LOS QUE SE VAN

viajero se van del pais

 

Tenemos un amigo con cuatro hijos: un hijo profesor universitario; con su mísero sueldo apenas pueden sobrevivir él, su mujer, y sus cinco hijos, de edades entre los 19 y los 6 años. Estos últimos no han conocido nunca lo que es vivir en democracia y libertad, y con seguridad y esperanzas de tener alguna vez una buena educación. Espera una buena oportunidad de trabajo en cualquier parte del mundo para ir tras ella.

Otro hijo es ingeniero electricista. Tras un rápido divorcio, descubrió que su exesposa, en complicidad con sus padres (los suegros de él) lo había dejado en la calle, sin un centavo y sin sus hijos. Y por diferencias políticas fue despedido del empleo. En medio del estado depresivo provocado por ambas causas, se pasaba el día inventando qué hacer, sin encontrar otra cosa que puertas cerradas. En las industrias, por el deterioro de la actividad industrial. En la construcción, por la misma razón. Decidió irse a Australia, y allá consiguió trabajo rápidamente, se casó de nuevo y con su nueva compañera están construyendo su futuro.

El otro es médico. Recién graduado, estuvo trabajando día y noche por cinco mil bolívares al mes, hasta que se hartó de la falta de medicinas, deterioro de equipos. En fin, de presenciar impotente como los pacientes morían sin remedio, y nunca mejor dicha esa común expresión.

Y la hija se fue hace tiempo, y su éxodo no puede ser cargado a la cuenta de los ineptos que nos vienen gobernando desde hace quince años. Chávez apenas comenzaba, en 2002, a destruir esta pobre patria nuestra que ya venía mal desde los años de Lusinchi. Se enamoró de un turista suizo que conoció en Canaima, y al poco tiempo estaba ya formando un hogar a orillas del Lago de Ginebra. El abuelo conoce a su nieta por fotos.

Por eso mi amigo no culpa a los emigrantes, y mucho menos a otros futuros viajeros. Pero también comparte la opinión de los que sostienen que quien se va pierde, que Venezuela nos necesita a todos para meter el hombro y recuperar la libertad y la dignidad perdidas.

Como este se supone que es un artículo de opinión y es la de quien lo escribe y no la de su amigo, habrá que decir que estoy de acuerdo con mi amigo. Uno mismo pasa por situaciones similares, y sabe lo doloroso que es alejarse de los suyos.

Como sabrán algunos lectores de Albersidades , desciendo de un alemán que vino a Venezuela hace 91 años y aquí se casó con una venezolana. Muchos europeos han venido a Venezuela desde entonces, para quedarse en esta tierra bendita. No hace falta abundar sobre cómo esos inmigrantes adoptaron esta patria como suya ni por qué muchísimos venezolanos llevamos apellidos distintos a los tradicionales de la llamada Madre Patria, y con la cual se ha enfrascado ahora el Sr. Maduro en un pleito sin sentido, como todos los pleitos que entabla nuestro lamentable y nada enorgullecedor presidente.

Es una lástima que quienes pensamos en cambiar este bochornoso espectáculo de país por algo mejor estemos perdiendo votantes a marcha acelerada. Votos necesarios para vencer en la lucha electoral que se aproxima. Y eso tal vez sería lo único reprochable de su dolorosa partida.

Pero por eso los que nos quedamos debemos redoblar nuestros esfuerzos y acudir a votar.

Ya no es solamente por nosotros: también es por ellos, para que algún día decidan tener un muy feliz regreso.

 

 
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