Los golondrinos del poder

 

Si el país sigue rumbo al precipicio sin que quienes llevan las riendas manifiesten preocupación alguna, habría que revisar con urgencia su historia clínica y ordenar ya el traslado a Cuba o algún otro país en que no peligre su seguridad para someterlos a rigurosos y pormenorizados exámenes que descarten tanto enfermedades radicales como diabetes, pie de atleta, sabañones y forúnculos que puedan afectar sus decisiones.

En una república en la que los practicantes de la medicina del Hospital Central de Maracay ordenan “cultivos urológicos del oído” y una “resonancia macnetica nuclear cerebral para tratar caso de amnecia”, los errores ortográficas valen, corrector, habría que prestar particular atención a la salud de la dirigencia. Desde el sobrepeso de Darío Vivas, en quien la dificultad para articular una oración con sentido cabal es indirectamente proporcional a la capacidad que tiene su garganta de tragar, hasta los vaporones de Diosdado Cabello y las dificultades de pronunciación de Freddy Bernal deben ser objeto de atención, y preocupación. Ahí se nos podría ir la patria.

Stalin, a quien no llamaban “Padrecito” en vano, se preocupaba como un auténtico “pater familiae” de que todos sus colaboradores se mantuvieran en perfectas condiciones físicas, no solo para aguantar las largas francachelas con los mejores vinos, aunque él en los personal prefería uno barato y dulzón, y los manjares más exquisitos que se repetían cada noche en su dacha, sino que también sabía por experiencia que no había nada peor para los asuntos del Estado que decidir con un dolor persistente de hemorroides. El Koba recomendaba frecuentes lavativas y purgas a discreción para aclarar la mente y desterrar la disidencia.

Quizás porque el país estaba muy ocupado en 2007 con la propuesta de reformar la Constitución para dar entonces el salto al socialismo y no ahora con Nicolás Maduro como líder, no se prestó atención al descubrimiento del doctor Sam Shuster, que en un estudio publicado en el British Journal of Dermatology, aseguraba que Carlos Marx, el inventor del odio de clase y otros valores propios del infierno social, sufría desde su madurez temprana de hidradenitis suppurativa o golondrinos, que le salían en los sobacos y en la región inguinal, a milímetros de los genitales, y que siendo incurables en su momento histórico, fueron la causa de tanta rabia y desdén contra sus semejantes, los burgueses de clase media, también de su alienación. Vendo curso de milagros y agujas de acupuntura de segunda mano, medicinas no hay.

 

 
Ramón HernándezRamón Hernández
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