El ABC de Claudio Fermín / Sociólogo y dirigente político “La política se ha vuelto el domicilio de los cogollos”

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“Este es un régimen que hace de la represión su principal arma”.

No hay canales para la participación ni para la incorporación de la gente. La Mesa de la Unidad Democrática es impenetrable. Los venezolanos quieren expresarse, quieren la libertad que el Gobierno no le está suministrando, opina el excandidato presidencial y promotor de la Plataforma Democrática Alternativa.

Manuel Felipe Sierra

Cuenta con una amplia experiencia y reconocimiento como dirigente político, ha sido candidato presidencial en dos oportunidades y en los últimos días, ha llevado a cabo una intensa movilización en el interior del país y ha realizado una serie de declaraciones conjuntamente con una serie de dirigentes nacionales en lo que se ha denominado Plataforma Democrática Alternativa, que si bien no es partido político, es un escenario en el cual confluyen venezolanos que comparten algunas ideas fundamentales. Sobre éste y otros temas conversó con nosotros para los lectores de ABC de la Semana.

— Recientemente declarabas que los asuntos públicos en Venezuela están a cargo de unas roscas o de pequeños grupos excluyentes. ¿Qué quieres decir con esto?

— Las decisiones públicas por definición nos afectan a todos por igual y por ello, lo democrático, pero también lo racional y lo justo, es que entonces todos los venezolanos tengamos derecho a involucrarnos en el debate de los asuntos que nos afectan, pero ahora no es así. Por ejemplo, no hay manera de que un venezolano común y corriente dedicado a su aula universitaria, a su gremio profesional, a su finca, a su casa de comercio o a sus asuntos vecinales, encuentre una avenida por donde influir en los asuntos públicos. Tradicionalmente, en las democracias esta función la cumplen los sindicatos y los partidos políticos fundamentalmente, que se convierten en correaje entre el ciudadano y las grandes decisiones y las grandes instituciones, pero en Venezuela esos canales o ductos de los partidos están actualmente obstruidos, la gente no participa, la militancia o los simpatizantes de diversos partidos forman parte de una identidad afectiva, de una tradición y están esperanzados en que esos partidos puedan conquistar un cambio, pero hoy en día no hay una participación real.

 

— Es decir que estamos en manos de los cogollos, en otras palabras.

— Ciertamente. La política se ha vuelto el domicilio de los cogollos, son unas élites. En el Gobierno, por ejemplo, hay una pequeña élite formada por cuatro o cinco militares que rodean al presidente Maduro, ya no es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) quien toma las decisiones, y hay un océano de gente disconforme que la mayoría de las veces no emite crítica alguna porque la retaliación sobre esta gente es tremenda, este es un régimen de amenazas permanentes. No crean que solamente el grupo Marea Socialista fue el que tuvo un asomo de disidencia, hay una multitud de venezolanos críticos que sienten que no pueden expresar sus pareceres. De esta manera, por un lado estos militares que acompañan a Maduro se creen albaceas del pensamiento y obra de Chávez y utilizan, manipulan y exprimen su imagen de manera tal que le sacan el provecho de ser los únicos intérpretes de esta tendencia política.

 

— ¿Y en la oposición?

— Por el lado de la oposición encontramos a tres o cuatro directivos de partidos políticos que han conformado una expectativa de unión que más bien es la antítesis de integrar, ampliar y sumar, porque ese mundo estrecho de tres o cuatro personas que conforman un cogollo llamado Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es impenetrable, la población no puede opinar, no hay manera de que los dirigentes estudiantiles, sindicales, productores agropecuarios, comunicadores sociales o académicos lo hagan.

 

— No hay canales para la discusión franca y provechosa.

— No hay canales para la participación, para la incorporación de la gente, para el debate, no hay escenarios democráticos, hay dos anillos que están blindados en los extremos y que además han desarrollado astutamente un mecanismo de chantaje que tiene a la sociedad oprimida.

 

— ¿Cuál es ese mecanismo?

