Remodelar un país

reconstruccion

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando uno desea remodelar una casa, ayuda saber que todos los ahorros -inversión de tiempo, dinero y esfuerzos- están contenidos en el proyecto. El pensamiento es previo a la acción. Debería dirigirla, orientarla. Por eso vale insistir en la necesidad de “pensar un país” distinto, de modo que las causas sean abordadas, consideradas, en ese proyecto, evitando así que las soluciones inmediatistas, propias de la acción atolondrada, se sobrepongan unas a otras, para solventar tantos problemas vitales con la urgencia del bombero que apaga fuegos.

Las prioridades se disciernen en base a los grados de profundidad de las causas o de las necesidades. El buen médico sabe relacionar los síntomas y orientar -en virtud de esta relación que ha hecho- el orden de los pasos a seguir, para descubrir la causa de la enfermedad. Después de diagnosticar, cosa a veces difícil, procederá a orientar el tratamiento. El buen arquitecto hará lo mismo con los planos de una casa. Concreta lo que hay que hacer y procederá a ordenar sus pasos. En este caso hay prioridades ineludibles -como la electricidad y el agua- y otras que dicen relación al gusto, a la estética. Eso siempre puede esperar. Invertir primero en la pintura para el exterior de la casa, por ejemplo, supone un gasto innecesario cuando las tuberías están oxidadas y la parte eléctrica amenaza con un corte.

Los hombres nos equivocamos en los diagnósticos médicos, a pesar de que la medicina se mueve -por decirlo de algún modo- en el ámbito de lo visible (de lo físico). El arquitecto puede también equivocarse por no haber advertido un obstáculo previsible. Erramos siempre en el ámbito del discernimiento porque suelen solaparse los problemas, los síntomas y los imprevistos. Podemos errar por no relacionar bien las variables y por no prever ésas que pudiesen presentarse.

Si encontramos dificultades en estos ámbitos, ¿cómo no predecir que sean mayores en el caso del ordenamiento de una sociedad? La complicación es aquí mayor, pues el ámbito de las ideas, donde mora la ideología y al que se somete la voluntad, no es propiamente físico. El terreno de la voluntad, además, es el de la libertad. En el ámbito de lo humano hay que considerar desde la diversidad de perspectivas, de preferencias e ideologías, hasta la errada comprensión de los problemas, en virtud de ignorancia o la terquedad. Si bien en este terreno de las ideas las consideraciones no son visibles, físicas sí son, sin embargo, las consecuencias de nuestras posturas. Y serán ellas las que terminen doblegando la terquedad de muchos que se obstinan todavía en la viabilidad de un camino.

Los venezolanos tenemos hoy la oportunidad, el reto, de pensar en un país de nuevo. Y digo de nuevo, porque por una parte, lo hemos intentado muchas veces; por otra parte, el “de nuevo” dice relación a la calidad de la destrucción que nos forzará a un nuevo intento. Habrá que remodelar a profundidad y ello requerirá de un proyecto. Ese es el reto.

 

 

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