PATRIOTA SOMETIDO

 

Cada vez que el Gobierno hace anuncios o anuncia que va a realizar cambios y “revolcones”, la desesperanza y la incertidumbre aumentan en la población. El efecto es contrario a lo que intenta el Presidente porque ya son pocos los que creen en controles, en estatismo, o en acciones militares al frente de tales campañas que no generan resultados.

Cada medida hace desaparecer más productos, incrementa la inflación y crea más obstáculos a la producción.

Cuando se inició el gobierno de Nicolás Maduro la escasez cubría quizás unos cinco productos, dos años después están en la lista en casi todos los productos de la cesta básica, repuestos, medicinas y toda clase de insumos necesarios para la producción. Las consecuencias directas de eso es que este año la inflación estará por encima de 100% y muchos por necesidad pagan cualquier precio a cinco o seis veces su valor por necesidad.

Por eso el aumento de sueldos generales que se hace cada primero de mayo resultará inútil para la gran masa laboral que aún permanece en el mercado formal.

Aunque la gente no se manifieste en la calle en protestas contundentes: pesimismo, tristeza e inconformidad, son sentimientos que se manifiestan en cada mercado, en cada cola donde se hace alguna gestión pública. Es un país que se ha llenado de gestiones, de permisos, de trabas impuestas para acciones tan básicas como comprar alimentos, medicinas, repuestos, para viajar, ir a un centro de salud.

¿Cuál es el número de su cédula? Pregunta la funcionaria que cuida la cola frente al comercio a donde llegaron las toallas sanitarias. Pero a pesar de la desventurada expresión con que la “patriota” le implora que no puede esperar hasta el viernes, que se trata de una emergencia, la inconmovible regla le indica que ese día no puede comprar.

La escena es cotidiana en la Venezuela “bolivariana”, para el venezolano de la calle, de aquel que no está en el poder o cerca de él, pero devela al mismo tiempo la aparición de un ciudadano sometido e impotente frente al Estado todopoderoso. Ese Estado ineficiente manejado por un gobierno que se forjó bajo la figura de Chávez con viejas fórmulas del socialismo cubano y degeneró en corruptelas en todos los niveles, para terminar destruyendo casi todo el aparato productivo.

Ese ciudadano opta por el momento, por regresar a su casa con las manos vacías mientras se guarda la rabia para sí mismo, mientras otros encuentran en ello un nuevo modo de ingresos sirviendo como bachaqueros en la economía informal. Eso es una bomba de tiempo que nadie sabe cuándo puede estallar.

Los estudios de opinión ya registran ese sentimiento de inconformidad en la población, que al mezclarse a la rabia y a la frustración puede tener destapes impensables.

Ya la gran mayoría del país, que podría estar entre 70 y 80 por ciento, está de acuerdo con la necesidad de un cambio político en el país. Según el último sondeo de la encuestadora Varianzas, 57% de los consultados piensa que ese cambio debe ocurrir antes del 2019, cuando están previstas las elecciones presidenciales.

Maduro ha perdido gran parte de su base política y lejos de buscar el diálogo, de utilizar los mejores recursos humanos para manejar el país, hace todo lo contrario. La radicalización que ha escogido su gobierno no ofrecerá resultados tangibles. La inseguridad, la escasez y la inflación seguirán adelante pero con la gran mayoría de los venezolanos en contra.

 

 

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