— Todos aquellos seguidores del presidente Chávez o de su proceso que se atrevan a disentir de los errores y de las fallas del gobierno de Maduro los llaman “vendepatria”, “entregados al imperialismo”, o los califican con cualquier tipo de epítetos que los lastimen. Y aquellos que tienen ideas distintas de cómo se deben presentar soluciones al país y de cómo se debe hacer oposición, que no coinciden con ese anillo de la MUD, pues los acusan de haberse vendido al Gobierno. Entonces, el insulto, el chantaje, el arrinconar a la gente para que ella temerosa del qué dirán se inhiba, es el mecanismo que están aplicando ambos cogollos.

 

— Sin embargo, hay una diferencia muy importante, y es que lo que tú llamas el cogollo chavista se sabe que es así por su propia naturaleza, porque es un proyecto autoritario y militarista. Pero en el caso de la oposición la situación sería mucho más grave porque se supone que la MUD tendría que ser una cosa distinta, un escenario de mayor participación para reunir a esa inmensa porción de venezolanos que aspiran a la democracia.

— Exactamente. El cogollo chavista es muy grave y muy lesivo, pero no engaña a nadie porque ellos parten de la base de la disciplina del partido único, de la verticalidad, del líder máximo, eso forma parte de su morfología como partido. En cambio del lado nuestro, que se supone que somos los demócratas, los de la apertura, los de la sociedad abierta, hay una inmensa frustración porque la gente no encuentra canales de expresión. Frente a esto, en la actual circunstancia de un año en el que se va a elegir la Asamblea Nacional, esto ha hecho crisis porque la elección parlamentaria es el momento en el que los diferentes pueblos, comunidades y todos los sectores del país tratan de buscar un respiro, alguien que los represente que hable por ellos, que defienda sus aspiraciones, sus intereses y sus reivindicaciones. Sin embargo, no las encuentran porque el sistema tiene un embudo: todo aquel que represente a la oposición tiene que morir en el cogollo de la MUD, y todo aquel que represente al chavismo tiene que morir en Maduro y sus cuatro militares. Estos embudos son una falsificación de la vida en comunidad y de la democracia.

 

— Sobre todo cuando hay un país que aspira participar cada vez más en la política…

— ¡Claro! Por ello nosotros estamos presentando una solución, un escenario para que la gente participe, para darle voz a la gente y derecho de palabra. ¿Cómo? Haciendo consultas ciudadanas, y no es verdad que para ello se requiera al Consejo Nacional Electoral (CNE) o se requieran pagos de altos montos de dinero, las consultas a los ciudadanos lo que requieren es voluntad política de los promotores. En ese sentido, a través de la Plataforma Democrática Alternativa, nos hemos reunido personas procedentes de diversos partidos políticos, movimientos culturales, sindicales y gremiales para presentar esas soluciones y lograr esa participación.

 

— ¿Este es un movimiento con un perfil ideológico?

— No, no es un movimiento con un perfil ideológico en el sentido de que tengamos una rigidez doctrinaria, tenemos una amplia base democrática, creemos en la participación, predicamos que la consulta a los ciudadanos no es una cosa accesoria, al contrario, es fundamental para saber cuál es la aspiración del que va a ser representado, que es el motor de la asamblea porque es el que impulsa con sus votos a los diputados. De tal manera, en esta iniciativa plural y colectiva me ha correspondido el honroso trabajo de promoverla y difundirla, y en cada estado hemos encontrado actores distintos, hemos visto que cada estado tiene su especificidad. Por ello, vamos a promover las consultas en todo el territorio para que se dinamice la democracia. Además, como quienes estamos promoviendo esto somos personas comprometidas con el cambio político y económico, creemos que el país hoy se encuentra mal conducido y mal administrado, y como estamos interesados en que se produzca un cambio, quiero destacar también que para que ese cambio se produzca es necesario vencer la abstención y ello no lo vamos a vencer si al ciudadano no se le incentiva, se le compromete y se le convierte en protagonista. Entonces, las consultas tienen esa doble función, la función democrática de que allí emerjan los postulados y la función política de que ese sea el escenario de motivación.

