Azúcar: ¿dulce veneno?

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Hayda Ramos

Salsa de tomate, patatas fritas, sopas… ¿Sabe que gran parte de los azúcares que ingiere está ‘escondida’ en productos que no son dulces?

No se trata de eliminar el azúcar de nuestra dieta, que es indispensable, sino de ser consciente de que está presente mucho más allá de los dulces y de la taza del café.

El pan de molde, el paté, las patatas fritas, las salchichas, el maíz, la salsa de tomate… ¿Sabe qué cantidad de azúcar toma cada día? Seguramente no lo sepa y, lo que es peor, ni se lo imagine.

Su consumo en el mundo no para de crecer y, entre otros problemas, un exceso puede provocar caries, diabetes y obesidad, afectar al sistema cardiovascular y dañar el hígado. Y es adictiva; dicen los expertos que incluso más que la cocaína.

‘Escondida’ en lo salado

Por todo ello, la OMS avisa: gran parte de los azúcares que ingerimos se esconden en productos que no consideramos dulces.

Y ahí reside la principal parte del problema: en ese azúcar invisible, algo que corrobora Javier Guzmán, director de VSF Justicia Alimentaria Global, que ha puesto en marcha la campaña 25 gramos.

No se trata de prohibir el azúcar, sino de que el consumidor sepa la cantidad que consume”, expone Guzmán al tiempo que explica que el 64% de los españoles no entiende el actual etiquetado con información nutricional. Y eso es un problema.

La OMS recomienda que el consumo de azúcares al día suponga menos del 10% de la ingesta calórica total, aunque reconoce que lo ideal sería no sobrepasar el 5%, es decir, unos 25 gramos (unas cinco cucharadas de café). Frente a esas cifras, el consumo medio en España es de 112 gramos diarios.

Azúcar natural vs. azúcar refinada

Para llegar a semejante cantidad no hay que pasarse el día entre pasteles, refrescos y golosinas.

El tomate frito, el ketchup y otras salsas, el maíz, el pan (sobre todo, el de molde), la pasta, las sopas de sobre, las patatas fritas… aunque no lo parezca, son productos con altas cantidades de azúcares. No obstante, todos los alimentos procesados, dulces y salados, contienen azúcar. Incluso los que nos venden como desnatados o con 0% materia grasa.

Y aunque también es azúcar, resulta notablemente diferente la que está en los alimentos de forma natural, como sucede con las frutas. Esta aporta a nuestro organismo fibra, minerales y vitaminas. Mientras, la refinada, la que se añade industrialmente, solo suma calorías.

¿El ‘nuevo tabaco’?

Según Guzmán, una sencilla manera para controlar la cantidad de azúcares que consumimos “sería un sistema de semáforos” en los supermercados, como existe en el norte de Europa, que usa los colores verde, amarillo y rojo para señalar la cantidad de azúcar (ningún riesgo, advertencia y exceso, respectivamente).

Porque, explica este experto, el azúcar “no te mata hoy”, sino que va dañando el organismo de manera paulatina.

Por todo lo dicho hasta ahora, los médicos hablan del nuevo tabaco. Y piden campañas de modificación de hábitos y aumentos impositivos (por ejemplo, tasas para bebidas azucaradas), al tiempo que recuerdan los elevadísimos costes sanitarios: sobrepeso y obesidad son los principales problemas de salud en el mundo.

La obesidad infantil se dispara

¿Y qué sucede si afecta a las personas desde la infancia? “En España, el consumo de azúcares se ha disparado al mismo tiempo que lo hace la obesidad infantil”, cuenta Guzmán, que aporta un dato: “El 80% de la publicidad de alimentos en nuestro país se dirige a los niños”.

Eso nos tiene que hacer reflexionar: nuestros pequeños crecen hoy con la adiccion al azúcar en su cuerpo. Y pagarán la factura en el futuro: si no ponemos remedio, serán adultos con menos salud.

Ya lo saben: no se trata de eliminar el azúcar de nuestra dieta, que es indispensable, sino de que seamos conscientes de su presencia mucho más allá de los dulces y de la taza del café.

 

 
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