LA SALIDA, DE PEROGRULLO, DE ESTA CRISIS

06 Flecha sale huecoCuando veo en TV a chavistas y opositores diciendo que la solución de nuestros problemas económicos consiste en aumentar la producción, cosa de Perogrullo, no puedo menos que pensar en aquel tipo paupérrimo al que le decían que si quería salir de abajo solo tenía que hacerse rico, y cuando él preguntaba: “Ok, pero, ¿cómo se hace eso?”, nadie le contestaba.

Está claro que aumentar la producción es la solución de los problemas en la medida en que se logre satisfacer nuestras necesidades, pero la incógnita es precisamente lo que decía el pobre del párrafo anterior: ¿cómo se hace eso? Veamos.

La respuesta inmediata, aunque también algo de Perogrullo, es: aumentando sustancialmente la inversión, tanto pública como privada. ¿Por qué? Pues porque la producción es directamente proporcional a la capacidad productiva, y ésta solo se puede aumentar con inversión. Tan sencillo como eso.

Pero otra vez llegamos a lo mismo: ¿y cómo se hace eso, es decir, cómo se logra el aumento de la inversión pública y la privada? Salgamos de las perogrulladas y comencemos a concretar.

La inversión pública es la que le toca hacer al Gobierno para proporcionar la infraestructura necesaria para que se pueda producir, que consiste en obras de vialidad, de generación de electricidad, de suministro de agua y disposición de las aguas usadas, etc. Ello requiere que el Gobierno, que (ñemeo aparte) aquí quiere dedicar todos sus recursos al consumo de las clases populares (¿será por los votos?), dedique una parte de esos recursos a crear y mejorar dicha infraestructura. Con la ideología y la visión de la gente que nos gobierna, no soy muy optimista sobre esto.

Y ahora llegamos al meollo del asunto: ¿cómo se logra una inversión privada abundante?

Aquí se requiere de un montón de cosas, las cuales están, no lejanas, sino lejaníííísimas.

Los inversionistas privados no son marcianos, sino personas y empresas, nacionales y extranjeras que, como están arriesgando sus capitales, exigen diversas condiciones, entre las cuales destaca la existencia de un estado de derecho que no solo tenga leyes claras y razonables (que ésas las tiene cualquier país), sino que éstas se respeten y se cumplan. El sistema de justicia tiene que ser imparcial, y no como el nuestro, en el cual las autoridades judiciales solo fallan a favor del Gobierno. Aquí no hay respeto por la propiedad privada; se expropia y se confisca ilegalmente, sin causa y sin pago; se aprueban leyes y decretos anticonstitucionales, etc. Ya, solo por ese lado, las cosas andan mal.

Pero además están los requerimientos económicos.

Los inversionistas no meten plata donde hay control de cambio (esto es ultra primordial) pues, entre otras cosas, tienen que rogar al Gobierno que les dé los dólares que necesitan para producir, y además no pueden sacar sus ganancias, como ha sucedido aquí desde el control que puso Chávez.

Ellos quieren un sistema económico en que funcione un mercado libre, y no uno donde todos los precios estén regidos por una ley de precios “justos”, controlada por el Gobierno con criterios cerrados, ni donde se tenga que producir lo que éste diga, y enviarlo a donde éste quiera.

Los inversionistas exigen un manejo económico sensato, y no uno donde, con un férreo control de cambio, se sobrevalora la moneda de una forma tan brutal, que a cualquier productor lo envían a la quiebra en un dos por tres; no uno donde el Banco Central emite dinero sin ningún control, generando una loca inflación; no uno donde con esa inflación, te fijan tus precios en base a los costos de hoy, y no te los revisan sino hasta dentro de 2-3 años, durante los cuales tienes que trabajar a pérdida; y pare usted de contar.

Igualmente, los inversionistas no aceptan convivir con un gobierno que continuamente los insulta, los trata de ladrones capitalistas, de explotadores de sus trabajadores y los consumidores, y les echa al pueblo en su contra de forma harto peligrosa y permanente.

En fin, lamento decir que con un marco como el descrito, que es el que tenemos hoy en día, absolutamente ningún privado, nacional o extranjero, va a invertir ni un mísero céntimo aquí.

Además, hay que recalcar algo de extrema importancia: para invertir, los inversionistas no solo exigen que todo lo anterior se cumpla en el momento en que evalúan si hacer o no una inversión, sino que requieren una seguridad razonable de que esas condiciones se mantendrán por al menos unos 10, 15 o 20 años.

También debe tenerse en cuenta que aunque se logre un incremento sustancial de las inversiones, el aumento de la producción no se da de la noche a la mañana; tarda años.

Bueno, con esto dejo a mis amables lectores la tarea de sacar sus propias conclusiones acerca de las posibilidades de que se aumente la producción nacional y salgamos del hoyo.

 

 
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