A CIEGAS

02 MUD Gobierno 2

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”
José Saramago

 

Un tiempo atrás leí una de las novelas más conocidas de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera. En ella el premio nobel describe como, ante la propagación de la ceguera, el egoísmo se abre paso en una sociedad desencajada, apoderándose de individuos que, en busca de su supervivencia, anteponen sus necesidades personales al bien común.

El gobierno desbordado por la epidemia, sin ruta clara de acción o capacidad de coordinación, decide abrir un campo de concentración y encerrar allí a todos los enfermos con el pretexto de la “seguridad nacional”. Una sola persona, “la esposa del médico” (Saramago no da nombres a los protagonistas de su obra), parece inmune a la enfermedad y decide pasar por ciega y permanecer con su marido en el sitio de reclusión, para poder servir de guía y ayuda tanto para él como para los demás contagiados. Es en medio de ese panorama que los va deshumanizando donde los ciegos, en su intento por subsistir, exhiben lo peor de sí, dando inicio a la historia.02 ABC libro

Nunca pensé que la realidad que estamos viviendo en Venezuela trajera a mi memoria este ensayo del escritor portugués. Vivimos en una situación límite que ha ido haciendo aflorar el instinto básico de supervivencia en los venezolanos, y observamos un gobierno que, anegado por la crisis social, política y económica, ha confinado a toda una sociedad, no a un campo de concentración, pero si a la tragedia de vivir en medio de una permanente incertidumbre.

Incertidumbre de no conseguir a tiempo la medicina necesaria para atender a un enfermo; de no poder acceder a lo básico para alimentar la familia; de que el sueldo no alcance todo el mes o que lo poco que se gana pueda ser arrebatado en un atraco. En medio del desconcierto, el carácter del ciudadano ha ido cambiando, y la incertidumbre ha transformando la alegría y camaradería que nos es consustancial, en angustia y frustración.

La dirigencia política no es inmune a esta epidemia que ha logrado penetrar a muchos tanto del oficialismo como de la oposición.

En el oficialismo priva la incertidumbre de ser derrotados electoralmente por la pérdida de respaldo popular, a lo cual se suma una crisis económica que los ha cegado, llevándolos a dar tumbos, culpando a otros de su desgracia. Ya no se preocupan si quiera por cuidar su apariencia de demócratas, solo les importa la supervivencia en el poder.

José Saramago

José Saramago

Cegados también por este virus, en la oposición vemos algunos en la disyuntiva de decidir si luchar por alcanzar el gobierno o simplemente por convertirse en la primera fuerza política dentro de la Mesa de la Unidad. No logran ver en qué lado se encuentra el adversario a vencer, y por lograr una candidatura o espacio de poder, atacan a sus aliados con un ímpetu que lleva a más de uno a preguntarse en que lado de la acera se encuentran. De hecho, no advierten que es imposible lograr una unidad que se traduzca en triunfo, si solo se busca el posicionamiento partidista o grupal, aplicando sin pudor alguno lo que Paulina Gamus llamaría política del escorpión.

Mientras todo esto ocurre, la población busca instintivamente un liderazgo que, capaz de ver más allá de sus propias fronteras partidistas, ayude a romper el cerco de la incertidumbre. A líderes que, al igual que la “esposa del médico”, estén dispuestos a hacer sacrificios en favor del bien común y sepan conducir a la sociedad con el sentido de grandeza que el momento reclama.

 

 

 

 

 
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