El ABC de Manuel Arcaya / Presidente del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela
“Hay razones para estar angustiados, lo que se avizora es una situación nunca vista”

“Estamos participando activamente en el proceso de beatificación de José Gregorio Hernández”.

“Estamos participando activamente en el proceso de beatificación de José Gregorio Hernández”.

La política es únicamente para los laicos. Veo el rol de la Iglesia en varios sentidos. Estamos padeciendo una excesiva pragmatización que nos coloca de espaldas a una perspectiva histórica de trascendencia, señala el directivo.

 

Es abogado, un hombre parco, amable, de hablar pausado y rasgos serenos. De pocas palabras, pareciera que prefiere escuchar. Aparentemente indulgente pero disciplinado y metódico. Exhibe la estatura elevada de los corianos y la delgadez característica de los Arcaya, legendaria estirpe de historiadores, abogados, arquitectos y académicos originaria del estado Falcón. Cultiva la parsimonia y la moderación. Nada hace sospechar al católico militante de firmes convicciones que habita detrás de esa sobria personalidad de profesional circunspecto, que sólo se descubre asomándose al trabajo que por seis años lleva desarrollando al frente del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela. Éstas son las reflexiones de uno de los hombres más cercanos a la jerarquía católica venezolana para los lectores de ABC de la Semana.

 

– Se encuentran celebrando su Asamblea General Anual, incluido el cambio de directiva, así que termina la presidencia de Manuel Arcaya…

– Tenemos la asamblea el 29, 30 y 31 de este mes de mayo.  Nuestros estatutos permiten ejercer la Presidencia por dos años, por lo tanto es hora de renovar. Corresponde un cambio de directiva. Eso no impide que yo siga acompañando a quien quede electo en la Presidencia, si es el deseo de la nueva Junta Directiva.

 

– Tal vez, puesto que ustedes trabajan de bastante bajo perfil, muchos no sepan qué es el Consejo Nacional del Laicos. ¿Podría explicarnos?

— Es una institución que fue creada por la Iglesia con el fin de aglutinar los esfuerzos del laicado venezolano, ya se encuentre agrupado en movimientos u organizaciones eclesiales, tengan un apostolado individual o bien representen el catolicismo en diferentes áreas de la vida del país sin estar participando directamente de la vida eclesial como serían los movimientos de apostolado.

 

– ¿Cuáles son las grandes líneas de trabajo en este momento?

– Desde que tomé la dirección, con el equipo que me ha venido acompañando, hemos llevado adelante dos líneas: una, la formación del laicado y luego la creación de organizaciones intermedias que puedan mostrar el catolicismo en sus diferentes áreas del quehacer diario. Fundamos la representación venezolana de Uniapac, organización mundial que agrupa a empresarios católicos y cristianos en función de mostrar la cara del catolicismo en la actividad empresarial y emprendedora. Estamos haciendo esfuerzos –y estoy seguro de que tendrán continuidad— para crear otras organizaciones, por ejemplo, de periodistas católicos, de médicos católicos, de abogados católicos y así en todos los sectores, buscando la consistencia entre el pensar y  el actuar de los católicos venezolanos, para que lo hagamos con organicidad.

 

–   ¿Funcionan en toda Venezuela?

– Efectivamente, en cada una de las diócesis existen —o deben existir— consejos diocesanos de laicos y es la sumatoria de todos estos consejos regionales que conforman la estructura del Consejo Nacional. Esa es la Asamblea que se reunirá en estos días.

 

–  ¿Con qué objetivo, cuál es el impacto que esperan tener en la opinión pública?

–  Es nuestra tradición organizar las asambleas alrededor de una temática y en esta ocasión será la participación de los laicos católicos en política, revisar la incidencia que debemos tener en nuestra actuación, no vista únicamente como política partidista sino como trabajo a nivel de diferentes organizaciones sociales, medios de comunicación y estructuras de todo tipo, a fin de que nuestras creencias y convicciones puedan motorizar un trabajo más comprometido y opiniones más sólidas.

 

Concilio Plenario Venezolano

 

–  El Papa Francisco acaba de exhortar a los obispos a no ser “pilotos”, con lo cual  aludía precisamente a permitir una mayor fluidez en el trabajo de los laicos, sin que esto quiera decir, en lo absoluto, que ambos quehaceres deben estar divorciados. ¿Cómo es esa relación en la Iglesia venezolana?

