pugna interna se ha profundizado más de lo esperado y a última hora los capitostes del régimen, huyéndole a la implosión, se alinearon detrás del dedo de Maduro.

Los dos más prominentes grupos enfrentados, el del presidente Maduro y el del diputado Cabello, prefirieron pactar para distribuirse los cargos de la dirección política, angustiados por la emergencia de los movimientos de base que ya no aceptan manipulaciones digitales de los iluminados del poder. Salta a la vista que los grupos de los dos poderosos del partido no pueden con las agrupaciones que se multiplican en los cimientos del partido, de otro modo con unir fuerzas les hubiera bastado para salirse con la suya sin necesidad de apelar al dedazo infame.

¿Cómo se repartieron los cargos? Diosdado debió conceder la mayoría al presidente, y éste debió aceptar una significativa presencia del otro. Los “chavistas” puros, los de Adán, las hijas del comandante eterno y Arreaza fueron barridos de la cúpula, junto con gente de amplio palmarés como Soto Rojas, Alí Rodríguez, Aristóbulo ¡y nada que brindarle una oportunidad a Julio Escalona o Rómulo Henríquez!

Pero como tengo dicho, esta distribución de cartas de póker fue una operación dirigida contra la base y contra quienes piden cambios en la gestión antes de que sea tarde. Nicmer Evans, por ejemplo, ha dicho que Maduro ha puesto a Venezuela al borde del caos, aparte de atentar de nuevo contra la democracia del partido. La lucha entre los presidentes de los poderes ejecutivo y legislativo sigue tomando cuerpo. Puesto que Maduro está en el mando y debe soportar muchas presiones que lo llaman a entenderse con la burguesía y eventualmente con la oposición, Cabello aprovecha para abanderar el extremismo y el militarismo. Le resultará cómodo darse al escarnio y la amenaza, porque por fuerza Maduro debe o debería gobernar con más prudencia y por lo visto el otro quiere capitalizar el nicho de la revolución polvorienta.

El problema es que el presidente está en las nebulosas. En lugar de tratar de repetir a su venerado comandante supremo pudo dar un gran viraje que de alguna manera hubiese podido beneficiarlo. Debió intentar marcar su presidencia con el sello de su propia personalidad, lo cual quizá le hubiese asegurado un mejor lugar en la historia.

Tuvo a la mano tres ejemplos de sucesiones exitosas en el siglo XX, de haber procedido de esa manera. Tres mandatarios que, como él, decían amar al caudillo eterno, pero Maduro no tuvo la habilidad o la perspicacia de seguir a ninguno, y sin embargo, señores, estos afortunados dirigentes propiciaron cambios que dieron entrada a la democracia y la prosperidad. Los menciono: el general venezolano Eleazar López Contreras, y los civiles Joaquín Balaguer y Adolfo Suárez. Los tres hicieron lo que no logró la larga lucha por la democracia: acabar con el recuerdo de los tiranos Juan Vicente Gómez, Rafael Leónidas Trujillo y Francisco Franco Bahamonde, el caudillo de España por la Gracia de Dios. No se les oyó denigrar de sus benefactores, pero hicieron algo mejor: los arrojaron al Museo de Antigüedades, sin que ni a los más añorantes se les ocurriera volver al pasado.

Maduro es un juguete del destino. Podría dejar solo a Diosdado en su baraúnda de varapalos, pero teme que aquel le quite el control de los más extremistas, cuyo poder exagera. Mientras tanto las consultoras de opinión lo están maltratando. Su lenguaje incendiario no congenia con el estado de ánimo del país. Lejos de proporcionarle votos, la descalificación grotesca de quienes no piensan como él, se los quita. Es un verdadero misterio cómo es que este hombre no se da cuenta de la decadencia del “modelo” que pregona hasta el absurdo.

En algún momento, sobre todo por obra del ministro Rafael Ramírez, se insinuó una trémula luz en el túnel, no obstante todo quedó en nada, comenzando por Ramírez, cuya ubicación en la Nomenklatura revolucionaria es ahora muy incierta.

En la vida no hay imposibles. Tal vez fuerzas oficialistas endógenas puedan reaccionar para tratar de impedir el colapso, aunque a estas alturas la tarea parezca harto difícil. Lo que en otro orden de ideas crece con ímpetu y esperanza es el sentimiento de cambio democrático. Sin violencia por supuesto, sin venganzas, con la mira colocada en la confluencia y el reencuentro, en el marco de la Constitución.

Porque no creo posible ni deseable la implantación de un chavismo al revés. ¡Hombre! Eso sería como llevar penosamente la Piedra de Sísifo a la cumbre, de donde inmediatamente rodará una y mil veces a la falda, en un eterno recomenzar.

 

 

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