Esther Lissot de Feo La Cruz ha dedicado su vida a la labor social

Cerrando la edición, nos llega la triste noticia.

Ha desaparecido la primera, Primera Dama de la democracia en Carabobo, Esther Lissot de Feo la Cruz, una gran mujer que, nacida en 1917, y rodeada de toda su familia, hacia esfuerzos por llegar a los cien años. Casi lo alcanzó.

Esther Feo la Cruz fue una gran luchadora. Lucho por Valencia y batalló, al lado de su esposo, Salvador, por lograr para Carabobo su gran Universidad. Pero dejemos que sea ella misma, en esta hermosa entrevista que le hiciera Notitarde, quien nos cuente su periplo vital.

A sus familiares enviamos nuestra palabra de condolencia. Una abrazo solidario especial a sus hijos y nietos, y a sus queridos sobrinos.

Esposa, madre política y abuela de gobernadores, tía de nuestro querido Arzobispo, Doña Esther, o Esther a secas, Ud. hizo muchísimo bien en este mundo, bien merece descansar en paz.

 Consejo Editorial de ABC de la semana.

esther-lissot-de-feo-la-cruzLo que inicialmente comenzó como una entrevista con rigores periodísticos, terminó siendo una amena conversación de media tarde, tomando agua de papelón con limón e incluso con un pequeño recital de piano, que incluyó valses, uno que otro paso doble y tangos. “El piano no es que sea mi instrumento favorito, sino el que domino más, por mis conocimientos y estudios”, dice Doña Esther Lissot de Feo La Cruz, quien también es aficionada a la guitarra y el acordeón. “Tomé lecciones formales de piano desde los ocho años, primero en el Colegio de Lourdes y luego en la escuela de música de Rebeca Luyando”.

Doña Esther nos hace evocar la Valencia de antaño, cuya cortesía se mantiene incólume en las buenas maneras aprendidas en casa y reforzadas por una esmerada educación católica que le ayudó desde pequeña a sortear las circunstancias adversas. “Durante mi internado, las hermanas nos organizaron en grupos de oración para pedirle a San Juan Bosco por la salud de una niña gravemente enferma y la pequeña se salvó. Los doctores dijeron que era un milagro. Desde ese día me hice devota de San Juan Bosco y empecé a pedirle que me diera una gran fuerza de voluntad y buena cabeza”, recuerda.

Sin duda el santo escuchó las plegarias de aquella niña a quien de mucho servirían los preceptos del guía de los Salesianos, en las funciones que la vida le tenía reservada.

En tres momentos históricos distintos a Doña Ester le tocaría ser esposa (Salvador Feo La Cruz), suegra (Henrique Salas Römer) y abuela (Henrique Fernando Salas Feo) de tres gobernadores del estado Carabobo. La función social y la familia se convirtieron en los ejes principales de su fructífera vida.

“He vivido esas etapas muy complacida, porque los tres hicieron mucho. Henrique fue un gran gerente. Hay que ver el abandono en que encontró a Valencia y Carabobo. El tiene todo el mérito de poner a valer a Valencia. Hoy en día es una metrópolis. Después Henrique Fernando completó la labor de su padre. Salvador fue el primer gobernador de la democracia. Me siento muy orgullosa de los tres”.

Salvador Feo La Cruz se hizo cargo de la gobernación del estado el 13 de febrero de 1958. El país despertaba de los horrores de la dictadura militarista de Marcos Pérez Jiménez.

“El pueblo lo aclamó, tras un discurso que dio el 21 de enero de 1958 en la Plaza Bolívar, sobre el régimen de terror de la dictadura de Pérez Jiménez, que tenía amordazado al pueblo venezolano con las torturas de la Seguridad Nacional. Ese día fue arrestado por los esbirros del gobierno. En el calabozo le pusieron el “zarcillo de la reina”, que era una descarga eléctrica en la oreja. Pero el 23 de enero se va Pérez Jiménez y lo liberan”.

Doña Esther cuenta que José Regino Peña, gerente del Banco de Venezuela, lo fue a liberar de la cárcel. “El pueblo estaba en la calle y fue hasta el frente de mi casa gritando: “Viva el líder de la democracia, queremos que sea el gobernador”.

