MEMORIA COLECTIVA

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La “memoria colectiva”, he aquí una expresión bastante usada en los terribles años sesenta que todavía, ocasionalmente, se escucha por ahí. Como muchas otras, esta “fórmula” –llamémosla así- muy divulgada por líderes del vecindario marxista, fue especialmente útil para sostener la fe inquebrantable en el futuro de la revolución cuando no había muchas bases sobre las cuales asentar el optimismo.

El ánimo de los militantes solía decaer por la eterna posposición de las promesas redentoras y la derrota reiterada de las acometidas revolucionarias. Ante la evidencia de una contumaz condición minoritaria, la fe se sostenía en la idea de un futuro mar de la felicidad.

Extraño el caso del gobierno chavo-madurista. Tiene 16 años ocupando el mando. Lo ha hecho concentrando el poder en forma brutal y disponiendo de recursos que evocan las fabulosas minas del rey Salomón, pero como los resultados han sido decepcionantes, se refugian una y otra vez en el dorado porvenir que finalmente caerá como maná del cielo sobre los afortunados venezolanos. Todo para no admitir que se equivocaron dejando un cortejo ominoso de males sociales, económicos, políticos, morales ¿Y quién garantiza que así ocurrirá? El pueblo mismo, una vez que eche mano de su memoria colectiva.

Ya lo saben. Tomen nota, pues: sigan sufriendo hasta la agonía que al final del largo camino, los espera el paraíso socialista.

Nuestro desafortunado pueblo, que del lado del gobierno solo cuenta con un modelo colapsado y unas desaguadas promesas, no termina de liberarse de otro inesperado yugo: el de las enormes dificultades que atan de manos a la alternativa democrática. Si la fuerza capaz de encarnar el anhelado cambio democrático no para de querellarse consigo misma, la conclusión parece tan lógica como equivocada: recáigase pues en la ciega abstención, que nunca ha servido para nada, salvo para los desahogos personales. ¿A qué mover un dedo si los de arriba harán lo que sea para seguir usufructuando el poder y los de abajo sobreponen sus intereses parciales a la causa de la unidad?

Lógico, repito, pero errado. Hay que participar, hay que votar por el cambio democrático, así el liderazgo disidente no termine de demostrar que merece ser apoyado. Como desafortunadamente no siempre quienes controlan el timón saben gobernarlo, vale recordar que la derrota electoral del magullado gobierno, podría desencadenar energías democráticas susceptibles de hacer avanzar el progreso nacional por encima de las limitaciones de la dirección.

“La memoria colectiva” incentivada por la victoria. En ese caso no dudemos del valor de esa fuerza recóndita.

El paisaje a la vista no puede ser más caótico. El gobierno y sus leales haciendo lo indecible, al costo que sea, para ocultar las escandalosas cifras que colocan a Venezuela en los últimos lugares de todos los renglones que cuentan. La comedia burlesca del golpe-magnicidio-desestabilización-guerra económica no resulta ya. No hay el menor indicio, la más mezquina prueba. Las acusaciones de los presidentes Maduro y Cabello son ruido momentáneo del cual se olvidan ellos mismos, pero los presos y los emigrados políticos siguen presos o masticando el pan del exilio. Dudo que en el mundo haya amigos del gobierno dispuestos a tomar en serio sus zarandajas, como no sea para aprovecharse del aliado manirroto. ¡Maduro bien vale una misa!

¿Y qué pensar de la invasión yanqui? Es obvio que se trata de una manipulación múltiple-uso, buena para 1) desviar la atención pública del desastre causado por tanto disparate acumulado; 2) proteger las fortunas de presunto origen criminal reunidas por sus poderosos validos; y 3) enlodar el tema de la corrupción, en lugar de limpiar las fétidas aguas que retratan la Ética de la revolución.

Es inútil y patético el esfuerzo gubernamental por distraer la atención, correr arrugas o reunificar emocionalmente a sus huestes. Nunca podrá lograrlo. Quizá esté intentando aplazar un destino inevitable o posponerlo para después de las elecciones. No obstante, la alternativa democrática no puede dejar el cambio sujeto al azar.

El espectáculo es incomprensible. Se han desatado pasiones extremas. Hay quienes aseguran que la MUD y el gobierno están secretamente coludidos. Dan por seguro que semejante alianza promueve elecciones fraudulentas con el objeto de hacer caer en la trampa a inocentes disidentes entregados sinceramente a la lucha por Venezuela. Estos despiadados críticos tendrán otra agenda. No esperan derrotar al gobierno sino heredar el mando opositor. Perderán, sí, pero aferrados al timón de la salvación que los “llevará a la victoria” en la próxima contienda, cuando los estragos de la crisis hundan más en lo hondo a los venezolanos.

Como todas las operaciones humanas, la política tiene prioridades que la sabiduría debería respetar. ¿Primarias o consenso? Preferiría primarias pero si en muchos casos no fueran de fácil convocatoria me daría por bien servido con un procedimiento mixto, según las disponibilidades. Otros, sin duda de buena fe, aseguran que todavía es posible organizar primarias 100 por 100. ¿Tienen razón? No lo sé, quizá la tengan, quizá no, ¡pero por Dios esa diferencia no debe arruinar lo esencial, la unidad, sería absurdo, no tendría sentido romperla porque no haya más primarias!

Como la política es, según creo, uno de los pocos oficios en los que el hábito sí viste al monje, confío –y he observado pasos muy significativos adelante- en la victoria de la unidad. Es la premisa para serenar los espíritus apasionados, los propensos a retirarse como duques ofendidos del proceso si no se atienden sus requerimientos, y los que se imaginan llamados por el destino a oficiar de salvadores capaces de hacer lo que los demás no pueden.

 

 

 

 
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