Lo que los ronquidos esconden

ronquidos

 

Gonzalo López Sánchez

 

En ocasiones pueden estar agravados por algunos hábitos y ligados a las apneas y a un trastorno del sueño de graves consecuencias

Los hombres suelen roncar más que las mujeres pero ellas alcanzan los mismos niveles a partir de la menopausia

Allá por el año 1836 Charles Dickens comenzó a publicar por entregas la que luego sería su primera novela: «Los papeles póstumos del club Pickwick». El libro cuenta la historia de un extraño club de filántropos que recorre la Inglaterra de entonces y se enfrenta a cientos de anécdotas. Entre la colección de personajes extravagantes, posadas y banquetes que allí aparecen, está Joe, un joven y regordete sirviente que intrigó a los médicos y llegó a formar parte de los tratados de medicina.

Y es que aquel chico «de cara sonrojada que dormita y ronca mientras espera en la mesa; se duerme fácilmente y entonces deja de respirar», tal como escribió Dickens, probablemente padecía una enfermedad conocida como apnea hipoapnea, una dolencia que combina la presencia de ronquidos muy intensos, interrupciones de la respiración durante 10 o más segundos (apneas) y somnolencia y cansancio durante el día. Es decir, que aparte de resultar molestos, los ronquidos pueden esconder un problema más grave.

«Los ronquidos se producen por la relajación de la musculatura de la orofaringe (cuello)». Explica Eduard Estivill, neurofisiólogo y especialista en sueño. Según dice, cuando esa abertura se estrecha a causa de la distensión de los músculos, el aire pasa con más velocidad y hace vibrar las paredes de la garganta, produciendo el familiar y molesto sonido. Si este estrechamiento va a más, se puede interrumpir incluso el paso del aire y la respiración.

Por suerte, no todas las personas que roncan sufren apneas del sueño, pero los ronquidos siempre están presentes en aquellos que sí las padecen. En esos casos, estas interrupciones de la respiración activan una señal nerviosa que altera el sueño y nos pone en alerta para tomar aire. Si esto ocurre varias veces a lo largo de la noche, el descanso deja de ser profundo y reparador y aparecen consecuencias indeseables.

 

Pérdida de memoria y de líbido

 

 

«Muchas de estas personas tienen problemas sociales debidos a esta enfermedad. En su trabajo rinden poco, pierden memoria, les es mas difícil concentrarse, padecen sueño en las reuniones o se duermen conduciendo. En sus casas, se duermen en el sofá antes de comer o cenar, tienen una escasa atención por lo que les rodea y hay un evidente descenso del interés sexual», escribe Estivill.

De hecho, esta dolencia puede estar relacionada con la aparición de cefaleas matutinas, alteraciones neuropsicológicas como descenso de la concentración, memoria y líbido, con la hipertensión diastólica (aumento de la presión mínima), con alteraciones del ritmo cardíaco y con la sobrecarga del corazón.

 

No hay remedios milagrosos

 

Aunque hay un cierto componente hereditario en la probabilidad de padecer apneas y ronquidos, como tener un cuello corto y ancho, hay hábitos que pueden influir sobre ellos: «Son factores agravantes de la enfermedad todas las sustancias que podamos consumir y tengan un cierto poder relajante. El alcohol es una de ellas, ya que produce un cierto grado de relajación muscular. Por esto, los roncadores habituales roncan mas fuerte después de una comida copiosa donde han ingerido alcohol», tal como explica Estivill. Por otro lado, los ansiolíticos y los hipnóticos, el consumo de tabaco, dormir en decúbito supino (boca arriba) y la obesidad, cuando supone la acumulación de grasa en el cuello, también favorecerán la aparición de ronquidos y apneas.

Por suerte, las hormonas femeninas (estrógenos) ejercen un cierto papel protector que dificulta la relajación de la musculatura del cuello. Quizás por ello, el síndrome de la apnea hipoapnea afecta a entre el 4-6% de los hombres y solo al 2-4% de las mujeres, siempre que se considere a la población que está en las estapas medias de su vida. Por que, «a partir de la menopausia, las mujeres roncan igual que los hombres», tal como afirma Estivill.

Entonces, ¿es necesario acudir al médico cuando ronquemos? En opinión del neurofisiológo, no: solo hay que hacerlo «cuando además de ronquidos haya apneas que hagan que no descansemos bien y que tengamos sueño durante el día. (…) Y no hay remedios milagrosos, hay que tratar la causa que los producen si queremos lograr resultados».

 

 
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