LA RUTINA DEL FRACASO

Maduro-preocupadoNo sé si el 6D es una de esas fechas que llaman decisivas. Será en todo caso un momento de confrontación de mucha importancia, tanta que vale la pena incorporarse a ella. Notable es que pese al lamentable esfuerzo de edificar un “tercer camino” o de alentar la abstención, confluyan dos tendencias y solo dos. De un lado el gobierno, con la plenitud de los poderes firmemente empuñada, y del otro la oposición, a horcajadas de un profundo deterioro de las variables principales del país y del visible desprestigio de la cansina revolución bolivariana.

Hay consecuencias visibles: por primera vez las consultoras, coincidiendo con el ambiente crítico que se aprecia en todas las esquinas, cantan una quizá holgada victoria democrática; y luego, el poder –venas hinchadas y húmeda la frente- prodigándose en ardides para revertir la tendencia, que por cierto no parecen funcionar de lo mejor que digamos. Suele ocurrir que cuando se va contra la corriente las cosas no salgan del todo bien y en caso contrario los éxitos parezcan fáciles. Mencionaré tres tentativas fallidas de aquella acera y tres éxitos inesperados del lado opositor. Lo primero, repito, es que las del gobierno pretenden cambiar el curso normal de los hechos, en tanto que los éxitos democráticos brotaron como los hongos en el rocío.

La tripleta maquinada por el régimen incluyó 1) las inhabilitaciones de candidatos democráticos de opción segura 2) el decreto madurista de redistribución de alimentos a través de establecimientos oficialistas y 3) la mano dura con Guyana en el marco de una exaltación patriótica que inevitablemente nos hace evocar la operación Malvinas, detonada por la última promoción de los gorilas argentinos con el fin de engalanarse con preseas nacionalistas. Terminaron en la cárcel y la ignominia.

Los logros de la MUD son más naturales, más sencillos y en parte inesperados. 1) Tarjetas y planchas únicas, 2) Comando único de campaña y 3) estrategia delicadamente diseñada con el fin de aprovechar la sinergia en el proceso electoral y, sobre todo, para unificar las medidas programáticas que aplicaría la eventual mayoría opositora en la Asamblea Nacional. Ha sido un gran salto hacia la reclamada unidad que sorprendió a escépticos bien intencionados y a quienes apuestan siempre a que las cosas salgan mal.

Bueno ¿y es que el ventajismo se quedó sin recursos? No, en absoluto, ciertamente el poder puede mejorar su desempeño y desnaturalizar las elecciones de diciembre. Ganas no le faltan, recursos tampoco y ya se sabe que el miedo a la derrota induce acciones desesperadas.

Pero la cuestión es que ver a la oposición acertar en áreas tan pertinentes y al gobierno fallar en las suyas, tiende a alejar las fatalidades. No es fatal que no se quiebre el serrucho tratando de aserrar la piedra. No es fatal que no pierdan capacidad de respuesta bajo el impacto de una victoria opositora, por aquello del efecto residual de las derrotas significativas. Además se aprecia un aislamiento nacional e internacional del poder en coincidencia con las nuevas realidades hemisféricas (incluidas caribeñas) y mundiales. Aun así nada es seguro, no obstante por eso mismo nada sería peor que dividir o abstenerse o desacreditar a quienes están al frente de la oposición. Ninguna de esas posiciones extremas ofrece opciones alternas creíbles y todas –creyendo quizá de buena fe lo contrario- en última instancia favorecen al poder, por muy alicaído que se encuentre.

Afortunadamente, la propensión a votar se ha multiplicado y aquellos que en ausencia de tarjeta única cultivaban la esperanza de alterar la dirección de los vientos, no creo ya posible que lo logren.

Este panorama transcurre en medio de un cambio de la corriente que pareció estallar desde hace tres lustros con las victorias electorales de Chávez, y la seguidilla a la que parecieron unirse, dicho sea con las dudas que entonces y ahora tuvimos, Lula, Kirchner, Evo, Ortega, Correa. Bajo la dirección de Hugo Chávez y el prolongado mercado alcista del petróleo, el mineralizado fósil del socialismo marxista sacó la nariz. Durante siete décadas todas las ingeniosas variedades cultivadas bajo el nombre del viejo pensador alemán con el acicate de Lenin se hundieron en la ciénaga, una tras otra. El socialismo autoritario, el socialismo real, el socialismo –cual Saturno- devorando a sus hijos, el socialismo que aplastó sistemáticamente el pluralismo democrático.

Se había presentado con el aspecto de un ángel, como el príncipe feliz de Oscar Wilde. Era la promesa del mundo nuevo.

  • De aquí proviene la inmensa personalidad de Lenin, de aquí dimana su inefable encanto, había escrito Lunacharski, un excelente escritor ruso doblegado por el fanatismo y la derretida devoción hacia el líder eterno.

Naufragó aquella utopía racionalista del siglo XIX. Se hundieron las grandes revolucionarias inspiradas en su nombre. Masas de ilusionados militantes se movilizaron en Petersburgo y Moscú, en el inmenso territorio chino, desde Kiangsí a Yenán, Shangai y Pekín. Fue demolido el socialismo de Europa del Este, Corea, Camboya y el sacrificado Vietnam. Se derrumbó el modelo de Tito, con todo y presentarse como el primer socialismo de mercado, y Albania, el último mohicano estalinista en el Viejo Mundo. Desde 2012 la Cuba de Raúl Castro formalizó el gran viraje de resultado todavía incierto pero que puede llevarlo más allá de lo que nadie se propusiera o imaginara.

¿Ante semejante hecatombe no era acaso como para tomar a la chacota el socialismo siglo XXI?

La quimera estalló como granada fragmentaria y la tragedia reside en que el presidente Maduro no se ha percatado o teme hacerlo.

 

 

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