Giros

Mitterrand y González no sólo sobrevivieron a los giros sino que se reinventaron en torno a ellos

Alexis Tsipras quería que la Unión Europea diera un giro radical a la política de austeridad. Pero el Eurogrupo no sólo no ha aceptado el giro, sino que le ha impuesto un giro completo respecto a sus promesas electorales. Pablo Iglesias ha exigido a Pedro Sánchez que el PSOE gire 180 grados si quiere pactar con Podemos. Y así sucesivamente con Ciudadanos y los nacionalistas, Esquerra Republicana y Ada Colau o el PP y Bildu.

En política, girar es perder, parecen decirnos. Vean, por ejemplo, al presidente Zapatero. A pesar de su “no os fallaré”, un infausto 9 de mayo de 2010 se vio obligado a adoptar un giro total en su política económica y social. Abatido, confiesa en sus memorias que ese día se supo no sólo derrotado, puesto a los pies de otros, sino expulsado del poder y, peor aún, degradado ante la historia. Pero si leen la versión del que fue su vicepresidente económico, Pedro Solbes, fue él el obligado a girar un año antes, cuando Zapatero le impuso una política de gasto público que suponía un giro de 180 grados respecto a la practicada hasta entonces. Lleno de amargura, abandona el Gobierno.

Hay otros giros épicos. Piensen en el adoptado por el presidente Mitterrand en 1983 cuando tras haber ganado las elecciones de 1981 con un programa basado en el gasto público y las nacionalizaciones (las famosas “110 propuestas para Francia”) se vio obligado por los mercados de capitales a rectificar su rumbo y así evitar el colapso del franco francés. Tournant de la rigueur (“giro hacia la austeridad”), le llamaron. Hay otro giro famoso: el adoptado por Felipe González tras las elecciones de 1982 cuando el referéndum sobre la salida de España de la OTAN terminó convirtiéndose en una consulta sobre la permanencia en dicha organización.

Mitterrand y González no sólo sobrevivieron a los giros sino que se reinventaron en torno a ellos, el primero como artífice de la unión monetaria con Alemania, el segundo como líder de una política exterior europea con un sólido anclaje transatlántico. La política es el arte de hacer que los demás giren o, alternativamente, de reinventarse sobre los giros que los demás le imponen a uno. Girar no necesariamente significa perder.

 

 

 
José I. TorreblancaJosé I. Torreblanca
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