– Es un intercambio bastante fluido en estos momentos. Gran avance se obtuvo a partir de la realización del Concilio Plenario Venezolano, hace diez años, donde se plantearon las grandes líneas de acción y los retos de la Iglesia hacia su futuro. Allí participamos todos, la jerarquía, las congregaciones, los laicos. De allí emanó un documento que rige actualmente las relaciones y el trabajo de los laicos en la iglesia venezolana y en la vida del país. Lo llamamos “Los laicos, fermento del Reino de Dios” y lo conocemos como el documento Nº7. De forma que han sido muy fluidas nuestras relaciones, naturalmente con diferentes tesituras, no necesariamente ópticas pero sí estilos, pero con ello convivimos y nos vamos adaptando a las circunstancias.

 

–  Lo que sí es cierto es que la acción política es para los laicos, aunque a veces aparezca quien confunda los roles ¿Cómo insertar, en un contexto tan brutal como el que vivimos los venezolanos, la acción política de orientación humanista-cristiana por parte de los laicos?

–  La política es únicamente para los laicos. El planteamiento es fundamental y de eso trata justamente la temática en esta asamblea. Dejaremos constancia de nuestro criterio al respecto a través escritos y documentos que generaremos, haciendo especial insistencia en la invitación y el estímulo hacia los católicos a participar activamente en política e involucrarse dentro de las estructuras de los partidos. También en la creación y formación de opinión, en el seguimiento y evaluación de las gestiones de gobierno a todos los niveles, opinando acerca de la actuación de los partidos; supervisando el trabajo y decisiones de la Asamblea Nacional, emitiendo nuestro juicio al respecto. En todos esos niveles debemos estar los católicos vigilantes y críticos, igualmente aportando ideas y propuestas. Para ello es fundamental la formación individual y de equipo y por eso es una de nuestras principales preocupaciones y fundamental línea de acción. Hemos visto una deficiencia importante en la formación doctrinal y política de los católicos venezolanos en lo que se refiere a capacidad de análisis de esta compleja realidad.

 

“La legislación educativa ha puesto muchas trabas porque se orienta a la ideologización”.

“La legislación educativa ha puesto muchas trabas porque se orienta a la ideologización”.

– Lo cual se refleja en la propia participación política, no hacen diferencia…

– Definitivamente.

 

– Antes se notaba claramente la presencia de católicos aguerridos, sólidos intelectualmente, que tomaban iniciativas y dejaban huella en la política venezolana, no solo en los partidos sino en las organizaciones sindicales, profesionales, en la vida empresarial y académica. Hoy, se echa en falta esa capacidad de liderazgo…

–  Lamentablemente, no sólo se acentuó durante los años de este régimen, sino que la deficiencia ya venía de antes —y podría ser una de las explicaciones de por qué apareció  todo esto y se mantiene la debacle que hoy vivimos— estamos padeciendo una excesiva pragmatización que nos ha apartado de nuestro compromiso fundamental, que nos coloca de espaldas a una perspectiva histórica de trascendencia, fundamental para los cristianos, porque no nos permite agotar nuestro esfuerzo en las metas puntuales de la actividad político-partidista. Para nosotros debe ser de primer orden la moralidad, tanto en la prédica como en la praxis política; debemos privilegiar una visión a largo plazo y ejercitar el cuestionamiento sano pero consistente y persistente. El resultado de estos años vacíos doctrinalmente es el clientelismo y la corrupción. Se ha perdido la perspectiva de que la finalidad del político y la política es la consecución del bien común y no la satisfacción de las ambiciones de una persona o un grupo.

 

– Aún en los colegios católicos, que antes eran fermento de un liderazgo social proactivo y de primera línea, eso ha decaído. ¿Pretende el trabajo del Consejo Nacional de Laicos coadyuvar a fortalecer ese objetivo?

– Estamos en ese proceso, tenemos casi desarrollado un plan para llevarlo a cabo durante el próximo año escolar, por supuesto, primeramente en los colegios católicos pero aspiramos a llevarlo a todo el país. La legislación educativa ha puesto muchas trabas porque se orienta a la ideologización, lo que dificulta mucho el trabajo. Es una de las razones por las cuales la prioridad en la formación en valores y principios cristianos ha perdido fuerza. Y lo más triste es que nuestra formación católica aporta, en definitiva, buenos ciudadanos para la palestra pública. Eso explica que no veamos esos voceros en la calle, como sí los había en tiempos anteriores.

