Lo que me dijeron los gitanos

 

Tiene que haber una lucha sin cuartel contra la corrupción, venga de donde venga

 

Viajo por el sur de España atendiendo una cordial invitación de Representaciones High Class a través de mi amigo Alexis Navas Magaz. Muchos años sin venir a Andalucía me hacen muy evidente el progreso de esta zona. ¡Si viajar al “tercer mundo” me hace ver cuán mal está Venezuela, estar en el primer mundo lo que me provoca es ponerme a llorar!

La primera vez que visité Andalucía fue en 1973. Venía de un país rico, con la clase media más numerosa y creciente de América Latina. Llegué a un país pobre, muy por detrás de los países de Europa Oriental, en aquel momento todavía tras la Cortina de Hierro.

Ese mismo año el Club de Roma realizó un estudio de prospectiva sobre cuáles países subdesarrollados a la vuelta del milenio alcanzarían los indicadores de desarrollo: su resultado arrojó que serían Venezuela, Irán e Iraq. Obviamente, el desarrollo no se mide solo por indicadores económicos o sociales. El desarrollo tiene que ver con libertades. Y estos tres países, de una u otra manera, cayeron en fanatismos o fundamentalismos que las cercenaron.

En España, por los vínculos con Venezuela, existe un gran conocimiento y una gran preocupación por lo que sucede en nuestro país. No ha habido quien no nos haya preguntado si es verdad que en Venezuela no hay alimentos de primera necesidad, que qué pasa con los hospitales, que hasta cuándo estaremos en esta situación. Lo peor es cuando nos miran con auténtica lástima y nos dicen con sincera conmiseración “esperemos que salgan de eso”.

Pero no “saldremos de eso” mientras “eso” no sea combatido con las armas que debe combatirse. Medidas económicas liberales, claras, sin segundas intenciones, que saneen nuestra economía y abran la posibilidad de que Venezuela sea atractiva para los inversionistas, no solo para quienes vienen a asegurarse de que cobrarán el dinero que nos prestaron ya nadie sabe en qué circunstancias.

Tiene que haber una lucha sin cuartel contra la corrupción, venga de donde venga. Y tiene que acabarse la hipocresía del Gobierno de echarle la culpa de nuestros males a otros. No es el imperio, ni Fedecámaras, ni los oligarcas. Es la incompetencia, más la corrupción, más la impunidad. Una suma que no tiene solución si no es eliminando los sumandos.

¿Estará dispuesto el Gobierno? Los gitanos del Sacromonte me dijeron que no.

 

 
Carolina Jaimes BrangerCarolina Jaimes Branger
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