PRIMARIAS 2015

 

tom jerry big

Este domingo se celebran las primarias de la Unidad Democrática. Es el prólogo de una nueva etapa del juego del gato y el ratón que ha caracterizado la política venezolana desde que Chávez en 1999 arribó al poder.

El más fuerte (lógicamente el gobierno) busca atrapar al más débil pero éste siempre se salva por un pelo, en unas, porque le conviene al primero o éste cometió algún error, en otras, porque están entendidos entre sí. Es un juego interminable, el nuestro, el venezolano, un juego que nadie termina de ganar, pero que a la larga va debilitando a ambos, sin saberse a ciencia cierta quien resultará vencedor.

Esta vez, sin embargo, hay novedades. El ratón quiere jugar pero el gato rehúsa, de manera que las Primarias que celebraremos este domingo, con todo lo que de corazón le han puesto los candidatos, corre el riesgo, a la postre, de convertirse en un triunfo por forfait… del ratón.

Todo comenzó con la contratación de Smartmatic (en grosera complicidad con algunos factores de la Oposición)[i], no obstante lo cual fue necesario que el CNE invirtiera los resultados con la “ayudita” de Carter, para transformar a quien había perdido por 20 puntos, en triunfante ganador.

En elecciones posteriores, las autoridades aprendieron a manejar con mayor destreza las maquinitas. Pero no sin antes cometer errores. El caso más visible que conozco ocurrió en Carabobo, mi estado natal, cuando el General Luis Felipe Acosta Carlez, recién egresado del servicio activo, se impuso por algo así como un 1% al popular gobernador del estado, pero el CNE olvidó aplicar el mismo algoritmo a los votos para la legislatura por lo que, mientras el portaviones de la fórmula perdía la reelección, todos sus diputados ganaban ampliamente sus respectivas circunscripciones.

Después supe que no era, la de Carabobo, una experiencia excepcional. Esdata, un organismo científico muy serio con que cuenta Venezuela, empleando una metodología de comprobación estadística mundialmente certificado, ha determinado en numerosas ocasiones, que para derrotar al candidato oficial se requiere un margen que varía de estado en estado pero que siempre favorece al gobierno. En Carabobo, un estado militarmente estratégico, el margen para elecciones a Presidente o a gobernador ronda el 21%.

Pero todo se ha mantenido en sepulcral silencio. Muerta la Coordinadora Democrática, tras el fiasco del revocatorio, algunos factores de la Oposición, primero, y la Mesa de la Unidad después, optaron por ocultar la verdad “para no ahuyentar al votante”. Algo tan pueril, y por pueril sospechoso, como decirle a un ejército a punto de entrar en combate que el enemigo está en un valle, cuando está encaramado en una montaña, preparando una emboscada.

Luego del boom editorial de Búmeran Chávez, precedido por copiosas fuentes que cuestionan la imparcialidad del sistema electoral venezolano, la Mesa de la Unidad no querrá callar más. Sobre todo cuando esta vez el gato de nuestra historia, el Régimen, ni con trampas podría atrapar al ratón.

 

[i] No es la primera vez que lo afirmo.

 

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