Posteriormente cuando se forma la Junta de Gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazabal, Feo La Cruz recibe una petición formal de encargarse de la Gobernación, pero no acepta, porque tenía una gran responsabilidad en su Escritorio Jurídico con más de 20 poderes fijos y una numerosa clientela. “Cuando vi tanto interés de la Junta de Gobierno, pensé en los estudiantes, por tan gratos recuerdos que tenía de ellos, cuando me eligieron su reina. Le dije yo estoy segura que si tu aceptas la gobernación con la condición que te den la Universidad, te la dan. Yo te voy a ayudar con el alma, la vida y el corazón”.

Tras muchos obstáculos, luego de hacerse cargo de la gobernación, Feo La Cruz inauguró la Universidad de Carabobo con sus tres facultades el 11 de octubre de 1958 a las 11:00 a.m. en el Teatro Municipal. “Yo atendía de 80 a 100 personas diarias, porque mi casa tenía mucho terreno, teníamos como 30 árboles de frutas. Me llevaban enfermos, locos, y les conseguía un lugar en el hospital. Fue una gran lucha, pero mientras yo atendiera al pueblo y se sintiera contento, la Universidad saldría adelante”, recuerda Doña Esther. “Nunca le he negado la ayuda que pueda darle a una persona que me necesite. Tengo fama de eso. No puedo negarme cuando veo una necesidad”.

Doña Esther venía de una fructífera labor como presidenta de la Sociedad Bolivariana y del Rotary Club, experiencia que utilizó para salir adelante en sus compromisos como primera dama y mano derecha de su esposo. “Salvador sólo estuvo un año en la gobernación, por manipulaciones políticas y canallas, de manera que salió del cargo, endeudado, calumniado y con el escritorio en el suelo. Pero quedó su obra, la Universidad de Carabobo”.

Los primeros años de la vida de Doña Esther transcurrieron en los hermosos parajes que caracterizan a los Valles Altos de Carabobo pero siendo aún una niña, una irreparable perdida la llevaría a Valencia “Nací en Miranda donde mi papá (Juan Lissot) tenía la Hacienda El Juncal, un trapiche de caña, donde hacían papelón. Su otra propiedad estaba en Nirgua, una hacienda cafetalera, El Rosario. A los siete años murió papá, así que mi hermana Mercedes y yo crecimos sin él. Mi mamá (María Luisa Pignataro) se vino para Valencia, vendió las haciendas y se compró seis casas, en una vivíamos y con las otras nos sosteníamos. Yo continué mis estudios en el colegio de Lourdes. Cuando muere mi mamá a los 16 años, nos tuvimos que ir internas para Caracas para el Patronato de San José de Tarbes, de las mismas hermanas del colegio de Lourdes y allí pasé cuatro años hasta los 20”.

A los 15 años había sido electa reina de los estudiantes. “Me dedicaron la revista ‘Ellas’, de Caracas, con mi retrato en la portada que decía ‘Su Majestad Esther I, Reina de los Estudiantes'”. Al poco tiempo ganó el concurso de Miss Carabobo, organizado por el diario El Mundial. Corría el año 1932.

“Luego del internado, mi hermana se casó con Chucho del Prete y yo conocí a Salvador Feo La Cruz, estudiando primer año de derecho. Tenía 18 años. Lo primero que me regaló, por la ventana, porque sólo eran permitidas las visitas de esa manera, fue un ramo de Claveles que todavía conservo montado en un cuadro, junto a la imagen de San Juan Bosco”.

Esos claveles han sido conservados durante 67 años. Una muestra de su entrega y devoción por los seres que ama. “Siempre tengo algo para la familia. El día de la madre vinieron todos a visitarme, hasta los más chiquitos. Cinco hijos, 15 nietos y 16 bisnietos. Henrique Fernando vino a las siete de la mañana. Todos son muy especiales conmigo. Las viejas unimos a la familia. Yo le doy gracias a Dios de haberme dado esta vida larga. Soy la ‘yeya’ de todos”.

 
Alexander MendozaNo photo

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