El ABC de Luis Domingo Álvarez / PERIODISTA
“Hay que tener claro el concepto: Hay restricciones para la libertad de información, no de expresión”

ABC 419 - A - 8 y 9 - 20150709_132217

“Hay que respetar al público, a la pantalla, a los micrófonos, a la lectoría”

El buen periodista nunca debe abandonar, nuestra responsabilidad es con el público, con la gente. La hegemonía comunicacional se venía anunciando desde hace mucho tiempo y ahora se ha concretado. Los medio tradicionales, tal y como los conocemos, tienen sus días contados. No hay nada más difícil en este momento que ser un periodista con pretensión de equilibrio, objetividad e independencia, señala el comunicador social.

 

MACKY ARENAS

 

Egresó en el año 1995 de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB.  Ya desde el 92 andaba por los medios de comunicación, buscando el fogueo que no dan las aulas. Se estrenó como reportero de calle en medio de las turbulencias del 4F y 27N. Pasó dos años en RCR. Posteriormente cubrió el juicio que por primera vez se llevaba a cabo contra un Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez.  Siguió directo a ocuparse de la crisis financiera desde el circuito Unión Radio coordinando la información como productor de noticias. Pasó a trabajar con empresas extranjeras haciendo programas turísticos y como corresponsal de medios en el  exterior. Luego a Radio Caracas Televisión, a una transnacional y de regreso al diarismo en lo que llama “los anos de la furia” -2002 al 2005- en RCTV, aparte de  una breve pasantía por Globovisión.  Terminó como  Jefe de Información en el grupo FM Center donde pasó 10 años.  Alternó su oficio con la lucha gremial, como parte del grupo de profesionales del periodismo proponentes de la Reforma a la Ley Resorte.

 

_  ¿Por qué reformar la Ley Resorte?

_  Es la piedra angular de la batería legal del gobierno para hacer sumamente difícil el ejercicio del periodismo en Venezuela.

_  ¿Pasaron los “anos de la furia”?

_  Desde el punto de vista de calle. Ya no vemos las manifestaciones que ocurrían en aquellos años, cuando había miles de personas dispuestas a salir a las calles, desafiantes, exigiendo sus derechos. Las convocatorias en la actualidad no son tan nutridas y las marchas y concentraciones han regresado al Este de Caracas. La oposición permanece en los municipios donde hay alcaldes que permiten las demostraciones públicas.

 

_  ¿Debe el ciudadano pedir permiso para manifestar? ¿No es eso un derecho?

_  Solo hay que participar que se manifestará en la calle. Las autoridades deben velar por el orden y garantizar la paz. Lamentablemente, en Venezuela esto ha degenerado en la creencia de que hay que solicitar permisos cuando no es así.

_ ¿Cómo anda tu percepción de los medios?

_  La política de hegemonía comunicacional, que se venía denunciando desde hace mucho tiempo, se ha concretado. Muchos no creían que ello pasaría de un panfleto, de un slogan político y no le dieron la importancia debida. Hoy es una realidad que, en los últimos tiempos, se presenta bajo la modalidad de compra de medios, vendidos por antiguos dueños que no veían  viabilidad para esas empresas. Es verdad que algunos medios adoptaron una postura muy frontal contra el gobierno, asumieron un papel de oposición radical y por distintas razones se agotó la posibilidad de continuar con esa línea editorial, así que vendieron para no correr la misma suerte de RCTV y para no dejar a sus trabajadores en la calle.  Hay que tener en cuenta que se ha reducido mucho la oferta de trabajo para los periodistas y la gente de medios que no comparta la política del gobierno. RCTV  hoy, sin duda, sigue siendo una bandera contra la censura y la persecución hacia quienes piensan distinto en los medios de comunicación.

 

“Como periodistas somos anti-poder, no anti-gobierno"

“Como periodistas somos anti-poder, no anti-gobierno”

LINEA EDITORIAL

_  ¿Qué crees es lo más sinuoso de la estrategia gubernamental hacia los medios?

