Un testimonio reciente
CHAVISTAS QUE NO QUIEREN VOTAR

 

Alexander, un joven proveniente de una barriada de Vargas, debía llegar a su puesto de vigilante en una empresa en Caracas a las 6 de la tarde. Como todos los días, salió con tres horas de anticipación pero se encontró con que la autopista Caracas-La Guaira estaba trancada.

No tenía idea de que lo que ocurría era que un grupo de oficialistas había sido enviado a cerrarle el paso al bus que, desde Maiquetía, trasladaba a un grupo de senadores de Brasil que habían viajado a Caracas a constatar la situación de los presos políticos vene zolanos.

Dado el temor a perder su empleo en el que lleva poco menos de un mes, optó por tomar una mototaxi para atravesar la barrera de exaltados que no permitía el paso de la caravana visitante, pero tampoco de los cientos de ciudadanos que intentaban llegar a Caracas. Pagar 500 bolívares resultaba el mal menor para quien depende de un salario así sea de sueldo mínimo. Su familia ha sido consecuente votante del oficialismo. Su madre espera turno para ser operada de la vista en algunos de los programas de asistencia pública. El núcleo familiar se ha inscrito en todo cuanto ofrece el Gobierno en materia de ayuda: en la lista de quienes aspiran a recibir una vivienda; una hermana ya con un bebé a cuestas está en Madres del Barrio, su tía pertenece a un grupo llamado Una Mujer, todos firmaron contra el decreto de Obama. Pero el joven observa que la vida es cada vez más dura. La escasez y el costo de la vida se han vuelto una pesada carga y por primera vez confiesa que no irá a votar en las parlamentarias, aun a riesgo de ser retirado de alguna lista que lo califica como incondicional.

No comprende bien sobre economía, pero el asunto de la guerra económica ya no lo convence. El conflicto con los presos políticos y los parlamentaros brasileños son para él situaciones distantes de las que se enteró porque le impidieron el paso hacia su trabajo.

Alexander podría ubicarse entre ese sector que los numeritos de la encuestadora de Datanálisis cuantifica como 43,8% perteneciente a las filas del oficialismo que piensan que las cosas en el país están muy mal, para sumarse al 84,3% que opina de la misma manera.

Especialmente en las barriadas populares, el Gobierno ha utilizado los cientos de programas sociales, funcionen o no, para mantener atada a una masa de gente necesitada a disposición para votar o cualquier otro requerimiento del partidista.

Pero el drama económico se ha puesto por encima de ese vínculo y cada día más gente rompe con esa fidelidad alimentada con dádivas, que ahora lucen insignificantes frente al tamaño de la crisis.

Otros miles de millones de dólares llegarán de China próximamente y el Gobierno se propone a vender activos de la nación para ver cómo se revierte esa tendencia. Otros cientos de millones se gastan en propaganda y asesores extranjeros para intentar maquillar el rostro de un Gobierno que ha despilfarrado su patrimonio.

Los números de la caída descritos en el estudio de Datanálisis de los últimos tres meses, revelan cómo el Gobierno de Maduro encabeza la peor aprobación de los últimos 15 años, mientras los Alexander se multiplican por todo el país.

 

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