El Confesionario: la división en la FANB es entre dignos e indignos

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana sufre los mismos embates que la crisis moral está descargando sobre la sociedad venezolana. Los uniformados malandros enriquecidos con codicia desbordada, están siendo rechazados por oficiales probos que ya no soportan tal insulto a su dignidad y al prestigio de la institución a la que han dedicado su vida y la formación intelectual y ética que les exige el compromiso de defensa de la integridad territorial de la nación, su soberanía e independencia.

No es una división entre “chavistas” y “antichavistas”, como quisieran algunos, sino entre dignos e indignos: están muy desprestigiados y carecen de auctoritas, los oficiales activos y retirados que se han dedicado a enriquecerse desde cargos públicos y en funciones propias de la FANB, traficando con contratos, contrabandeando productos subsidiados por el Estado (automóviles, cabillas, cemento, combustibles, alimentos y equipos del hogar, entre otros), traficando divisas y extorsionando a mineros, transportistas y empresarios en diversos puntos carreteros, aduanas, puertos y aeropuertos.

Eso está ocurriendo, y requiere la atención inmediata, sobria y responsable, del Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, presidente Nicolás Maduro Moros; el ministro de la Defensa, general en jefe (Ej) Vladimir Padrino López; el alto mando militar y los mandos de cada uno de los componentes de la FANB.

La arremetida fiscal y judicial contra el mayor general (Ej) Hebert García Plaza, ex viceministro de la Defensa, ex ministro de Alimentación y de Transporte Acuático y Aéreo, hombre probo y firme en sus convicciones, demuestra la inmoralidad enquistada en algunas áreas del Gobierno y la FANB.

Para algunos clanes que han amasado gigantescas fortunas en bolívares y dólares –mucho de ello, en cuentas y propiedades en el exterior- en nombre de la “revolución”, el “socialismo” y la “lealtad al Comandante Supremo”, no ha sido tolerable que se hurgara en graves corruptelas cometidas en la importación masiva de alimentos, y la gran estafa a la nación cometida en Cadivi-Cencoex, bajo conducción de militares, definitivamente asociados para delinquir y enriquecerse con recursos de la República destinados a servir al pueblo y al desarrollo integral de la patria, su economía y la felicidad social, como está estipulado en la Constitución vigente.

El presidente Nicolás Maduro puede enredarse más de lo que imagina, si sigue las pautas de quienes sin probidad ni honor podrían encarrilarlo a cometer injusticias como la comentada. Hay un país decente que resiste la inmoralidad desbordada, impune y pendenciera. Y no hablo de la interesada “división”  polarizante del cepo chavismo-antichavismo, interesado en perpetuar la politiquería y el latrocinio, como lo han hecho durante los últimos cuarenta años.

La acción depredadora de los corruptos se hace insoportable, inadmisible, y el presidente Nicolás Maduro, la fiscal general Luisa Ortega Díaz y la presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Gladys Gutiérrez, tienen en sus manos la inevadible responsabilidad de torcer el rumbo de pudrición y descaro que han impuesto las mafias civiles y militares que se han ensañado contra el erario.

No pueden seguir jugando con la fe pública y la confianza del pueblo en las posibilidades de transformación para la justicia social y el desarrollo armónico de la nación. La historia enseña que los pueblos despiertan y desplazan a quienes defraudan sus esperanzas. La Venezuela alternativa está en movimiento.

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