PERSPECTIVAS ECONÓMICAS, SIN CIFRAS

 

En términos sencillos, ¿qué ha pasado aquí desde que Chávez llegó, y dónde nos encontramos?

No cabe duda de que cuando Chávez agarró el coroto teníamos bastante pobreza. También había un nivel, digamos mediano, de producción, tanto del agro como industrial, que satisfacía una parte del consumo, y el resto se suplía con importaciones que se financiaban con los ingresos petroleros.

Chávez se empeñó en disminuir la pobreza, cosa plausible, y el boom petrolero que vino, que incrementó de forma gigantesca los ingresos de dólares, le permitió aumentar enormemente las importaciones y distribuir buena parte a los pobres, generando una clara disminución de la pobreza (aparte del obsceno dineral que se ha ido por los caminos verdes).

Pero ese avance se hizo regalando los pescados y no enseñando a pescar a la gente, es decir, no se incrementó la capacidad productiva del país para suplir ese mayor consumo de las clases populares, sino que éste fue soportado por el fortuito aumento de los ingresos petroleros, y también en parte, en los últimos años del mandato de Chávez, por un creciente endeudamiento externo.

Por otra parte Chávez, con su resentimiento hacia los que tienen algo, la cogió contra los empresarios, que son gente que quiere ganar dinero, pero mal que bien lo quiere hacer produciendo, generando empleo, etc., y no como se hizo aquí antes de la democracia, durante ella, y más que nunca con el chavismo: instalándose en el Gobierno o encompinchándose con gobernantes y funcionarios para cogerse los reales del petróleo, sin producir nada. Ese feroz acoso a los empresarios, destruyó una gran parte del aparato productivo, y sentó las bases para que nadie quiera invertir aquí, por lo que dicho aparato no solo no va a crecer, sino que seguirá disminuyendo.

Además, el cúmulo de disparatadas políticas y medidas económicas ha castrado por completo la actividad productiva del país. Entre esas medidas resaltan el largo control de cambio, la brutal y desastrosa sobrevaluación del bolívar, la controladera insensata de precios, la emisión desaforada de dinero inorgánico por parte del BCV, que ha desatado esa inflación que nos devora, la absurda política de subsidios, y un excesivo e injustificado endeudamiento, amén de la carencia de un Estado de Derecho que hace que en este país esté uno expuesto a que le hagan impunemente cualquier barbaridad.

Este cuadro tenía que terminar mal. El desbalance entre lo que se necesita para el consumo, y lo que se dispone para ello (ya sea producido o importado), venía aumentando continuamente durante los últimos años de Chávez, aunque éste lo pudo taparear con deuda externa, hasta que finalmente reventó coincidiendo con su muerte. Ahora, fíjense bien, el reventón ocurre antes de la caída de los precios petroleros. Aparecen entonces la escasez y el desabastecimiento, proliferan las humillantes colas, la inflación aumenta vertiginosamente, y aumenta la pobreza hasta perder lo que se había ganado.

Esas penurias no son sino las manifestaciones de algo de fondo: las cosas ya no alcanzan.

Y entonces la gata se monta en la batea: cuando el endeudamiento, que financiaba parte de lo que consumíamos, ya se hace casi imposible por los altos costos, los precios del petróleo se vienen al suelo, así que las importaciones, y por ende nuestro consumo, se tendrán que reducir aún mucho más. No hay otra: la peladera se incrementará, y duro.

Nótese que, para colmo de males, la baja de los precios petroleros aún no se ha sentido; ahora es que viene lo bueno.

Y claro, surge la pregunta de las 64.000: ¿cómo se arregla esto?

Aquí hay que acotar algo: el manejo económico ha sido tan, pero tan torpe, que las distorsiones y disparates económicos son de tal magnitud que la solución de los problemas se ha transformado hoy en día en misión casi imposible. ¿Cómo se acaba con el bachaqueo de la gasolina? Si se pone a los precios internacionales se terminaría con eso, pero el caos que se generaría aquí sería descomunal. ¿Y lo del sistema cambiario? Si se libera el cambio, el $ se va a un nivel tal que causaría una inflación que ni les cuento, y las reservas del BCV se vaciarían en media hora. Y así con todo. El desastre económico es tal, que no hay por donde agarrar al toro, y el arreglo de esto es más para Mandrake y Papadiós que para economistas.

Sinceramente, no me gustaría estar en el Gobierno enfrentando esta problemática. Leí que un grupo de economistas de un organismo latinoamericano viene a asesorar a Maduro y su combo, para ayudarlos en esto. Pagaría por ver la cara de los gurús chavistas de la economía, cuando les digan que hay que prohibir al BCV la emisión de dinero inorgánico, reducir el déficit fiscal, disminuir los controles de precios, eliminar el control de cambio y unificarlo, etc. Pero, y esto es lo peor: no van a hacerles caso.

Total que las perspectivas son de color gris muy, muy oscuro (para que no me llamen profeta del desastre si digo negro).

 

 

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