Icono de la moda y el estilo
Steve McQueen, el mito con un lado oscuro que se convirtió en leyenda

papillon_ver3Guillermo Moreno

Su arrolladora presencia, su arrogancia, su estilo y su personalidad le llevaron al Olimpo de Hollywood.

 

Steve McQueen no está en el top de los grandes actores de la historia pero sí que se encuentra en la lista de los favoritos del público al convertirse en uno de los más taquilleros en las décadas de los 60 y 70. Hoy,  35 años después de su muerte, está considerado el rey de lo cool por su carisma y actitud.

Este actor estadounidense, inestable y arrogante, nació el 24 de marzo de 1930 en el seno de una familia desestructurada y problemática y desde crío sacó a relucir su carácter problemático, llegando a pasar temporadas en internados o reformatorios, de los que solía escaparse.

Fue el hijo de una prostituta alcohólica y abandonado por su padre poco antes de nacer, por lo que tuvo que buscarse la vida desde muy niño.

Poco amigo de los libros, se ganó la vida en la adolescencia trabajando en los bosques partiendo troncos como leñador o en alta mar como marino. Con 17 años, sin tenerlo nada claro, se alistó a la Marina, pero con 20 se dio cuenta que ser marine era muy duro y lo dejó para seguir dando tumbos como camarero o descargando mercancía en cualquier puerto.

Cuando parecía que toda su vida la pasaría de trabajo en trabajo y metiéndose en líos, alguien le convenció para que se uniera en Nueva York al Neighborhood Playhouse y empezase a dar clases de interpretación. Era 1952 y tenía 22 años cuando empezó a tomárselo en serio. En 1955 debuta en Brodway y decide acudir al famoso Actors Studio para mejorar su presencia ante las cámaras.

Su debut cinematográfico es en 1956 en una gran película de boxeo, “Marcado por el odio”, protagonizada por el gran Paul Newman y dirigida por Robert Wise. Su papel es testimonial, pero fue el primer paso. Ya en 1958 fue el protagonista de “The Blob”, una cinta de ciencia ficción de bajo presupuesto que con el paso de los años se ha convertido en una película de culto.

Luego pasó a protagonizar la serie televisiva “Wanted: Dead or Alive”, que le metió en las televisiones de todos los estadounidenses y le hizo tremendamente popular. Ya convertido en estrella, intervino en clásicos como “Los siete magníficos” (1960), “La gran evasión” (1963), “El rey del juego” (1965), “Nevada Smith” (1966), “El Yang-Tse en llamas” (1966). “Bullit” (1967) o “El caso de Thomas Crown” (1969)

A medida que su fama crecía su carácter caprichoso y arrogante le convertía en insoportable para muchos directores y compañeros, que le sufrieron durante muchos rodajes.

Era tal su ego que llegó a rechazar papeles para no ser menos que otras estrellas. Así, no quiso ser menos que Paul Newman en “Dos hombres y un destino” y rechazó el papel que al final ocupó Robert Redford.

En 1972 protagoniza la extraordinaria “La huida”, de Sam Peckinpah. Comparte protagonismo con Ali McGraw, con la que se casaría un año después. El actor antes estuvo casado con la también actriz Neile Adams, con la que tuvo dos hijos.

 

Steve McQueen

 

Ya millonario y en la cima de su popularidad, durante los setenta McQueen optó por dedicarse a sus hobbies y se alejó durante largas temporadas del cine. Amante de las carreras de coches, de las motos, de las mujeres y de las artes marciales, el actor optó por probar el lado oscuro de la vida y empezó a abusar de la cocaína y la marihuana, además de ser desde siempre un gran bebedor y un fumador empedernido.

Su pasión por la velocidad la trasladó a Hollywood, donde gracias a su encanto y su estilo bon vivant conquistó a muchas mujeres que caían rendidas ante su energía vital y su arrolladora personalidad. De sus cautivadores ojos azules llegó a decir: “Hay algo en mis ojos de perro apaleado que le hace pensar a la gente que soy buena persona”…

Desde finales de los sesenta iba siempre armado al enterarse que estaba en la famosa lista negra del asesino Charles Manson: la familia. En cuanto está banda asesinó a Sharon Tate, al actor le entró una paranoia pensando que él podía ser el siguiente y decidió ir siempre con una pistola

En los setenta protagonizó taquillazos como “Las 24 horas de Le Mans” (1971),  “Papillon” (1973) o “El coloso en llamas” (1974), cinta en la que volvió a tener problemas por su arrogancia. Pidió que la última escena fuera sólo para él y que la visera de su casco de bomberos fuera recortada para que se vieran bien sus famosos ojos azules y no ocultos. El director le dijo que si se cambiaba su casco habría que cambiar todos y su respuesta fue: “pues hagánlo”. Así funcionaba el caprichoso actor, que también cometió la osadía de rechazar con Steven Spielberg en “Encuentros en la tercera fase” por pedir una cantidad de dinero inalcanzable.

Su hijo Chad, en un documental sobre su vida, manifiesta que “mi padre tuvo una infancia terrible y eso le convirtió en el hombre que fue. Luchó de forma endemoniada por las cosas en las que creía, pero tenía muy poca paciencia”

 En 1978 se divorció de Ali McGraw y decidió dejar el cine. En 1980 se casa por tercera vez con la modelo Barbara Minty, pero su matrimonio duró sólo 10 meses porque Steve McQueen falleció el 7 de noviembre en la ciudad mexicana de Juárez con tan sólo 50 años por un cáncer de pulmón. Moría el hombre y nacía la leyenda. El rey de lo cool.

Tomado de La Gaceta España

 

 
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