LA COLONIZACIÓN DEL CIBERESPACIO

 

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Como ha ocurrido de manera recurrente en el pasado, toda nueva tecnología introducida en la tierra ha sido desvirtuada para su uso militar.

Actualmente 2.92 billones de personas hacen vida en el ciberespacio. Éste puede definirse como una red interdependiente de infraestructuras de la tecnología de la información que incluye Internet, redes de telecomunicaciones, sistemas de computación, y el espacio virtual de información e interacción entre las personas. Es decir, el ciberespacio viene siendo un sistema híbrido con propiedades físicas y virtuales. La mayoría de las personas está más o menos de acuerdo con esta definición, pero hasta ahí llega el consenso (Mary McEvoy Manjikian, 2010).

Para algunos, quizás más utópicos, el ciberespacio es una entidad orgánica, sin fronteras, separado del mundo en que vivimos. Se trataría de un universo alternativo de interacción humana donde las viejas estructuras del mundo con su énfasis en el poder y el dinero no son relevantes. La información vendría siendo un bien libre para ser intercambiado también libremente. Para los más utópicos el ciberespacio estaría más allá de la política tradicional y operaría bajo otras normas y reglas; sería análogo al espacio ultraterrestre, sin límites ni gobierno.

Otros, más pragmáticos, ven el ciberespacio como un bien colectivo que debe ser preservado por todos los usuarios del sistema a través de una serie de normas. El ciberespacio, bajo esta perspectiva, sería análogo a los glaciares de la Antártida. En otras palabras, en virtud de su valor intrínseco para la humanidad, tomamos la decisión colectiva de resguardarlo.

Otros tantos ven el ciberespacio como un bien privado, poseedor de un carácter tanto nacional como económico, que debe ser regulado a través de normas internacionales y nacionales preexistentes. Esta concepción del ciberespacio ha ganado mucho terreno. Tanto el derecho público estadounidense como el internacional han reconocido que Internet, el espacio virtual de información e interacción entre las personas, está compuesto de espacio privado, no público.

astronautaComo ocurriera con las tierras, siglos atrás, los foros de Internet y la información han ido siendo cercados y privatizados. Hoy en día sitios web pueden llegar a ser valorados en decenas de miles de millones de dólares. Google está valorado en 100 mil millones de dólares, Facebook en 51 mil millones de dólares, YouTube en 34 mil millones de dólares, y así por delante. El sueño de un ciberespacio, entendido como un mundo paralelo, donde sería posible rebelarse en contra de las viejas estructuras, con su énfasis en el dinero, pareciera haber quedado atrás. También pudiera haber quedado atrás la noción de proteger el ciberespacio como se protege a los glaciares de la Antártida.

Como ha ocurrido de manera recurrente en el pasado, toda nueva tecnología introducida en la tierra ha sido desvirtuada para su uso militar. Entendido así, el ciberespacio no representa una nueva entidad, sino simplemente un terreno más a ser colonizado por las fuerzas militares de Estados Unidos, Rusia, China y otros. Es decir, la pugna por controlar los espacios terrestres, marítimos y aéreos, se extiende naturalmente al ciberespacio.

Desde su incipiente incursión en el mundo en los años ochenta, el ciberespacio ya había sido catalogado por algunos como una extensión del campo de batalla, un espacio más para la dominación del adversario. Bajo esta óptica, el ciberespacio deja de ser un bien colectivo para convertirse potencialmente en zona de guerra: la ciberguerra, con efectos devastadores no sólo sobre el mundo virtual, sino también sobre infraestructuras críticas como la generación, transmisión y distribución de energía, el transporte aéreo y marítimo, los servicios bancarios y financieros, el comercio en línea, el suministro de agua, la distribución de comida y salud pública, entre otras.

Actualmente países como Estados Unidos, China y Rusia llevan a cabo ejercicios militares con miras a afianzar sus capacidades, tanto defensivas como ofensivas, ante una eventual guerra cibernética. Siendo así las cosas, el ciberespacio tampoco ha logrado subvertir las viejas estructuras enfocadas en el poder.

La revolución tecnológica hizo posible la creación de un mundo virtual que nos ofrecía la posibilidad de comenzar de cero, de dejar atrás aquello que nos separaba y nos discriminaba en el mundo físico, en particular: el poder y el dinero, y experimentar con nuevas formas de interconexión e interrelación. Pero pareciera ser que antes de que la mayoría de nosotros cobráramos conciencia de que era lo que estaba en juego, el ciberespacio ya había sido colonizado, privatizado, y militarizado. Vaya lección para el futuro.

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