 

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“Hay una inmensa franja de personas que no están de acuerdo con ninguno de los dos extremos”.

— Tras varios meses realizando este trabajo, ¿cómo valoras el impulso de esta propuesta que además se sustenta en una realidad, y es que hay una inmensa mayoría de los venezolanos que no encuentra canales para expresarse?

— En el caso de algunos de nosotros nuestro combate contra los cogollos es algo de muchos años y en el caso de la coyuntura actual, desde el mismo día que fueron electos los alcaldes que están hoy al frente de sus municipios yo comencé a recorrer el país para promover las elecciones de base para el próximo evento, porque el fenómenos más importante en esas elecciones fue el de la abstención y la abstención no se resuelve con dos cuñas en televisión o con campañas publicitarias, se resuelve con un cambio de actitud desde abajo, que la gente se sienta realmente identificada y valorada.

 

— Hasta ahora, ¿cuál es el balance de este trabajo?

— Nosotros comenzamos esa faena y en el camino hemos ido coincidiendo con mucha gente con otras iniciativas. Esto no tiene amo, esta es una bandera como la Fuenteovejuna, en manos de todo el mundo. Y puedo decirte que así como nosotros estamos promoviendo estas consultas hay estados donde esta idea es incluso previa a nosotros mismos, como en Barinas, Lara, Mérida y Sucre. Es decir, nosotros somos una pluralidad de dirigentes comprometidos con esta idea, pero no es de nuestra paternidad, esta es una gran rebelión cívica, la gente quiere opinar y participar. Yo soy muy optimista y pienso que esta fuerza volcánica, que es el deseo de la gente de participar, pueda vencer la apatía y la abstención, y ello le puede brindar a Venezuela una Asamblea Nacional que le sea útil y provechosa, porque en la actual ni se discuten los problemas del país, ni se legisla, ni se controla el gasto público. Pero no va a ser fácil esta campaña porque teniendo la Asamblea tan mala imagen, el ciudadano de a pie que anda en su propia faena haciendo cola y buscando productos, no tiene buen concepto de ella, así que tenemos que hacer un trabajo más arduo y es comenzar por promover la idea de que esa institución puede cambiar.

 

— Hay un resultado en el cual coinciden todas las encuestas, más allá de lo que pudieran ser sus intereses, y es que la mayoría de los venezolanos rechaza la política del Gobierno (fundamentalmente en materia económica) y hay un descenso en la popularidad del presidente Maduro, pero esas personas tampoco ven en la oposición una alternativa.

— Una de las demandas más universales que no tiene color político sino que es una demanda abierta es la democrática. La gente quiere expresarse, quiere asociarse, quiere la libertad que el Gobierno no le está suministrando, este es un régimen que hace de la represión su principal arma, hay un estado de amedrentamiento en el país y resulta que esa libertad que no se encuentra en un lado, cuando se voltea hacia pasa lo mismo, hay un estado de terror en estos cogollos porque exigen legitimidad y sumisión, no hay una valoración de la práctica de la libertad política, lo que se está valorando es la subalternidad. Entonces, al no haber una práctica libre de la democracia en el otro lado, la gente se inhibe. Cuando las conductas son más o menos iguales en muchos sitios la gente se desconcierta y por eso hay una inmensa franja de personas que no están de acuerdo con ninguno de esos dos extremos.

 

— ¿Qué se puede hacer para cambiar esta tendencia?

Sólo una conducta distinta, proactiva, que proponga soluciones, reconciliación y encuentro puede entusiasmar a grandes masas y sectores de la población que están descontentos con estos dos cogollos, unos con el Gobierno y otros con quienes no han planteado alternativas ni propuestas concretas. Por eso tenemos que dar un paso adelante, acabar con esta especie de segregación donde chavistas sólo andan con chavistas, adecos con adecos y empresarios con empresarios. Venezuela no puede seguir en esta actitud primitiva, por eso hemos conformado un grupo pluripolítico, para que defendamos las relaciones abiertas entre nosotros, es decir, la democracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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