CAÑONAZOS CON SORDINA

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Uno de los actos más tristes, de todos los que forman parte de esa especie de liturgia

chavista en lo cual se ha convertido el culto a Hugo Chávez, es el de las “Salvas de Cañón” que todas las tardes se celebra en el “Cuartel de la Montaña”, y según palabras del encargado de disparar el cañón “en honor y lealtad a nuestro comandante supremo y eterno de la revolución bolivariana de Venezuela y el mundo”, entre otros epítetos como Comandante “Gigante de América”, como llaman al difunto cuyos restos allí reposan.

Comienza con unos muchachos (y otros no tan muchachos) vestidos con curiosos uniformes entre “boyscout” y disfraz de llanero de acto de fin de año. Campanadas y redoble de tambor.

Debo decir que el acto sería solemne si no fuera por algunos detalles, sin pretender faltar el respeto que, difunto al fin, merece el hombre a quien dedican cañonazo, campanadas y redoble de tambor, ni a los militares de carrera que optaron por la profesión de las armas que se enseña en nuestras academias y escuelas militares, con la ilusión de servir a una Patria que no es la “patriecita” que tratan de vendernos unos líderes corruptos y narcotraficantes.

Lo que pasa es que por ahí circulan algunos videos donde se puede apreciar lo chapucero del “show”: una vez es el cañón que no retumba sino que emite algo así como una especie de humeante eructo, y hay que recurrir a otro de reserva que tampoco tuvo buena digestión; otra vez es la cuerda de la campana la que se rompe dejando el badajo en la mano al campanero. Y todo entre arengas impresas en un rollo con letras que, por lo grandes, parecen sacadas del consultorio de algún oftalmólogo, son leídas por el comandante del batallón que ejecuta la ceremonia del cañonazo.

Por supuesto, en todo el discurso abundan las loas al “comandante eterno de la revolución bolivariana de Venezuela y del mundo”, “gigante de América”, etc. Al final del fracasado “cañonazo”, transmitido por el “canal de todos los venezolanos”, la locutora anuncia que “ha concluido el acto (como si hubiera sido todo un éxito) donde el pueblo ha reafirmado su compromiso con el (otra vez “comandante eterno”) y su disposición a combatir cualquier intento de invasión por parte del imperialismo yanqui”. Palabras más, palabras menos…

Y así, con cañones que no funcionan, juegos de batallas en playas donde hay más bulla que lucha, es como este gobierno fracasado pretende derrotar a una supuesta invasión que no está sino en la imaginación de unos asustados dirigentes políticos que nada dicen de la invasión de tropas cubanas y rusas que hace tiempo pisan nuestro suelo patrio. Uno quisiera saber, de los más viejos de ellos, dónde estaban cuando tropas cubanas pretendieron penetrar a territorio venezolano por las playas de Machurucuto en 1967. Algunos eran cómplices de los invasores o apoyaron la invasión, tan extranjera como la presunta yanqui. Otros comprendieron la inutilidad del sistema marxista de gobierno, como una vez Zago y hoy Cuenca, y hoy son firmes defensores de las libertades y los derechos humanos.

Y cuando termino estas líneas me viene la duda de no saber si con ellas me estoy prestando también al jueguito de comentar cosas que no tienen la mayor importancia, aparte lo cómico y anecdótico, distrayéndonos de algo más grave, como lo que está ocurriendo con nuestro país.

 

 

 
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