EL SISTEMA DE CORRUPCIÓN RUSO Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

El agotamiento de los sistemas políticos, devienen en crisis institucionales y en procesos de apertura que son aprovechados por grupos políticos para la implantación de modelos –en ocasiones- personalistas; cuyas plataformas de poder, se asientan en el control de los capitales en manos de ciudadanos vinculados directamente a entornos presidenciales y al partido de gobierno. Un ejemplo de ello es la Rusia de Vladimir Putin quien ha logrado recaudar una fortuna de casi 40.000 millones de dólares, convirtiéndose así en el nuevo zar de la Europa oriental. Cuando estudiamos las prácticas políticas empleadas por Putin en 15 años de gobierno, observamos que está muy alejado de ese pasado soviético tan anhelado por él; ya que Putin ha creado para la Federación Rusa un sistema fundamentado en la acumulación y control de capitales aprovechándose de los exorbitantes ingresos procedentes por la venta de petróleo en los últimos años. Parte de estos ingresos, han sido desviados -mediante cualquier tipo de procedimiento fraudulento- a cuentas privadas. De hecho, 102 personas vinculadas al régimen manejan el 35% de los capitales rusos actualmente. Para Putin, el control de los capitales comenzó por sacar del juego a los grandes empresarios que le hacían oposición y que alguna vez creyeron en que la caída del imperio soviético significaría la instauración de una democracia al estilo de occidente. Esta ingenuidad le valió a Mijaíl Jodorkovski, el empresario con el mayor capital ruso, 14 años de cárcel y la enajenación de sus bienes. La fiscalía rusa acusó a Jodorkovski por “desacreditar a la comunidad empresarial rusa ante sus colegas extranjeros y socavar los cimientos de la economía y la seguridad estatal rusa”. Observemos este argumento, más político que cualquier otra cosa.

Consideramos en base a entrevistas concedidas a empresarios condenados a prisión, o en el mejor de los casos en el exilio como es el caso de Sergei Kolesnikov y a investigaciones realizadas por especialistas y analistas políticos como Karen Dawisha (autora del libro “La Cleptocracia de Putin”), que Putin diseño un modelo que utiliza la corrupción sólo como mecanismo para el control de capitales. Lo que representa una forma de poder dado en sociedades donde las condiciones han sido creadas por factores históricos, sociales y económicos de feroz dominación militarista. Aquí el sector militar funge como máquina represiva para mantener el orden y el miedo tan necesario para generar el control social. Todo nos indica que el actual gobierno ruso se ampara en la máxima expresión del capitalismo, un aparato propagandístico (que moviliza a las masas), limitación de las libertades políticas y una fuerza militar dispuesta y disponible a la orden de su presidente, por supuesto no sin antes recibir parte de una buena paga.

El caso venezolano reproduce claramente elementos similares adaptados al contexto. El socialismo del S. XXI, sólo es una fachada más dentro de un aparataje gubernamental que tiene como objetivo la permanencia en el poder a como dé lugar. Y para ello, utilizan a las masas “pobres y esperanzadas”; a los jóvenes “expectantes y apasionados”; y a las mujeres “sensibles y organizadas”. Todo esto, como compendio de un conjunto de creencias culturales e históricas que han servido de materia prima a estas elites nacionales saqueadoras y parasitarias de estos últimos 16 años…

Cualquier lector que quisiera profundizar, ampliar su análisis en torno al tema puede consultar con la organización de izquierda Marea Socialista o con el historiador Oscar Battaglini, fundador de la Liga Socialista. Ambas opiniones terminarán por aclararle sus dudas, si es que viviendo en Venezuela y siendo venezolanos todavía las tienen.  

 

*Marisol Bustamante es politóloga y directora de la organización Diversidad y Cambio

 

 

 

 

 

 

 

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