¿COLAPSO DE CHINA?

 

china-debt-crisis-581x435“Hacerse rico es glorioso”
Deng Xiaoping

 

El título de esta columna reproduce el utilizado por Andrés Oppenheimer en un interesante programa sobre lo que está ocurriendo en estos momentos en la ya poco misteriosa y enigmática tierra exaltada muchas veces por eso, por enigmática y misteriosa. Y no es para menos.

La era maoísta fue dominada durante mucho tiempo por la obsesión de la guerra anticapitalista. No las guerras de Maduro, que nacen y mueren entre una y otra de las pesadillas que no lo dejan dormir. Las de Mao eran a plomo limpio.

– Todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: el Poder nace del fusil”, repitió desde 1938 hasta su sorprendente entendimiento con Nixon, el peor de sus enemigos convertido en el mejor de sus nuevos amigos, en un encuentro plagado de aventura y sorpresa.

– Me gusta hablar con la derecha, se permitió decir el Buda rojo al sorprendido presidente norteamericano.

– Con ella me entiendo mejor que con la izquierda, remató.

Se conoce hasta la saciedad el viraje de 180 grados impreso por Deng Xiaoping, Su Ronghi y “el capitalista rojo” Rong Yiren, fundador en 1979 de la transnacional china City Group. Los tres fallecieron, pero marcaron el país de los dragones con una imborrable huella capitalista y expansionista.

Con ser oportuno, el excelente programa de Oppenheimer –seguramente él lo sabe- pareciera presentar el asunto como si se tratara de un fenómeno súbito. No sé si esta crisis sea insuperable o tenga un desenlace todavía aplazable, pero sí sé cuál es su índole e incluso creo poder indicar una data más o menos precisa.

La caída de las exportaciones chinas es un síntoma y la ralentización de la economía es otro. Pero el liderazgo chino, desde que Xi Jinping ascendió al mando en sustitución del cuestionado renunciante Hu Jintao, pareció pisar el acelerador del desarrollo de mercado y el de su particular contradicción entre la dirección comunista y el conjunto de la nación, volcánicamente atraída por el imán capitalista.

Deng Xiaoping

Deng Xiaoping

Ese cambio se sancionó en el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino de noviembre 2012, hace tres años. Rong Yiren, el creador de City Group, figuró en la revista Fortune con una riqueza personal de miles de millones de dólares. Por cierto tomó a Venezuela por asalto, pero esa es otra historia. Fue sepultado como un héroe y “comunista” ejemplar. El diminuto Deng Xiaoping le calzó el remoquete amable de “capitalista rojo”.

– Tienes que ser desenfadadamente creativo, le pidió.

Y en efecto lo fue. Y no solo él. Pero varios de los millonarios empoderados temen que cualquier transparencia democrática los exhiba con tintas muy recargadas, y por eso conviven con un sistema reducido a maquillaje socialista, impostura y legitimación autocrática. Se benefician de su tolerancia frente a la corrupción. Puesto que las denuncias contra estos insaciables probablemente serían respondidas con clamores de traición a la patria y epítetos parecidos, no hacen nada para conciliar el crecimiento con la libertad política, social, cultural y económica, y allí precisamente ha comenzado a agrietarse el ensayo chino; “socialismo de mercado”, como lo bautizara Deng Xiaoping, o capitalismo convenientemente enmascarado de comunismo.

He seguido con suma atención el proceso de apertura de Cuba, con base en la reforma aprobada por el VI Congreso del Partido Comunista, reunido en abril de 2012. La premisa de un avance de la nueva estrategia supone tejer las mejores relaciones con EEUU y la Unión Europea, en concordancia con un alejamiento graduado pero sostenido del deplorable modelo defendido por el presidente Maduro, a estas alturas completamente indefendible.

Al principio se pensó –yo mismo lo escribí en mi libro “La sucesión de Castro una herida abierta” Alfadil, 2006- que el modelo chino inspiraba el potencial viraje castrista.

Si, según el propio Fidel Castro, el sistema de Cuba no le sirve ni a los cubanos, lo lógico sería cambiarlo, eso sí, conforme al mecanismo de los chinos: capitalismo en la base, dictadura del partido en la cumbre del poder. Cuba no contaba con una tradición milenaria de dinastías totalitarias. Había saboreado la democracia desde su independencia en mayo de 1902 hasta la dictadura de Machado, caída la cual, vuelve aquella por sus fueros entre 1930 y 1952. Una isla en el área del dólar. Aún así repetir a Deng Xiaoping pareció factible.

La articulación del poder y los privilegios recayendo en los “príncipes de la Nueva China”, ha despertado un espeso malestar en el pueblo (mejor alimentado y culto, sí, pero ansioso de hacerse oír) y en todos los niveles del Estado y del partido. La apertura democrática o cuando menos la legitimación del debate y el control de las arbitrariedades están sobre la mesa, y ahora inciden en el modelo de desarrollo, que comienza a rechiflar como locomotora cansada.

Así como el socialismo de mercado impulsado por Deng Xiaoping dejó atrás el anacrónico comunismo de “la revolución cultural” y del “poder del fusil”, no tardará en hacerse visible el liderazgo democrático que decrete el fin de su ingeniosa pero a la larga insostenible receta. Entonces el país-continente podría crecer en democracia, libertad y convivencia pacífica. Si las grandes potencias se reconocen en democracia, el mundo abordaría con éxito sustentable la tragedia del fanatismo-nacionalista o religioso, y el subdesarrollo, con su elenco de derivados que degradan la vida de la especie y la biodiversidad.

Digamos que los avances económicos cubanos tampoco podrían desasociarse del respeto a los derechos humanos.

Y en medio de semejante marejada ¿cómo quedaría el batuqueado proceso socialista-bolivariano?

 

 

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