Nooooo, Nicolás

El politólogo Nicmer Evans en un reciente artículo publicado en Aporrea afirma que la campaña publicitaria multimillonaria pro incremento del precio de la gasolina comparándolo con los precios de un puesto de empanadas es: “el planteamiento más torpe y aberrante que he visto en años en una campaña emprendida por el gobierno a favor o en contra de algo”. El rechazo de Evans se fundamenta en la idea que criticar los subsidios creados por Chávez no es socialista es neoliberal, que el Nooooo, Carmen se traduce políticamente en un Nooooo, Chávez.

De verdad que Maduro no la tiene fácil ni adentro ni afuera, lo que expresa Evans tiene eco dentro del chavismo, existe mucho descontento con el heredero a quien se acusa de poner en peligro el legado socialista del comandante eterno. Pero lo que se desprende en el fondo de las críticas internas a Nicolás Maduro es que dejó perder la mitología que construyo Chávez con su verbo encendido a lo largo de 14 años.

Con una pasión y una teatralidad digna de un Oscar, Chávez vendió esperanzas y compró voluntades. Con un talento indiscutible de predicador religioso, creó una falsa ilusión, un mito que le dio ganancias y poder político sin importar el costo social, moral y económico, total, Venezuela tiene las mayores reservas de hidrocarburos del planeta, y él se veía y se sentía como el nuevo mesías que por fin iba a hacer justicia entre los pobres y los desposeídos del mundo, sin importar que se hipotecara el futuro del país, que se dilapidaran graciosamente cerca de 900 mil millones de dólares en la aventura, y la nación quedara profundamente enfrentada, dividida y sin recursos financieros.

Ese es el verdadero legado de Chávez y la herencia que le dejó a Nicolás Maduro, claro está, la diferencia, que si que las hay, entre uno y otro presidente, es esencialmente el precio del único producto de exportación que tenemos los venezolanos para obtener los dolaritos con los que se importa casi todo. Si Maduro hubiese heredado los precios petroleros que disfruto ampliamente Chávez, tendríamos a un Maduro ricachón y botarata para todo el período, pero para desgracia de los herederos, la realidad los obliga a revisar lo más sagrado, el Santo Grial sobre el cual se erigió el mito principal del chavismo: el subsidio de la gasolina.

Así que cuando Maduro pide que no le contemos los dos años que tiene como presidente, no nos queda otra que responderle: Nooooo, Nicolás.

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa
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