Maria Callas, la fuerza del mito

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Javier Pérez Senz

}Treinta y siete años después de su muerte, la leyenda de Maria Callas sigue viva. Cuando falleció, de un ataque cardiaco, el 16 de septiembre de 1977, a los 53 años, vivía sola en su apartamento de París, alejada de los escenarios y la vida pública. Pero en la memoria de sus admiradores, la revolución Callas seguía su imparable camino aunque su voz hubiera enmudecido mucho antes. Hay magia vocal, arte y temperamento en sus grabaciones, que constituyen para las nuevas generaciones una lección de canto, de sensibilidad musical, de teatro musical a través de la palabra cantada.

No existe otra artista del mundo de la ópera capaz de generar tal cantidad de reediciones de su legado discográfico, pirata y en estudio. Sus grabaciones oficiales fueron producidas y publicadas originalmente por EMI y constituyen un auténtico filón: entre 1953 y 1965 grabó en estudio 18 óperas, incluidos cuatro títulos que nunca interpretó en escena. Tras adquirir los derechos de explotación de semejante tesoro, Warner ha reunido en una caja 39 obras y un total de 69 discos compactos que recogen los fondos históricos en su día grabados por EMI, más los que en sus primeros años hizo para Fonit Cetra.

Hablamos de dos décadas de arte ante los micrófonos en un itinerario que va de 1949 a 1969; los registros han sido sometidos a un proceso de remasterización que ofrece una calidad sonora sorprendente por el relieve y la presencia sonora de las voces. Esta es la segunda ocasión en que un equipo de ingenieros de sonido en Abbey Road Studios trabaja directamente a partir de las cintas originales grabadas con el sistema monoaural y estereofónico: en este sentido, la edición que presenta Warner supera la anterior remasterización digital realizada en los noventa en los míticos estudios londinenses. La edición, que también ofrece los álbumes por separado, recupera las portadas originales y fotos inéditas de la Divina. Desde el belcantismo de Bellini y Donizetti hasta el repertorio dramático y verista, con especial afinidad con las grandes heroínas de Verdi y Puccini, Callas sorprende por su inimitable capacidad para encontrar el acento y el color vocal idóneo para cada personaje y situación dramática. Así sucede con las versiones de Rigoletto e Il trovatore, dos producciones de Walter Legge grabadas en el Teatro alla Scala de Milán, respectivamente en 1955 y 1956, bajo la dirección musical de Tullio Serafin y Herbert von Karajan.

Encuentra Callas en el inmenso barítono Tito Gobbi una pareja teatral perfecta en el papel de Rigoletto, con un fraseo incisivo y un temperamento fuera de serie. Junto a ellos, el tenor Giuseppe di Stefano luce su canto generoso y apasionado. Serafin fue un director esencial en la trayectoria de Callas: gracias a sus consejos, la joven y entonces oronda soprano que había triunfado en sus primeros años con títulos como La Gioconda, descubrió sus posibilidades en el repertorio belcantista, que recobró su verdadera dimensión gracias a sus hallazgos vocales y dramáticos. El camino siguió con Verdi, y entre sus creaciones, la Leonora de Il trovatore lleva el sello de Karajan, que siempre tuvo debilidad por esta pera que exige las mejores voces para llegar a buen puerto: nadie ha conseguido otorgar tal fuerza expresiva al Miserere como Callas, y toda su interpretación del personaje está llena de hallazgos musicales y teatrales conmovedores. Si añadimos la valentía y entrega de Di Stefano, el talento de Rolando Panerai al servicio del malvado conde de Luna y la espectacular vocalidad de Fedora Barbieri en el papel de Azucena, cabe hablar de una auténtica fiesta verdiana que, más de medio siglo después de ser grabada, vuelve al mercado en las mejores condiciones técnicas.

 

Tomado de El País España

 
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