 

– ¿Qué se hace para respaldar la campaña de Beatificación de un laico venezolano, punto de unión entre quienes vivimos en este país marcado por el desencuentro y ejemplo de vida cristiana, como el Doctor José Gregorio Hernández?

– En el Consejo de Laicos estamos participando activamente en ese proceso. José Gregorio es un punto de unión, como bien dices, y jamás nuestro pueblo ha permitido que se convierta en instrumento político de nadie. Lo percibimos como por encima de las parcialidades políticas y, aún, por encima de la nacionalidad. Eso ha permitido que jamás decaiga la fe, el cariño y el reconocimiento que se conserva por este insigne médico venezolano. Para nuestra próxima campaña anual, “Un millón de niños rezando el rosario”, estamos incorporando una serie de micros, dando a conocer su valía, su vida como católico y su obra como ejemplo para todas las generaciones. Nuestro interés es muy grande ya que se trata de un laico y –con el favor de Dios— está próximo a la Beatificación. Lo que ha sucedido es que el proceso para la demostración de un evento que se pueda considerar milagroso es sumamente riguroso y es lo que ha explicado la tardanza en que esto se produzca.

 

– Hay otro venezolano, que ni siquiera milagro necesitaría pues fue un mártir por su fe, con quien también estamos en deuda como es Mons. Salvador Montes de Oca, a quien ni siquiera los venezolanos conocen como debieran…

– Justamente, no es archipopular como lo es José Gregorio, por lo que nuestra campaña estará dirigida a dar a conocer de quién se trata a todo el pueblo venezolano. Efectivamente, Monseñor Montes de Oca murió mártir porque fue literalmente martirizado por los nazis cuando se retiraban de la península italiana. Sufrió torturas antes de ser fusilado, junto a los demás monjes del monasterio donde vivía, por católico y por haber contribuido a salvar vidas en ese lugar donde había decidido quedarse y ayudar a la población que se oponía al nazismo.

 

– Es difícil que un católico se mantenga al margen de una circunstancia como la venezolana, que varios especialistas han calificado de pre-anárquica. ¿Qué reflexión le inspira esta coyuntura, habrá solución?

– Hay razones para estar angustiados. Lo que estamos viviendo y lo que se avizora es una situación de una complejidad nunca vista. No soy de los que piensan que podríamos reeditar una guerra civil como la que se vivió en el siglo XIX, pero la economía y sus complicaciones para la sociedad, sobre todo para los sectores más débiles, será sumamente fuerte. En la Iglesia, los laicos junto a Cáritas, estamos evaluando los escenarios y tomando algunas previsiones pues estamos convencidos de que la realidad actual se prolongará, aún cuando se produzcan cambios correctivos en positivo de manera inmediata, lo cual no parece estar en la agenda del gobierno. Como quiera que sea, la situación es muy complicada y si se enmendara el rumbo habría una ventana a un futuro promisor. De lo contrario no sabemos en qué puede derivar todo esto.

 

Males mayores

 

– ¿Cómo visualiza el papel de la Iglesia ante este panorama?

– Veo el rol de la Iglesia en varios sentidos. Debemos acompañar en el padecimiento, el sufrimiento, la crisis facilitando la vida a los más necesitados desarrollando planes de ayuda en la medida de nuestras posibilidades; por otra parte, orientar para canalizar las inquietudes, las tensiones que se están gestando y que se van a producir en medida mayor. La Iglesia debe canalizar esas justificadas preocupaciones, esas lógicas indignaciones. La Iglesia siempre ha tenido en la historia, frente a estos cuadros dramáticos, un papel estelar y fundamental para evitar males mayores como el desbordamiento de las pasiones, de consecuencias imprevisibles.

 

– La Iglesia se ha manifestado, invariablemente, dispuesta a mediar, a propiciar el diálogo como tanto enfatiza el actual Secretario de Estado, inolvidable ex Nuncio en Venezuela, el Cardenal Parolin…

– Definitivamente. Es lo que han intentado entre el Nuncio Giordano y la Conferencia Episcopal, buscar caminos para el entendimiento y el reencuentro entre los venezolanos señalando rutas que podemos compartir para superar este grave momento, sin despeñarnos por precipicios que luego plantean situaciones cuesta arriba de superar y heridas que a veces no se consigue sanar. La Iglesia nunca renunciará a ese complejo pero imprescindible papel.

 

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