En el Real Madrid, Modric es el cerebro

ModricNingún futbolista del Madrid es capaz de condicionar tanto el funcionamiento del equipo

Diego Latorre

La mayoría de los rivales del Madrid se refugian y ceden la pelota. Obligan a buscar el camino, a pensar, a saber por dónde ir. Para avanzar en campo contrario se impone la necesidad de meter la pelota justa o de saber emplear el regate. Modric es el jugador más influyente porque es el único centrocampista que reúne esas cualidades.

A veces una pieza condiciona al resto. En septiembre, octubre y noviembre, el Madrid se ensambló con el binomio de Kroos y Modric. Ambos se potenciaban porque son complementarios. Cuando Modric se lesionó, Kroos ya no fue el mismo, tuvo que correr más metros, la pelota no llegó bien a campo rival, el equipo no consiguió la fluidez que tenía en el desarrollo de la jugada y empezó a depender más de las individualidades. Sin el motor de Modric, el Madrid quedó muy afectado.

Los futbolistas como Modric determinan el estilo y el funcionamiento. Otros son más valiosos en las jugadas, en el resultado o en la personalidad. El condimento de Modric es insustituible por su versatilidad. Porque ayuda en distintas áreas: la salida de la pelota, la capacidad para agilizar el juego, el sentido asociativo, y la habilidad, el regate, la gambeta para romper líneas de presión y despejarle la zona a los demás compañeros.

El pase es suficiente en determinados partidos. Pero cuando el rival te espera, cuando no aparece la inspiración, cuando el equipo está pesado, denso, con todos los jugadores tapados y los contrarios te bloquean, la gambeta en mitad de la cancha es un atributo siempre que se conozcan las velocidades del juego. Y Modric sabe que no siempre se gambetea. Sabe que a veces hay que pasar. Con ese concepto la gambeta es la antesala del gol.

El Modric del Madrid no tiene nada que ver con el que jugó en el Tottenham. Aquél estaba desplazado a la izquierda y tenía poca injerencia en el juego porque el ritmo era tan vertiginoso que a veces quedaba un poco marginado del centro de las operaciones. El Tottenham vivía en un ida y vuelta. La mitad de la cancha no era la cocina del fútbol. El aspecto cerebral del juego quedaba suprimido. En el Madrid, Modric es el cerebro. Los grandes equipos fuera de Inglaterra necesitan esta figura porque fuera de las Islas Británicas se practica otra clase de fútbol. En España la velocidad, eso que llaman fútbol directo, no siempre vale como principio. Lo esencial es saber elaborar.

Kroos maneja el control y el pase. El alemán deriva, aclara con dos o tres pases, tiene cambio de frente, mide bien las distancias. Modric ofrece eso y además elimina rivales con el regate, conduce y ataca los espacios libres. Influye más cuando el adversario espera. Ofensivamente tiene más diversidad de soluciones ante equipos cerrados que se abanican, que hacen coberturas en mitad de la cancha. Ahí ataca los resquicios. Gana terreno. Eleva la zona geográfica de elaboración de la jugada hacia el campo rival y posee una virtud que es el combustible psicológico para seguir adelante: no se borra. En los momentos de conflicto, Modric siempre pide la pelota.

 

 
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