No hay almuerzo gratis

 

metasSiempre he tenido una gran duda con “el regalao”. Usualmente involucra o un truco o una obligación escondida. Sin embargo es la estrategia más consolidada del mercadeo o la publicidad de productos y servicios de todas las grandes empresas privadas: un vaso, un lápiz, una gorra, una franela.

Regalan desde una calcomanía hasta un Ferrari. Cada milímetro está calculado, se crean lealtades y se atraen compradores. Pero los costos de esa publicidad, lo pagan con recursos que provienen de sus presupuestos, son privados.

Otro mensaje completamente distinto es la repartición de bienes y servicios gratis de este gobierno. Una obligación moral de todo gobierno es la creación de valor público: así, los gobiernos se esfuerzan en crear servicios de educación, salud y seguridad, para que sean “gratuitos” para el público beneficiario, más vulnerable, pero cuyos costos son cubiertos con los recursos del Estado, recopilados en impuestos fiscales, que involucra a todos los contribuyentes.

Es decir que no hay tal cosa como una “escuela gratis”, sino que el resto de los contribuyentes la pagan, para beneficiar a aquellos que no tienen los recursos para hacerlo. De esta forma se intenta que sea la equidad un mecanismo de crear mejor calidad de vida y oportunidades para todos.

Sin embargo, este gobierno dejó a los adecos y copeyanos como unos niños de pecho en materia de regalar: comenzando por bolsas de víveres, línea blanca, becas, vehículos chinos, hasta viviendas, por mencionar algunas de estas dádivas, regaladas por todos, sólo que con éstos populistas rojitos no sabemos a cuánto llegaron esas cantidades estrambóticas.

Lo bochornoso no es que sin tener los recursos para eso, se continúe con la regaladera para ganar lealtades, lo bochornoso es que lo logren. Y sea, a pesar de todo lo que se diga, lo que padecemos, escasez, enfermedades, mala educación, delincuencia, desmembramientos familiares e institucionales, sea la forma más efectiva de vender su franquicia política.

El gran invento populista ha sido la tarjeta de crédito para usar tu cupo Cadivi, que aunque pagabas con tu propia plata, nos permitía a un cambio de 6,30 Bfs /$, por ejemplo, acceder a cosas a un precio muy por debajo a los del mercado.

Muchos nos beneficiamos de ese subsidio al viajero para usos personales, pero muchos otros vivían de traer mercancía y revenderla, o del “bachaqueo” de las tarjetas, con infinitas formas “raspa cupo”, que han dejado bien parada la creatividad del venezolano.

Todo en una especie de “gran piñata” al que todo el mundo le da palo y obtiene su pedazo de renta petrolera. Ese sentimiento de tener mucho a cambio de poco, muy dentro de nosotros como país rentista, nos ha llevado a estas catacumbas.

Es la razón del malandro y del banquero, de la enfermera y del panadero, del político y del barrendero. Hay un dicho japonés, de Michichiro Matsumoto (1988) que puede ser una buena conclusión para todo esto: “Tada yori takai mono wa nai: Nada es más costoso que lo ofrecido gratis”. Todo tiene un precio, ojalá el nuevo gobierno, que vendrá, aprenda la lección.

 

Tomado de: talcualdigital.com 

 
Fernando NiñoNo photo

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