Cuba y Venezuela
RUTAS CRUZADAS

caricatura obama castro maduro

Pensemos un momento. ¿A la luz del resultado de la II Cumbre Iberoamericana la estrecha relación entre los gobiernos de Venezuela y Cuba ha entrado en crisis terminal o se trata apenas de un desajuste transitorio?

Quienes no han seguido de cerca la evolución del proceso cubano cuando menos desde el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado en abril de 2012, apostarán automáticamente a la segunda de estas opciones. Incluso, los más invadidos de fatalismo atribuirán lo que el mundo está presenciando con gran interés, a una simple maniobra de los hermanos Castro “para ganar tiempo”. Fórmula a la que se plegaría dócilmente Maduro. Aquí valdría preguntar: ¿ganarlo para qué?. El tiempo de Cuba se agota y Raúl Castro lo sabe. El drama económico-social que afecta tan duramente a los habitantes no tolera retardos. La solución hay que encontrarla y aplicarla ahora, a riesgo de soportar estallidos sociales de creciente magnitud.

En el mencionado Congreso Raúl logró imponer el viraje hacia la apertura económica, camino vagamente parecido al de los comunistas chinos postmaoístas encabezados por Deng Xiaoping, el de la metáfora de los gatos. Fidel resistió ese viraje que fue haciéndose carne en el partido y el país. Pero bajo la presión nacional de cambio progresista, el universal fracaso del socialismo, su avanzada edad y sobre todo la terrible enfermedad que lo aquejó a la vista del mundo, terminó aceptando la victoria de su hermano.

El modelo cubano no nos sirve ni a nosotros, confesó con la muerte en el alma.

Aunque aún no se admita oficialmente, el raulismo significa “transición hacia el capitalismo”, con base en una estrecha relación con la poderosa nación norteña. Hay demasiados obstáculos que han de vencerse, incluidos los de la ausencia de democracia y de libertades en la Isla, pero que la estrategia debe acelerarse lo demuestra lo que se ha logrado o propuesto, y los grandes temas que ya figuran en la agenda. Puede asegurarse que no habrá vuelta atrás, tal vez desencuentros momentáneos, pero el signo de esta política es la rapidez. Y es que Cuba no da más. Despidos masivos que pueden llegar a dos millones en tres años, acompañados de fuertes reducciones del llamado salario social (medicina y educación gratuitas, comedores populares fuertemente subsidiados, al igual que la libreta de abastecimiento) Es un país cuyo salario promedio mensual es de USD 20. Todo eso pide inversiones foráneas masivas y subsidios, como los proporcionados por Venezuela, en este momento por razones obvias reducidos a la mitad.

Esa doble y contradictoria urgencia explica grandes decisiones como la creación de la Zona Especial de Inversiones situada en el Puerto de Mariel para atraer grandes inversiones transnacionales de Occidente, con la ayuda energética y subsidios solidarios inmediatos de Maduro, todo en nombre del socialismo. De modo que si Maduro es el oxigeno de corto plazo, Obama y la Unión Europea son la salida de fondo, la final, en el mediano plazo. Obviamente, Obama es para Cuba el futuro, mientras más próximo mejor mientras que Maduro es el día a día, con la particularidad de que Venezuela ya no es pródiga sino mendiga.

Sin perder un momento, Raúl concretó con Obama un raid de negociaciones en serio, a conciencia de que Maduro podría ralentizar este proceso con su inoportuna manía de atribuir a EEUU la secreta decisión de invadir a Venezuela y asesinarlo a él.

De modo que fue inevitable el cruce de caminos. Maduro bramando contra la “invasión” inminente de los marines, e insultando con todos los epítetos del idioma al presidente norteamericano, en tanto que Raúl no se ahorró elogios a favor de Obama. Uno lo llamaba criminal y el otro lo calificaba de hombre honrado, confiable, buen amigo.

La Cumbre lógicamente se concentró en el reencuentro amistoso de dos enemigos históricos y saludó el gran impulso al predominio del diálogo y el consenso, en lugar del insulto y la ruptura. Es por eso, sobre todo, que Maduro salió con las tablas en la cabeza, sin cartas que mostrar. Fallaron sus cálculos. Falló su estrategia y ahora parece encerrado en un dilema muy áspero.

Las rutas cruzadas han puesto en tensión la “granítica” unidad castrochavista. Es obvio que Cuba no puede hacer otra cosa que profundizar el acercamiento hacia su nuevo mejor amigo. Y aparentemente la misma convicción parece imponerse en EEUU. El liderazgo castrista, con varios logros alentadores en la mano, no daría pasos en marcha contraria, solo porque un golpeado aliado lo exigiera. Si ese fuera el caso.

En la misma Cuba una mayoría esperanzada (incluyendo la que late en el propio partido comunista) favorece la reforma raulísta y no quisiera retornar al pasado fidelista, de tanto esfuerzo y riesgo inútiles; mucho menos ahora, cuando el propio caudillo confiesa la debilidad del viejo esquema. Además no era nada sencillo encontrar señales y decisiones de parte de la potencia imperial como las que les han caído cual refrescante rocío.

¿Qué pueden hacer Maduro y Diosdado ante este nuevo e inesperado reto?

Su política también ha naufragado. Las cifras económicas y sociales son aterradoras. Ensayar una versión venezolana de la reforma raulista, tendría sentido. Pero la insistencia monotemática en que radicalizarán la revolución los deja a la intemperie. Alentaron la irracionalidad fundamentalista, que necesariamente se volvería contra ellos. Trágica disyuntiva. Si no hacen nada correrán el riesgo de condenarse a un destino muy sombrío, bien lejos además de la Cuba de sus tormentos

¡Cómo se revolvería el caudillo en su tumba del Cuartel de la Montaña, perdido el prometido mar de la felicidad!

 

 

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