_  Lo más perverso es, sin duda, lo que se hace para ponernos a pelear entre nosotros mismos. Desafortunadamente muchos no se percatan y caen en la trampa. Hay periodistas que critican a aquellos que se quedan en los medios que han sido vendidos y han cambiado su línea editorial. Siempre he sostenido que cada medio de comunicación es libre de darse la línea editorial que considere más a adecuada a sus objetivos empresariales sin perder de vista, por supuesto, que son un servicio público que se debe a una audiencia y que es ella la que va a castigar si se desvían e incumplen sus obligaciones fundamentales.

 

_  ¿Y qué pasa con los periodistas?

_  Es mucho más fácil, siendo un periodista afecto al gobierno, trabajar en VTV. Eso es perfecto, un binomio que no tendrá problemas. Es factible que comiences a flexibilizar la ética y termines convirtiendo tu trabajo en propaganda, lo cual no debe ser. Igualmente sería sencillo para cualquier periodista de pensamiento opositor –hay que recordar que también somos ciudadanos y tenemos nuestro corazoncito político- trabajar para un medio enfrentado al gobierno porque se sentirá como pez en el agua y muy probablemente diluirá esa rigidez ética que debe acompañar el ejercicio del periodismo. Ambas situaciones son nocivas. Pero no hay nada más difícil en este momento que ser un periodista con pretensión de equilibrio, objetividad en independencia, que quiera apegarse a sus principios éticos, trabajar en un medio donde debe caminar en el filo de la navaja.

_ Sin embargo, hay gente que se siente incómoda y prefiere salir del medio, alejarse y esperar mejores tiempos…

_  El buen periodista nunca debe abandonar, nuestra responsabilidad es con el público, con la gente. Además, a los medios hay que cuidarlos. Hay muchas sanciones, mecanismos de presión que deben soportar los medios. Basta ver la Ley Resorte y analizar su contenido. Es el tipo de ley que genera censura y autocensura para los medios de comunicación en Venezuela. Hablar de medios es hablar de periodistas también. Y si un medio resuelve modificar su línea editorial para sortear esas arremetidas y evitar el cierre o la quiebra, es su derecho. Es lo que ha motivado a que muchos lleven más hacia el centro su línea editorial. Eso es comprensible.

_  ¿Qué le queda al periodista?

_ Hacer más periodismo, como el que nos ensenaron en las Escuelas de Comunicación Social. Ético; adaptado a las técnicas de los géneros y que nos permiten trabajar la información y presentarla a nuestra audiencias; y negociar. Pero no una negociación turbia, oscura, inescrupulosa, sino como se hace cada día. Uno negocia todos los días, con la esposa, los hijos, los amigos. Así hay que negociar en el trabajo y como periodistas tenemos que aprender a hacerlo pues las condiciones de dificultad no las hemos creado nosotros ni podemos modificarlas nosotros solos. De forma que se impone negociar con nuestras fuentes, con nuestros jefes, en una dinámicas que nos permita sacar la información. No queda otra. El momento es muy difícil.

_ Sobre todo para la fluidez de la información…  

_ Todo está muy difícil desde el punto de vista de la libertad de información, no tanto de expresión. Aquí todo el mundo dice lo que quiere, el problema es que no todo lo que se dice sale en los medios. El tema es libertad de información. La autocensura funciona. La expresión, que fue libre por parte de la persona que yo entrevisté, no fue difundida. Por eso hay que tener claro el concepto: lo que hay es restricciones para la libertad de información, no de expresión.

MEDIOS TRADICIONALES

 

_  ¿No te parece una inconsistencia el que se denuncie que estamos en dictadura, pero se exija a los medios comportarse ignorándola, como si viviéramos en democracia, en plena libertad de hacer y deshacer, desmereciendo las consecuencias?

