EL HAMPA Y EL CHAVISMO, A POR LOS DIRIGENTES ESTUDIANTILES DE VENEZUELA

El dirigente Conan Quintana, denunciando el asesinato de una estudiante de 19 años

Venezuela ha vivido este fin de semana la última muerte a tiros de un dirigente estudiantil, que precisamente había denunciado pocas horas antes la inseguridad imperante en su país. Conan Quintana, de 28 años, fue abatido en la madrugada del viernes cuando, junto a dos compañeros, se resistió a perder su camioneta y otras pertenencias frente al asalto de dos hombres armados al noroeste de Caracas, la segunda ciudad más violenta del mundo.

Según informa el diario «El Nacional», los tres jóvenes, menores de 30 años todos, esperaban frente a la parroquia de La Candelaria a unos amigos cuando fueron asaltados. Desgraciadamente, esta escena es habitual en la capital venezolana desde hace una década, por la multiplicación de bandas armadas. Para hacer más sangre, la muerte de Conan se produjo a escasos metros del Ministerio del Interior, donde sus compañeros más cercanos de la Asamblea Candelaria organizaron una protesta frente al edificio para pedir justicia.

«Exigimos que el ministro González López dé la cara por la muerte de un chamo humilde. Conan se ha convertido en un mártir; ese chamo era mi hermano y el de todo el pueblo caraqueño», dice con rabia a ABC Carlos Julio Rojas, también dirigente estudiantil y uno de los mejores amigos de Conan. Con vehemencia pide que se luche contra la impunidad de estos asesinatos, precisamente contra aquellos que los denuncian.

La inseguridad es junto al desabastecimiento la principal preocupación de los venezolanos en un 75%, según el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD). Además, según la ONG Observatorio de la violencia, el 83% de los ciudadanos teme ser víctima de un incidente violento en el transporte público y siete de cada diez asegura haber cambiado sus hábitos de ocio para evitar la violencia del hampa.

En otro de sus últimos tuits, Conan denunciaba la muerte a tiros de un estudiante dentro de la Universidad Central de Venezuela.

Otra de sus denuncias fue en enero de 2014, en el preludio de las revueltas venezolanas que se cobraron 43 personas muertas y 878 heridos por la violencia policial. Conan denunciaba otro asesinato, el del profesor Guido Méndez de la universidad pública caraqueña IPC-UPEL, que se encontraba junto a su madre en su apartamento en Caracas.

 

Normalización de la violencia

El corresponsal de ABC en Washington, Emili J. Blasco, escribe en su nuevo libro «Bumerán Chávez» que el fomento de bandas callejeras armadas «como contratuerca de la revolución», la asociación con grupos terroristas y el patrocinio del narcotráfico han alimentado un aumento de la violencia y del consumo de drogas que se ha cebado especialmente con las clases más débiles.

Pero esta violencia llega como una suerte de bumerán a los propios dirigentes chavistas, como fue el caso de la muerte de Robert Serra, una de las promesas del oficialista PSUV. Elegido en 2010 como diputado, el más joven de la historia en la Asamblea Venezolana a sus 23 años en octubre de 2014, Serra fue pasado a cuchillo en su apartamento en Caracas. El entonces ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, aseguró que los malhechores no eran del «hampa común» sino que el asesinato estaba planificado y ejecutado «con gran precisión».

Sea como fuere, producto de la impunidad reinante en Venezuela, como denuncia Amnistía Internacional, lo peor de estas muertes parece ser la normalización de la violencia: pocos parecen ya conmoverse ante el asesinato del prójimo.

 

@ABC.ES

 
F. J. CaleroNo photo
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