LOS CABALLOS DE TROYA

 

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El Caballo de Troya, no la versión novelada de Benítez, sino la original, a la que hacen referencia Virgilio en la Eneida y Homero en la Odisea, refieren a la estratagema empleada por los griegos para penetrar, luego de diez años de asedio, la ciudad de Troya.

Fabricaron un inmenso caballo de madera y fingieron retirarse, haciendo velas de vuelta a Grecia a través del Mar Egeo. Creyendo que había sido abandonado, los troyanos arrastraron el pesado caballo a lo interior de sus muros, sin imaginarse que en sus entrañas se ocultaban los mejores guerreros helénicos.

Al amparo de la noche, las naves griegas regresaron y sus soldados, abiertos los portones por los infiltrados, penetraron la ciudad y la dominaron.

En la Guerra de Independencia, la sagacidad de Páez convirtió a sus lanceros en Caballos de Troya. El caso más emblemático fue la Toma de Puerto Cabello, al tocar la media noche del 7 de noviembre de 1823, dieciocho meses después de la Batalla de Carabobo.

Los lanceros, siguiendo órdenes de Páez, avanzaron desnudos con el agua hasta la cintura, vadeando los manglares al este de la ciudad, mientras del lado opuesto, cañoneras al mando de Renato Belouche, fingían un ataque marino, disparando contra las murallas de la ciudadela.

Las tropas del Valencey, acantonadas en el Castillo de San Felipe (hoy Libertador) ordenaron apagar las luces. Fue entonces, cuando al amparo de la oscuridad, los lanceros penetraron por un flanco que no estaba protegido.

“Nada podrán ver”, Fue la orden impartida, “Si tocas ropa, hunde la lanza. Si tocas piel, es tu compañero.”

Pocas horas después, el poderoso Valencey se rendía, y Páez entraba triunfante a Puerto Cabello.

Los “troyanos”, hoy comunes en el lenguaje cibernético, toman su nombre de la hazaña griega. Son programas aparentemente inocuos, que al abrirse pueden causar daños severos a una computadora, destruir documentos o sustraer información.

Algo similar puede ocurrir cuando el dinero o el temor llevan a candidatos vulnerables a traicionar a aquellos que le dieron su respaldo.

En las elecciones parlamentarias que se avecinan, el oficialismo, reducido a una minoría, tiene dos retos. Uno, obtener más diputados con menos votos en las zonas donde en el pasado fueron fuertes. Otro, introducir en circuitos que hasta ahora les han sido impenetrables, portentosos caballos… de madera, ¡cuidado!

En Caracas hay precedentes… y en Valencia también.

 

 
Jesús HerasNo photo
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