_  Si bien es cierto que los medios son empresas, como cualquier otra supeditada a evaluación fiscal, a sanciones, que debe tener rentabilidad porque si no se va a pique, también es cierto que tiene una contraloría social muy importante y debe desarrollar una preparación para que las audiencias y lectorías puedan valorar las exigencias que deben o no hacerse a los medios. Eso no está muy claro. Pero parte de la culpa está en los mismos periodistas y directores de medios que frecuentemente asumen roles que no les corresponden. Recuerdo claramente que hasta antier hubo en Venezuela medios de comunicación que se creían partidos y se comportaban como comandos políticos. Eso lo sabe todo el mundo, era público y notorio y eso no es el deber ser de un medio de comunicación. Es una distorsión dañina y por eso hablo de la necesidad de líneas editoriales ajustadas a la naturaleza de lo que debe ser nuestro trabajo, no como mandos políticos. Un director de medio no tiene por qué estar dando instrucciones a la dirigencia política. Cada quien a lo suyo.

_  ¿Qué efecto hizo eso en el público?

_  Todo ello ha desvirtuado el papel de los medios en Venezuela. La gente aprendió mal. Aprendió que los medios, de una forma u otra, debíamos tomar el rol de los partidos políticos, hacer de tribunales, de fiscalía. Claro, la crisis de los partidos, que desaparecieron como los conocíamos, está en la raíz de todo este problema y es ahora cuando nos damos cuenta de que el asunto ha influido hasta  el punto de que la sociedad ha perdido la noción de la importancia de su papel contralor y se lo han dejado a los medios. Han creído, erróneamente, que los medios están llamados a hacer oposición al gobierno. Y no es cierto. Nosotros tenemos que recordar que, como periodistas, somos anti-poder, no anti-gobierno. El poder se realiza en distintas instancias y es por ello que nosotros debemos estar al lado de los más débiles frente al poder y permitir que la gente se articule y exprese a través de nuestro trabajo, que nuestro concurso propenda a que el poder actúe en función del bien común, de las minorías, de las comunidades. Lo que pasa es que la distorsión de los conceptos es pavorosa y nosotros lo hemos permitido.

 

_  ¿Y el público se comporta ante las figuras como fan de super-estrellas? ¿El periodista, en algunos casos, es más un divo que un servidor público, parte de la distorsión?

_  Por supuesto. Responsabilidad nuestra. Obviamente, no todos actúan de esa manera pero sí una parte que hace mucho ruido. Lo ves en la alharaca que arman ciertos colegas cuando se van de un medio, las redes sociales los presentan como héroes, viven su cuarto de hora. Es una actitud a  tratar de evitar. Hay que respetar al público, a la pantalla, a los micrófonos, a la lectoría. Si uno resuelve irse de un medio porque no está de acuerdo con lo que sea, pues sencillamente pone la renuncia y a otra cosa. Quieren hacerlo diferente? Muy bien, se les respeta, pero no lo veo correcto. Más bien creo que la actitud es quedarse, dar la pelea dentro de los medios, con inteligencia y con madurez.

_  ¿Cómo ves el futuro de los medios frente al auge de las redes sociales?

_  Los medios tradicionales, tal y como los conocemos, tienen sus días contados. Un profesor decía que está la lápida, sólo hay que colocarle la fecha. Ya el papel no funciona, la gente está pendiente de recibir su información en tiempo real y por ello va más a internet.  Cuando yo estudiaba en la universidad – y eso fue antier-  la radio era la  inmediatez, ahora  el twitter le gana. Estamos en presencia de una verdadera revolución que se apoya en las redes con el fin de sustituir la hegemonía de los medios tradicionales, pero para hacerlo bien, para democratizar de verdad los medios de comunicación en las nuevas plataformas. No hay nada más democrático que twitter,  que un post en facebook, los blogs, donde no hay censura de ninguna clase. Ahora, son los medios tradicionales los que deben adaptarse a las redes sociales. Esto llegó para bien.

_  ¿Cómo te planteas que evolucionará el periodismo ante este reto?

_  Los medios están migrando y aprendiendo a nadar en esas aguas. Las nuevas generaciones de periodistas se están formando para eso, llevan el internet en el ADN. Todos nos estamos adaptando, hasta la gente mayor a la que le cuesta más. La verdadera revolución beneficia al ser humano. —

 

Artículos relacionados

Top