MACKIE

Ernesto-Samper

La confirmación de varios de sus pronósticos, me permiten sentirme más bien colmado por lo que escribí en mi libro “La violencia en Colombia” (El Nacional 2009). Estando aun Uribe en la presidencia afirmé que el diálogo con las FARC se había puesto sobre la mesa y eso era conveniente. En intentos anteriores Marulanda había negociado maliciosamente, convencido como estaba que ganaría la guerra, pero debido a los demoledores golpes propinados por Uribe-Santos, las FARC ya no podían soñar con ganar guerra alguna. Todo lo que les quedaba era salvar lo salvable en negociaciones verdaderas, sin trucos de conejos. Nadie mencionaba en Colombia esa posibilidad que a mí me pareció oportuna, como en efecto ocurrió bajo la presidencia de Santos.

No estoy en condiciones de opinar con probidad sobre la forma de llevar las negociaciones ni acerca del éxito que puedan alcanzar. Demasiados factores y agravios sobrecargan la cuestión, pero quisiera que este diálogo logre sus objetivos para bien del pueblo y las instituciones colombianas.

Pero si hoy vuelvo a las páginas de “La Violencia en Colombia” es por el desangelado papel asumido por el ex presidente Ernesto Samper en medio de la crisis más severa que haya vivido Venezuela en los últimos 16 años. 

El prólogo de ese libro lo redactó el expresidente César Gaviria a quien conocí ampliamente cuando siendo secretario general de la OEA facilitó la Mesa de Negociación y Acuerdos entre el gobierno de Chávez y la Coordinadora de la oposición democrática, en los críticos años de 2002 y 2003. No queriendo que mi obra fuera sesgada hacia ningún sector político colombiano, opté por pedirle a Gaviria el prólogo. Había ejercido un rol de equilibrio en forma muy calificada.

Habida cuenta de que hice un detenido balance de los esfuerzos de paz emprendidos por los gobiernos de Colombia, acotó Gaviria lo siguiente:

– Lo sorprendente del recorrido histórico y analítico del profesor Martín es que no menciona, para bien o para mal, el cuatrienio del presidente Ernesto Samper.

Gaviria es jefe Único del Partido Liberal y pensará que debe proteger a los líderes de su organización. En cuanto a mí, preferí no mencionarlo en esa ocasión, para no tener que referirme a las fuertes acusaciones morales que pesaban en su contra. El tema de mi libro no lo exigía y menos con el muy buen prólogo que me había regalado Gaviria.

No obstante ahora, para mi sorpresa y seguramente la de muchos colombianos, Samper fue nombrado Presidente de UNASUR y desde el vamos se ha puesto a la disposición del presidente Maduro. Condenó la llamada “desestabilización contra el gobierno de Venezuela, un país donde –según él- hay división de poderes”, no habló con la MUD, endosa las truculencias magnicidas y golpistas sin examinar pruebas como tampoco lo ha hecho Maduro para fundamentar las alusiones a magnicidios, golpes. ¿Por qué Samper mancha la reputación de Unasur y se cuadra incondicionalmente con el poder chavista? 

Para quien no lo sepa vale recordar una causa famosa en Colombia y el mundo que se conoció con el nombre de Expediente 8000. Se trata de denuncias soportadas en videos, declaraciones de los jefes del narcotráfico y confesiones explosivas de ministros de Samper durante el período 1994-1998. Como es usual, el hombre descargó culpas en su comando alegando no saber lo que pasaba a sus espaldas, pero tropezó con un camión. Fernando Botero, hijo del gran pintor colombiano, quien fuera jefe de su comando de campaña, declaró con clara e inteligible voz:

– el presidente sí sabía que su campaña recibió dinero del cartel de Cali 

Detalle siniestro. Apareció asesinada Elisabeth Montenegro, la “monita retrechera”, supuesto vínculo personal entre Samper y el cartel de Cali, según una inquietante grabación aparentemente mostrada por el fiscal Villalobos, quien no dudó un momento en denunciar al presidente. No terminó en la cárcel porque su partido en el senado bloqueó la decisión.

No soy juez del Foro colombiano para condenar a quien el Congreso de su país salvó de un juicio que parecía escrito. No conozco otros pormenores ni suscribo la práctica inquisitorial de dar por culpable a quien por el motivo que sea no haya sido sentenciado. Pero sí sé que había colombianos aptos y libres de sospecha para ocupar la secretaría de Unasur, que ahora opina contra la democracia venezolana sin exigir expedientes tan plenamente armados como el 8000.

Bertold Brech, produjo una célebre comedia dramática, en tono de humor negro, “La Opera de dos centavos”. Un jabonoso personaje, apodado Mackie, flota en nebulosas trapisondas que ocurren a diario. Siempre está por ahí, en los alrededores del delito cometido, pero sabe deslizarse de modo que nadie se atreva a señalarlo ni menos acusarlo.

 

Un juglar deja oír su melodía:

Los caimanes tienen dientes
Que no tratan de esconder
Pero Mackie no nos muestra
Su navaja, bien lo sé 

Los caimanes cuando matan
Rojos quedan por demás;
Pero Mackie lleva guantes
¿quién su crimen notará? 

En la margen de los ríos
Gente muere por doquier
¿Es la peste? ¡Quién lo sabe!
Si anda Mackie hay que ver 

Insisto. No sé si pienso en el secretario de Unasur cuando escucho cantar al juglar del gran Bertold Brech. Corre a su favor que sus manos no están enguantadas como las de Juan Vicente Gómez o como el afortunado Mackie, pero pregunto: ¿es que no había otro capaz de brindar seguridad y confianza para ocupar un cargo que pide compromiso, verticalidad, imparcialidad?

Un líder experimentado del cual nadie pueda decir:

Si anda Mackie, hay que ver.

 

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