SE LE PERDIÓ EL AS

19 Maduro TvEn la frontera del “sálvese quien pueda” una carta, una sola, venía usando con éxito tangible y era la de convencer a la oposición democrática de abstenerse en las elecciones parlamentarias.

Hasta Hinterlaces de Oscar Schemell, que venía siendo la “rara avis” –entre las consultoras de opinión- inclinada a lavarle la cara al gobierno, acusó el cansancio por tanto esfuerzo de tergiversación. Bien dice el proverbio inglés, Oscar, que “los hechos son tercos”. Ahora admites que el 70% considera desastrosa la gestión gubernamental. Está bien, amigo, por fortuna nunca es tarde cuando la dicha es buena. La realidad te mueve a aconsejar a Maduro en lugar de engañarlo. “Que llene los anaqueles” porque su destino es muy pero muy incierto. 

La única esperanza consistía en aprovechar las pasiones de la gente, irritada por la ineptitud y el fracaso del llamado “modelo”, para inducirla a conspirar contra sí misma. Agentes oficialistas se volcaron a demostrar que era inútil votar. Haciéndose pasar por opositores se aferraban a argumentos genuinos pero darles vuelta y ponerlos al servicio de las precarias condiciones del régimen. ¿Cómo votar cuando se ratifica a Tibisay y Oblitas? ¿Qué sentido tiene acudir a las urnas electorales cuando las otras urnas se llenan de cadáveres? ¿Responderemos a la brutal provocación contra Ledezma y Leopoldo, haciendo una mansa cola frente a los centros de votación?. ¡Calle sí, votos no!

No votar por temor al ventajismo o a que se alcen contra la voluntad popular es como pegarse un tiro por temor a que un carro nos mate atravesando la autopista. Con el agravante de que la abstención solo servirá para fomentar la desmoralización, entregar gratuitamente posiciones y hasta perder el derecho de denunciar ventajismo puesto que quien disponiendo del arma del sufragio no la usa, no podrá argüir que fue por culpa del otro. 

¿Tú crees –me asalta uno- que estos abusadores entregarán dócilmente el poder solo porque una mayoría electoral lo derrote? Esa pregunta podría responderla mejor Augusto Pinochet, un artillado general que no estaba dispuesto a ceder el mando a los que finalmente lo enjuiciarían. Pero como en la arena no es la voluntad de una sola parte la que se impone así pierda, vale recordar que no se trata de querer, sino de poder.

Y en este momento crítico que abruma a Venezuela todo se está volviendo contra el sudoroso presidente Maduro a quien nada le sale bien, al punto que sus avances sobre la conciencia de los opositores renuentes están revirtiendo en forma acelerada. En este momento lo que parece prosperar es lo contrario: el abstencionismo en el oficialismo, molesto con las imposiciones dedocráticas y la necia impunidad con los delitos contra caudales públicos que se multiplican como hongos en el rocío.

La idea es que el piano se toca con los diez dedos y por tanto protestar no implica dejar de votar. Trabajar en todos los escenarios legales y constitucionales está haciendo carne en los electores y ha unificado con más fuerza a los variados agrupamientos y líderes opositores. La MUD lo ha dicho claramente: la consigna es calle y voto. El mismo lema está en labios de Leopoldo, María Corina y Ledezma, por un lado, y Capriles, Borges, Ramos Allup y Henry Falcón, por el otro. Pero ambos lados saben que a las elecciones irán unidos, votando en primarias y estructurando consensos. Por eso su triunfo está escrito.

El fracaso del modelo ha sido determinante en el indetenible retroceso interno e internacional del pomposo socialismo siglo XXI. La solidaridad mundial en defensa de los derechos humanos en Venezuela, las dudas de antiguos aliados de la sedicente revolución bolivariana, los pronunciamientos condenatorios de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos han puesto al desnudo las tantas agresiones del gobierno del presidente Maduro. Como este hombre no entiende nada ha creído que activando la represión contra figuras tan respetadas como Ledezma y demás personalidades de la disidencia, podía frenar el desbordado anhelo de cambio. Lo que ha hecho este insensato es despertar la furia del cambio. Lo que debe mantenerlo en baile sobre brasas es que los líderes de la disidencia, por sobre sus lógicas diferencias, tomaron el camino de la unidad sin retorno, sin mirar hacia atrás. Y se han convencido de que la Constitución se ha pasado a la oposición, es el cauce irrenunciable, la salida pacífica que conviene a los venezolanos, incluida la inmensa mayoría de quienes adhiriendo al proyecto original de Chávez, hoy se siente más traicionada y triste que en ningún otro momento.

Pero permítanme opinar sobre un tonto incidente que retrata el fondo de la disputa entre las dos principales figuras del régimen. ¡El señor Mario Silva ha regresado para ayudar a Maduro! Imposible olvidar que había sido echado del país por el explosivo Diosdado, quien para más quiso ocupar su audiencia televisiva con un programa de mazos dando.

¿Cómo entender su regreso triunfal y el emocionado saludo que le irroga Maduro? Obviamente el asediado presidente quiere fortalecerse, pero esta vez no contra la creciente disidencia, sino más bien contra el segundo de a bordo. Tal vez ha calibrado que Cabello vive momentos poco gloriosos que bien podrían aprovecharse para debilitar fastidiosas competencias. Como las políticas deben ser versátiies, sería éste un respaldo incondicional plagado de improperios risibles aunque grato de melodías para él

Es la cuadratura del círculo: el cambio democrático condenado a triunfar; el oficialismo, a perder.

¡Afortunadamente la oposición no está para venganzas!

Su destino es reunificar la atormentada Venezuela de nuestros amores.

 

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