Portador de la alegría

 

SalasRomer (1)“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes” Winston Churchill

Durante el gobierno de Jaime Lusinchi un promedio 240.000 mil familias se vieron afectadas por un fraude inmobiliario. Prácticamente condenadas a perder su vivienda, se encontraban al borde de la desesperación. Los ciudadanos eran sometidos a un peloteo donde pocos asumían su responsabilidad, todos escurrían el bulto y casi nadie daba respuestas. Un diputado del entonces Congreso Nacional atiende a los vecinos y estos no solo son escuchados, sino que este diputado asume esa causa como propia. El diputado acerca el Congreso a los vecinos sin importar colores políticos, une y organiza a una ciudadanía hasta entonces burlada por la burocracia. La cruzada, aunque difícil, no fue imposible. Después de enfrentar intereses privados y gubernamentales el diputado logra que las familias salven sus casas y se apruebe una ley que los proteja. Tanto en la lucha del raudo inmobiliario como en la de impedir que se apliquen las tasas de interés del 42% logra salir triunfante. El diputado que pudo devolverle la alegría a esos venezolanos era Henrique Salas Römer quien desde ese momento comenzó a ser llamado el diputado de los vecinos.

En 1989, después del estremecimiento social y político que produjo la explosión del Caracazo, la dirigencia política busca aliviar la presión que en ese momento se sentía en el país y una de las formas que encontró para eso fue convocar por primera vez en Venezuela la elección directa de alcaldes y gobernadores, que todavía eran nombrados a dedo por el presidente de la república. Carabobo era una región que estaba sufriendo de manera particular las consecuencias de la política económica aplicada por el gobierno nacional. Personas de la sociedad civil le piden al diputado de los vecinos, Henrique Salas Römer, que asuma este nuevo reto. Sentían necesaria su participación, conocían al diputado Salas Römer y sabían que no era un hombre de improvisaciones sino de trabajo.

Carabobo se encontraba gobernado por una especie de clan que lucía casi imposible de derrotar. Sesudos analistas poco daban por la candidatura del diputado Salas Römer, augurándole una derrota casi segura, pero ignoraban que en ese momento se estaba gestando un proceso en que las fuerzas espirituales se unían en torno a una causa, la de devolverle la alegría a los carabobeños. Contra todo pronóstico, Henrique Salas Römer se convierte en el primer gobernador electo por voluntad popular de Carabobo.

Convencido de que los vecinos son la última frontera de la democracia, el recién electo gobernador inicia una gestión basada en el respeto al ciudadano, en levantar la autoestima del carabobeño fomentando el sentido de pertenencia. En poco más de un año se logra ver el cambio. En una región donde había delitos sin delincuentes se depura la policía, reduciendo drásticamente los índices delictivos. Es el primer estado en crear una escuela de policías. Se implementa Atención Inmediata, un sistema de ambulancias que trabajaban las 24 horas los siete días de la semana atendiendo a cualquier persona de manera gratuita en menos de diez minutos. Se equipan los barrios y se construyen viviendas dignas y reactivando el aparato productivo se reduce el desempleo de más de 22% a menos de 13%. Operación Alegría le devuelve la belleza perdida a las ciudades y pueblos. Fueron muchos los logros que se alcanzaron durante la gestión de Salas Römer. Logró convertir a Carabobo en la primera potencia deportiva de Venezuela, tener el mejor sistema de carreteras, puerto y aeropuerto del país. Fundó la asociación de gobernadores y por primera vez se daba participación a la sociedad civil. El CONAPRI nombra a Valencia como la mejor ciudad del país para invertir y Puerto Cabello la cuarta y todo esto, repito, en solo poco más de un año. El gobernador es reelecto con el 72,85% de los votos, cifra que no ha logrado ser superada en una reelección. Henrique Salas Römer, el gobernador de los zapatos sucios y la cara limpia, logró sin duda alguna devolverle la alegría a Carabobo.

En 1998 un sector del país busca una persona con suficiente credibilidad, carácter y autoridad, que garantice la erradicación de la corrupción, la ineficiencia y el sectarismo como estilo de gobernar, liderando a la nación con sentido de responsabilidad social. Consiguen a esa persona en el hombre que cambió a Carabobo y se le presenta un nuevo reto a Henrique Salas Römer, el de devolverle la alegría a Venezuela. Inicia la campaña a la presidencia de la republica con solo 2% y logra en pocos meses convertirse en una opción real de triunfo y si no fuese por el egoísmo y la conjura de unos cuantos factores de poder, la historia de nuestro país hoy sería otra. La elección la ganó Hugo Chávez y todos conocemos lo que vino después.

Arístides Calvani sería uno de los primeros en darse cuenta de la misión que tenía este hombre de buena fe de defender la dignidad de los venezolanos, de traducir el trato digno a los ciudadanos en bien común. Henrique Salas Römer ha probado a lo largo de su vida que es un hombre de causas, que en el orden de las responsabilidades Venezuela está primero. Ha hecho del respeto al ciudadano su bandera, traduciéndola en gestión exitosa de gobierno. Padre de la descentralización, nunca ha dejado de trabajar y defender la dignidad de los vecinos, ha demostrado que los principios no se negocian. No son muchos los líderes políticos hoy en Venezuela que posean la capacidad intelectual y la reserva moral de Salas Römer.

Venezuela atraviesa hoy una de las etapas más lamentables de su historia contemporánea y de nuevo busca quien sea capaz de devolverle por fin la alegría perdida.

 

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