CITA ESPERADA

 

Thomas Shannon, Michell Martelly, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello

Thomas Shannon, Michell Martelly, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello

Es verdad que Shannon había iniciado contactos con el confundido presidente Maduro, no obstante estar al rojo vivo el intercambio entre el gobierno bolivariano y autoridades parlamentarias y judiciales de la gran potencia norteña.

La correlación mundial y latinoamericana parece enrumbarse en contra de la sedicente revolución y a favor de la oposición democrática. Nunca como ahora tantas personalidades de alcance universal y las cumbres del sistema jurídico y político se habían pronunciado contra los ilícitos, una tras otro, del gobierno venezolano, cuyo aislamiento se ha agravado en forma sorprendente. Los nombres de los líderes democráticos, los presos políticos, los grandes exiliados han cobrado una gran popularidad en todos los escenarios. Y esos signos exteriores se corresponden con la fuerte caída en la popularidad de Maduro y de su “modelo”, al paso que se afirma el anhelo de cambio democrático.

Revertir ese retroceso tan enervante es francamente difícil porque su causa primaria, de fondo, no solo se mantiene sino que sigue carcomiendo la entraña del poder. Me refiero, claro es, a la crisis económica con su elenco de heraldos negros: la inflación incontenible, la recesión, la impresionante inseguridad personal y social, las crisis hospitalaria y educativa, el deterioro de servicios como los de energía eléctrica, agua y paremos de contar porque se trata de historia, más que conocida sentida por todos los estamentos de la sociedad.

Como una sala de máquinas que funciona mal por falta de mantenimiento o de recursos, el PSUV pierde adherentes todos los días, carece de capacidad movilizadora. Ha perdido hasta el control de los colectivos y demás grupos paramilitares nacidos supuestamente para defender la revolución, pero que ahora actúan al margen de las autoridades gubernamentales y a ratos enfrentados a ellas.

En un ambiente como ese la corrupción, detestable desde el comienzo del “proceso bolivariano”, ha llegado a un grado tal que en el seno del poder está dando origen a una disidencia crítica lanzada a investigarla y exigir el cese de la impunidad.

Las parlamentarias son un preaviso para este régimen indolente e inepto, pero también la posibilidad del diálogo in extremis. Para las fuerzas democráticas el diálogo es una manera normal y cotidiana de funcionamiento precisamente porque representan la diversidad social. El bloque gobernante parte del control del conjunto social por una minúscula oligarquía que concentra el mando valiéndose de la fuerza, el centralismo agobiante y la asfixia de mecanismos democráticos usuales como la división del poder y la imparcialidad de los órganos contralores, fiscales y electorales.

El gobierno parece estar mitigando la latosa diatriba antimperialista porque sencillamente no da más. Es una necesidad de sobrevivencia. Víctima de sus propias fantasías se aterroriza ante la eventual victoria electoral de la alternativa democrática porque cree que sus perseguidos de hoy se transformarán en sus perseguidores de mañana. No entiende, no quiere creer que la democracia es una forma de estado para todos, contraria a desplantes vengativos sin perjuicio de su firme creencia en la justicia.

Acuden a Obama y a su enviado especial -el experimentado Shannon- como para buscar un fantasmal abrigo frente a la probable mayoría parlamentaria democrática. Tendrían que bajarse de esa nube. Ninguna potencia inducirá conductas en el futuro gobierno de Venezuela. La sociedad rechazaría cualquier tutela, menos en nombre de temores innecesarios. Como la libertad de expresión es componente de la democracia, se alentarían conductas racionales pero genuflexiones, no.

Ahora bien: ¿Cuáles podrían ser los temas del acercamiento formalizado en Haití y por qué el representante del gobierno de Maduro es un hombre sometido a juicio con cargos de gravedad?

Desde luego no podemos prejuzgar culpabilidades antes que se dicte sentencia definitivamente firme, pero hubo quienes sugirieron detenciones preventivas y esa circunstancia estaba vertiendo gotas de dramatismo en el coctel. Por eso sorprendió ver a Diosdado en la negociación, más aún fuera de la cobertura venezolana, en Haití, probablemente por condicionarlo de ese modo la parte norteamericana.

Es de suponer que EEUU le habrá dado garantías a quien está acusando penalmente, pero también que quizá uno de los asuntos a discutir sea lo que vaya a suceder con ese juicio, las concesiones que deban hacerse para dejarlo en “Baño de María”.

Por otra parte, Shannon había solicitado –según se informó sin que fuera desmentido- la libertad de presos políticos y la transparencia electoral. Puede ser entonces que estén en su agenda los temas de supervisión electoral, libertad de presos, regreso de exiliados, represión y censura y en general los menoscabados derechos humanos.

¿Hasta dónde podrían abrir el puño Maduro y Diosdado? ¿Hasta dónde se lo permitirían los demonios enloquecidos que la prédica de odio ha creado? Son las ardientes interrogantes que tienen ante su nariz los dos jefes del naufragio, si es que ambos han tenido que unirse frente a un posible cambio que los envolvería tomados de la mano.

¿Cómo valorar el diálogo que aparentemente comenzó en Haití? Partidarios de medios democráticos como éste, debemos considerarlo positivo, deseando que avance con efectividad sobre las cuestiones fundamentales. El cambio lo habrá haya o no diálogo, no obstante siempre es mejor que las partes conversen para controlar las emociones violentas.

El de Haití puede ser positivo o insuficiente, no lo sé. Lo que si sé es que para asunto de derechos humanos, libertad de presos, cese de persecuciones, respeto a la voluntad electoral y otros de análoga envergadura, muchos gobiernos y movimientos mundiales ayudarán y lo están haciendo con extraordinaria generosidad, pero las partes decisorias serían la oposición democrática y el atribulado gobierno de Maduro.

Ni más. Ni menos.

 

 

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