ARABIA SAUDITA Y EL ISLAM RADICAL

estado islamico

En 1979, el Rey Fad de Arabia Saudita tomaría una decisión cuyas consecuencias aún se hacen sentir en el Medio Oriente y más allá: otorgaría inmensas cantidades de dinero para promover el Islam Wahhabi, una de las vertientes más radicales del sunnismo, alrededor del mundo, y daría a los clérigos más radicales del país control sobre importantes aspectos de la vida diaria de los sauditas. Dos eventos en 1979 habrían servido como catalizadores de esa importante decisión.

En enero de 1979, el Ayatolá Khomenei alcanzaba el poder en Irán y establecía una teocracia shiíta (una rama de Islam que los clérigos radicales sauditas consideran hereje). En noviembre de ese mismo año, otro evento cataclísmico tendría lugar en Arabia Saudita. Un predicador beduino y cientos de sus seguidores harían lo impensable, tomarían la Gran Mezquita de la Meca por las armas y secuestrarían a todos los feligreses en su interior, convencidos de que innovaciones recientes en el país, como la apertura de cines, la aparición de presentadoras de noticias y la tolerancia de los shiítas, constituían graves violaciones de la letra del Corán. Durante dos semanas el gobierno sitiaría la Mezquita hasta que, finalmente, con la ayuda de comandos franceses, lograría controlar a los infractores. 1.000 personas morirían en la operación.

Los clérigos sauditas alarmados por el ascenso de una teocracia shiíta a sus puertas y sintonizados con las demandas de quienes habían secuestrado la Gran Mezquita, insistirían en la necesidad de compartir el poder con la familia Al Saud y jugar un papel más prominente en la administración del poder. El Rey Fad, hijo de Abdulaziz Al Saud, fundador de Arabia Saudita, enfrentado con las demandas de los clérigos wahhabistas emplearía algunas de las mismas estrategias que su familia había utilizado en el pasado para mantenerse en el poder. Cedería táctica y temporalmente ante la presión y utilizaría los amplios recursos del reino para balancear los intereses sociales y religiosos del país.

arabia_saudi_banderaPara apaciguar la ambición de poder de los clérigos, pero sin perder el control del gobierno, el Rey Fad daría al establecimiento religioso wahhabi carta blanca sobre las instituciones religiosas y educativas del país, entre otros aspectos de la vida diaria de los sauditas. Por ejemplo, el 70% de los más de tres mil supervisores de las escuelas públicas en Arabia Saudita, pasarían a ser conservadores wahhabis, cuya prioridad no era la reforma educativa sino la ortodoxia religiosa.

Al mismo tiempo, el reino saudita invertiría alrededor de 75 mil millones de dólares para difundir el Islam Wahhabi alrededor del mundo, creando más de 200 universidades islámicas, 210 centros islámicos, 1.500 mezquitas e incluso 2.000 escuelas para niños musulmanes en naciones no-islámicas. El Reino Saudita también distribuiría más de 138 millones de copias del Corán y daría miles de millones de dólares a extremistas religiosos en Afganistán, Chechenia y Bosnia, sentando las bases para el yihadismo que tumbaría las torres gemelas tres décadas después y que hoy azota al Medio Oriente y el Norte de África.

Luego de una serie de ataques terroristas en suelo saudita en 2003, las cosas comenzarían a cambiar al interior del país. La familia Al Saud balancearía una vez más las demandas de los grupos sociales y religiosos del país, silenciando las voces que pregonaban un Islam más radical, despidiendo más de dos mil líderes de mezquitas, censurando los sermones de los viernes y monitoreando las mezquitas, clases religiosas, universidades y escuelas. Pero para ese momento, la llama yihadista ya estaba fuera de control. Toda una generación había crecido bajo la influencia de una de las corrientes más radicales del Islam sunnita.

Hoy en día, ciudadanos sauditas como el que describe Karen Elliot House en su libro Sobre Arabia Saudita, ven al yihadismo como un estilo de vida. Nacido de una familia clase media, Khalil cursó el bachillerato con buenas notas, obtuvo un grado técnico en electricidad y consiguió un empleo en la compañía de electricidad local. Se aburrió, se volcó a la religión, compró cintas sobre el Yihad, decidió unirse a la causa rebelde islámica en las Filipinas. Allí conoció otros yihadistas, fue a dar a Afganistán, se entrenó en todo tipo de armas. Pero se sintió decepcionado por el vacío espiritual que encontró, regresó a su casa, sus papás lo acogieron y volvió a su viejo trabajo.

Nuevamente se sintió perdido y regresó a Afganistán, sufrió los bombardeos estadounidenses, fue capturado en la frontera con Pakistán y terminó en Guantánamo. Hoy en día vive en Arabia Saudita, luego de ser rehabilitado, se casó y tiene un hijo. Personas como Khalil alimentan hoy en día las filas de grupos islámicos extremistas en todo el Medio Oriente.

 

 

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