¿Alteración nada más?

Un grupo variado e importante de ex-mandatarios iberoamericanos ha suscrito una declaración dirigida a la VII Cumbre de las Américas, a celebrase en Panamá, en la que alertan sobre la grave situación política, económica y social de Venezuela, con especial referencia a las violaciones de derechos humanos, y en la que plantean la necesidad de construir alternativas de solución a tan grave situación.

Muy bien. Es lo menos que se podía hacer dada la trágica realidad que caracteriza a Venezuela. Pero el tema de fondo de la llamada “Declaración de Panamá” es la denuncia de la alteración constitucional y democrática que sufre nuestro país. Creo que se quedan cortos. Y bastante. Cierto que alterar significa estropear, dañar, descomponer, y cierto que alteración es la acción de alterar.

No obstante, en Venezuela no hay una democracia alterada, o sobresaltada o alborotada. No. En Venezuela no hay democracia efectiva. Punto. Lo que hay es una hegemonía despótica y depredadora con una fachada de democracia.

En ese sentido, el orden constitucional no ha sido solamente alterado o perturbado, sino que ha sido abolido en la práctica de los hechos. El pluralismo democrático ha sido sustituido por un denominada “revolución socialista”, el estado de derecho por un proclamado “poder popular”, y todos los derechos y libertades que reconoce la Constitución –repito, todos— están sometidos al arbitrio partisano del poder establecido, es decir no tienen vigencia material.

Alterar también equivale a cambiar la esencia o forma de una cosa. Y en el caso venezolano, no es que se haya cambiado la esencia o la forma de la democracia, es que el poder ha ido destruyendo poco a poco los fundamentos de la democracia que están establecidos en la Constitución de 1999, y los ha ido suplantando por esquemas y mecanismos de naturaleza y operación autoritaria y represiva.

No, en Venezuela no hay una democracia alterada, mucho menos un “déficit de democracia”, como declaran algunos voceros de la oposición. En Venezuela lo que hay es un proyecto de dominación nacional, concebido y dirigido desde La Habana, que se aprovecha de algunas formas o vestiduras de la democracia para adornar su despotismo depredador. Y en esa maniobra continuada se ha sido sumamente hábil. Tanto, que a pesar de las masivas evidencias, todavía cuesta aceptar que ello sea así.

En suma, bienvenida sea la referida “Declaración de Panamá”. Vamos a ver qué efectos genera. Pero lo que acontece en Venezuela es mucho más que una alteración de la democracia…

 

 
Fernando EgañaFernando Egaña

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