Reajustes graduales

ACUERDOS

Vivimos una etapa histórica en la cual los cambios políticos, económicos y sociales tienden a producirse en forma lenta o gradual más bien que de manera espasmódica o violenta. Como bien lo entendió el actual presidente norteamericano Barack Obama, en la actualidad más conviene aplicar mecanismos de “poder blando” que de “poder duro”, para defender o conquistar posiciones tácticas o estratégicas.

En escala mundial, los efectos de la crisis económica que comenzó a fines de 2007 se prolongan hasta hoy, y sólo en Estados Unidos se nota una clara tendencia hacia la recuperación. La probabilidad futurista de un “gran juego” entre Estados Unidos y China por el predominio mundial tarda en adquirir perfiles precisos, a causa de factores económicos y sociales que obligan al gobierno chino a priorizar los problemas internos de su país por encima de los internacionales.

La discusión en el seno de la Unión Europea, entre los criterios monetaristas dominantes y las posiciones neo-keynesianas rebeldes, avanza a paso de caracol. La tensión surgida entre Rusia y el Occidente en torno a Ucrania afortunadamente también se mantiene en el ámbito de la cautela: aunque atruenan voces iracundas y ciertos grupos anhelan una nueva Guerra Fría, los intereses económicos bien ponderados de ambas Europas las impulsan a mantener el diálogo en busca de conciliación.

En el Medio Oriente (ampliado hacia Noráfrica y Asia Central) la violencia es grande pero mantiene un carácter localizado, por el encomiable empeño de las potencias externas en evitar intervenciones militares directas.

América Latina y el Caribe han estado divididos durante los pasados quince años entre gobiernos de tendencia izquierdista y otros orientados hacia la centroderecha. Los primeros, dirigidos por Brasil como verdadero centro de poder emergente, tuvieron la voz cantante pero sufrieron el inconveniente de quedar fraccionados entre dos corrientes a la larga irreconciliables: la una democrática, racional y gradualista; la otra autoritaria, dogmática y gritona.

Esta última corriente, creada por Hugo Chávez y hoy mal manejada por sus epígonos, ha terminado por infectar y desprestigiar a la izquierda decente, debilitada además, en el caso de Brasil, por la cambiante coyuntura económica. Por ambos motivos, se presagia un viraje general de la región hacia posiciones políticas más derechistas o convencionales.

Cuba –caso especial desde hace 56 años– , con su liderazgo culpable de tiranía y de fracasos socioeconómicos, pero indudablemente inteligente, ha leído correctamente los mensajes escritos por la mano lenta pero segura de la causalidad histórica, y ha comprendido que debe decir un adiós definitivo a las utopías estalino-fidelistas de tiempos pasados, y acoger un nuevo modelo de economía mixta y de gradual liberalización generalizada que, idealmente, la podría transformar de comunista en socialdemócrata y que, en todo caso, la reintegrará al mercado globalizado.

El gobierno venezolano es el único que hasta este momento se mantiene ciego ante las nuevas realidades. Aparte de estar infectado por la influencia de mediocres y corruptos, se aferra a esquemas simplistas que todo lo ven en blanco y negro sin marices intermedios, y que ignora los conceptos de gradualismo y de transición negociada.

Sin embargo, las duras realidades socioeconómicas y la creciente preocupación y acción persuasiva de gobiernos extranjeros (inclusive los de izquierda), podrían empujarlo hacia el salvador diálogo nacional.

 

 
Demetrio BoersnerDemetrio Boersner

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