Volta, el genio que en el siglo XIX ya pensaba en “smartphones

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Se cumplieron 270 años del nacimiento del creador de la pila voltaica, un aristócrata que se opuso al uso de animales para la generación de energía eléctrica y de cuyo invento nos seguimos beneficiando

Posiblemente a pocos les suene el nombre: Alessandro Volta. Incluso, si no fuera por el «doodle» del pasado miércoles, a nadie se le hubiera ocurrido conocer su historia. Su apellido puede dar una pista de su relevancia. Volta recuerda a voltio, la unidad derivada del Sistema Internacional para el potencial eléctrico, la fuerza electromotriz y la tensión eléctrica. Recibe su nombre en honor a Alessandro Volta, quien en 1800 inventó la pila voltaica, la primera batería química.

Gracias a su trabajo, hoy se puede encender una bombilla, el televisor o tu «smartphone». El invento, del que hoy nos seguimos beneficiando, fue una auténtica revolución en el momento de darse a conocer. Permitió el estudio preciso de la electricidad y logró superar las enormes limitaciones de los electróforos, abriendo la puerta a la era de la electricidad.

El italiano anticipó una tecnología de la que, desde hace décadas, se ha convertido en un elemento crucial de la sociedad como son las pilas y baterías capaces de alimentar de energía a todo tipo de dispositivos. Los expertos dicen que la siguiente revolución la marcará el grafeno, que según el físico madrileño Francisco Guinea, «nos cambiará la vida».

Nacido en Como, una villa del por entonces Ducado de Milán, hace hoy 270 años —efeméride que Google recordó en un nuevo «doodle»—, Volta tardó muy poco en decidirse a dedicar su vida a la electricidad. Fue un rebelde en su época ya que, en contra de lo del deseo de sus padres que querían que se formase como abogado, Volta se decantó por la física y, en 1774, con solo 29 años, fue nombrado profesor de física de la Escuela Real de Como.

Volta se dedicó desde los años 1765 a 1769, al estudio de los fenómenos eléctricos con la ayuda de su amigo sacerdote Guilio Cesare Gattoni pero de manera muy personal.

En 1775 desarrolló una versión perfecionada del electróforo de Johannes Carl Wilcke, un aparato empleado para generar electricidad estática En 1779 fue nombrado profesor titular de la Universidad de Pavía, donde conocería al hombre que le llevó a desarrollar su gran invento: Luigi Galvani.

Galvani observó que el contacto de dos metales diferentes con el músculo de una rana originaba corriente eléctrica. Por ello, animó a sus colegas a comprobar su descubrimiento, al que llamó «electricidad animal» o «bioelectrogénesis».

A Volta le fascinó la idea pero, al contrario que Galvani, defendió que la utilización de tejido animal era completamente innecesaria para la generación de energía eléctrica. En 1794, Volta comenzó a experimentar con metales únicamente, y llegó a la conclusión de que el tejido animal no era necesario para producir corriente. Este hallazgo suscitó una fuerte controversia entre los partidarios de la electricidad animal y los defensores de la electricidad metálica.

Durante los siguientes años, partidarios de una y de otra teoría se enfrentaron dialécticamente de forma casi continua. El final de la disputa llegaría en 1800 con la innovadora pila voltaica, que sentó las bases para la utilización masiva de la electricidad en el mundo moderno.

Magia a partir de discos apilados

La pila de Volta, que el científico dio a conocer mundialmente en una carta enviada al presidente de la Royal Society de Londres, consistía en una serie de pares de discos (apilados) de zinc y de cobre (o también de plata), separados unos de otros por trozos de cartón o de fieltro impregnados de agua o de salmuera, que medían unos tres centímetros de diámetro. Estos discos, al estar conectados en serie, tal y como representa el doodle de Google, permitían aumentar la tensión a voluntad.

Uno de los más impresionados por la batería de Volta fue el emperador francés Napoleón Bonaparte, que lo nombró conde y senador del reino de Lombardía, y le otorgó la más alta distinción de la institución, la medalla de oro al mérito científico.

Tras dejar plasmados todos sus descubrimientos en cinco volúmenes publicados en 1816, Volta se retiró a su ciudad natal, en donde murió en 1827. No obstante, su trabajo sigue siendo recordado hoy en día cada vez que utilizamos la energía a la que dedicó su vida.

 Tomado de @abc_es

 
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