Hacia un gran acuerdo nacional

acuerdoEn un país como el nuestro sobran los temas de qué hablar. Hay veces, sin embargo, en que la inspiración necesita fuerzas, y no por falta de información y sustancia, sino por cansancio. La inspiración también sufre de letargos y bosteza. El exceso de situaciones amenaza con apagarla, impidiéndole digerir lo que sucede. Las colas son una de esas situaciones.

La manera de comprar es ansiosa. Todos parecen tener en su mente las semanas de inventario que dicen que quedan…, pero a pesar de la molestia y contenida bravura, al final del día la mayoría solo desea llegar a su casa de vuelta con aquello que encontró, feliz con su café, con su jabón para lavar la ropa, con su leche. Nos sucede a todos, pues este circo que vivimos, tan ilógico en su estructura, tan poco gracioso para ser un circo, amenaza con aletargarnos, si nos descuidamos.

Los que fomentaron este caos lo saben.

La realidad va forzándonos a distinguir entre la mentira y la verdad. Ojalá que muchos vean y comprendan que no parece inteligente que los comerciantes escondan sus mercancías, deseen las colas, el acoso de una fiscalización o unos anaqueles vacíos en un negocio que no quieren en la quiebra. Nadie suele querer el desastre, el desorden, la pérdida del tiempo, una vida llena de zozobra, amenazada siempre con la pérdida del empleo, salvo que con eso busque conseguir un bien mayor. ¿Cuál puede ser el bien de quien sufre la amenaza de expropiación? Ninguno. El único beneficiado es, siempre, el que pretende quedarse con lo que quitó.

Así como es deseable que muchos “vean y crean” en qué consiste esta supuesta guerra económica, es igualmente deseable que los dirigentes de la oposición vean y crean lo que los ciudadanos esperamos de ellos. La gente percibe que no existe lo que llaman “un programa definido, único” que oriente a la nación y se presente como alternativa al chavismo. La reciente propuesta de un gran Acuerdo Nacional para la Transición hecha por Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, pareciera poder satisfacer las expectativas tan ansiadas de un proyecto. Se espera que este acuerdo implique a todos los sectores y a todos los líderes, pues hace mucho daño no verlos a todos realmente unidos, firmándolo. La gente pide una ruta clara en beneficio del país, pero pide, sobre todo, unidad a la hora de mostrar el camino; pide que todos sus líderes sepan trascender su individualidad, intereses y partidos, pues Venezuela no es exclusividad de alguno en particular ni de un partido concreto.

Dios quiera que la realidad les fuerce a ver y a entender que esta reciente propuesta de tres dirigentes supone la concreción de un clamor nacional. Hace falta humildad y generosidad para dejarse trascender por el bien del país. El momento lo exige. Si no es posible gobernar un país dividido, ¿cómo podrá una oposición que no luce blindada convencer a un país desorientado?

Dios quiera que todos lo vean.

 

 

Versión editada

 

 

 

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